Opinion · Punto de Fisión

Mariano, presidente homeopático

Hace un par de semanas, Mariano, presidente de España en general y de Cataluña en particular, cometió la temeridad de concederle una entrevista a Carlos Alsina en Onda Cero. Acostumbrado a las comparencencias pregrabadas (al estilo del holograma de la princesa Leia brotando del piloto automático de R2D2), Mariano hizo lo que pudo contra una espectacular batería de preguntas sobre corrupción, sobre su amigo Camps, sobre las elecciones catalanas y sobre la equiparación salarial de las mujeres. “No nos metamos en eso” dijo cuando Alsina le preguntó si una mujer no debería cobrar igual que un hombre por hacer el mismo trabajo: audaz réplica que sigue a rajatabla la lógica de quien desconoce el efecto que las cuchillas pueden causar sobre las personas. El presidente iba despejando las preguntas al estilo de Nadal cuando juega en Roland Garros, a raquetazos, limpiamente, sólo que las respuestas caían en Wimbledon o en mitad del Atlántico Norte.

Sin embargo, hubo un momento en donde asomó el secreto de por qué lleva tantos años triunfando en política, esa peculiar cachaza de quien ha hecho de su ignorancia una virtud y de su caligrafía una Piedra Rosetta. Ante la negativa ontológica a que se hubiera producido un referéndum en Cataluña el 1 de octubre, Alsina le pregunta cómo es que entró la policía en los colegios. Entonces Mariano responde: “Yo de operativos policiales no sé”. Alsina le recuerda a traición un punto olvidado de su currículum: “Pero usted fue ministro del Interior”. “Sí, fui ministro del Interior” admite Mariano, como si lo recordara de repente, “y eso me permite, a lo mejor, tener más conocimiento que otros que lo tienen por ciencia infusa”. Fue ministro del Interior, sí, pero poco, muy poco. Casi tan poco como presidente del Gobierno.

En cualquier caso esa respuesta, humilde donde las haya, choca frontalmente con la afirmación del cabecilla de la trama Gürtel, Francisco Correa, quien asegura que era precisamente Mariano Rajoy el que aprobaba todos los gastos de campaña ordinarios y extraordinarios del PP en toda España. Algo que, evidentemente, no puede ser, puesto que si Mariano desconoce los procedimientos policiales para aplicar la ley incluso en la época en que supuestamente los controlaba, ¿cómo va a saber algo de los procedimientos para saltársela? La sabiduría homeopática de Mariano, donde a lo similar se responde con lo similar, funciona como un reloj suizo.

Un vaso es un vaso y un plato es un plato. “Sólo sé que no sé nada”, decía Sócrates en un descarado alarde de falsa sabiduría. Mucho más ignorante, diluido entre masivas cantidades de sí mismo, Mariano corrige al filósofo y afirma que él no sabe ni eso. “Hace tiempo que vengo al taller y no sé a lo que vengo” decía la letra de una zarzuela que podía ilustrar perfectamente la carrera de este enorme estadista. Ni siquiera sabe quién diablos será ese M. Rajoy que aparece en los cuadernos de Bárcenas cobrando espuertas de dinero negro, ahora que incluso la fiscalía ha admitido que la cuenta de la vieja del tesorero se corresponde con una contabilidad alternativa en la extraña economía del PP, que marcha a base de sobres y martillazos. Es normal que no se acuerde, si no se acuerda ni siquiera de su etapa al frente del Ministerio del Interior. La memoria del agua, ese principio homeopático fundamental, hace aguas. De los efectos secundarios, ya tal.