Opinion · Punto de Fisión

Acabemos de una vez con esto

En sus mejores augurios, la economía española oscila entre el cadáver y el batacazo. El Centro de Predicción Económica ha consultado su bola de cristal para confeccionar un horóscopo en que nuestra economía perderá cinco décimas de crecimiento respecto al año pasado, aunque lo mejor es que en 2019 seguirá la cuesta abajo. Menos optimistas, los voceros de Wall Street alertan a los inversores estadounidenses para que salgan echando hostias del país, calificando al sistema financiero español de bomba de relojería gracias a la espoleta independentista catalana. Con lo sencillo que sería forrar el país de billetes a base de vender banderitas, como hacen los comerciantes chinos, que son los únicos que entienden de estas cosas.

Reacios a colocar a un comerciante chino al frente del BCE, los parlamentarios europeos prefieren apostar por Philip Lane, el gobernador del Banco de Irlanda, en lugar de Luis de Guindos, el actual ministro de Economía español en funciones de aspirante al título. Al parecer, el hecho de que Guindos trabajara denodadamente en la filial ibérica de Lehman Brothers en el momento de su quiebra no les impresiona lo más mínimo. Su currículum, hecho a base de bandazos de las entidades privadas a públicas y de saltos de naufragio en naufragio, no parece suficiente para una institución presidida por Mario Draghi, el mismo señor que, cuando era alto ejecutivo de Goldman Sachs, asesoró a Kostas Karamanlis en la estrategia de encontrar la mejor forma de ocultar el inmenso déficit de la deuda pública griega. La banca alemana todavía no sabe cómo agradecérselo, pero, de momento, ahí sigue Draghi, liderando el euro.

Pedro Sánchez ha vetado a Guindos porque prefería a una mujer como aspirante al cargo de vicepresidente del BCE. No ha dado ningún nombre en concreto pero, la verdad, en España no es fácil encontrar una candidata tan preparada como, por ejemplo, Christine Lagarde, una eminencia financiera a quien un tribunal encontró culpable del delito de negligencia por regalar 400 millones de euros de dinero público, sin autorización judicial, al millonario francés Bernard Tapie. Poco después, en 2012, durante su etapa al frente del FMI, lanzó una iniciativa para bajar las pensiones en toda la eurozona porque, según ella, la gente ahora vive más de lo esperado. La muerte siempre ha sido un negocio excelente.

En efecto, resulta un hecho probado que, entre los altos mandos financieros, se busca un perfil lo más dañino y pernicioso posible. Visto así, raro será que la semana que viene Luis de Guindos no se estrene como vicepresidente del BCE. Ni siquiera tendría que dejar el cargo de ministro de Economía, ya que podría decir, igual que el anciano John Ford desde el retrete cuando su hija le avisó que un periodista quería hacerle una entrevista: “Que pase, puedo ocuparme de dos mierdas a la vez”. En cuestiones de economía, los cerebros de la eurozona no paran de idear procedimientos no ya para finiquitar lo poco que queda del estado del bienestar, sino para inaugurar cuanto antes una flamante Edad Media. Su sistema de relevos recuerda aquella locomotora de los hermanos Marx, que se alimentaba con los maderos del tren. O mejor todavía, con aquella conversación inmortal en que Groucho le pedía a Chico que fuese más rápido. “¿Para qué, jefe, si no vamos a ningún sitio?” “Entonces corramos y acabemos de una vez con esto”.