Opinion · Punto de Fisión

Mariano y el autocorrector de países

Ser Mariano Rajoy no es nada fácil. Hay que levantarse temprano por las mañanas, correr un rato a paso de procesión, ducharse, desayunar leyendo el Marca y enfrentarse después a la plaga de los correctores de estilo. Gente que piensa que ser presidente del gobierno es sencillo, gente que lo critica sin ton ni son porque se trabuca con las palabras, porque a veces no entiende su propia letra o no reconoce su inicial y su apellido en la lista negra de Bárcenas. Qué lata, oye. Un presidente del gobierno tiene muchas cosas en la cabeza y no puede pararse en minucias del estilo de si es el alcalde el que elige a los vecinos, los vecinos al alcalde o el efecto que causan las cuchillas sobre la carne de las personas.

Resulta tremendamente injusto que lo acusen de haraganería cuando una de las principales causas del paro en España es que Mariano desempeña varias funciones oficiales y oficiosas a la vez, no todas ellas incompatibles. A sus obligaciones como presidente vitalicio de la nación, presidente natalicio del PP, presidente suplente de Cataluña, registrador de la propiedad en hibernación y forofo estrella del Real Madrid hay que sumar también la dificultad de ser Mariano Rajoy a tiempo completo. Una labor tan complicada que ni siquiera Mariano Rajoy puede cumplirla con la perfección requerida.

El otro día, en una cumbre sobre el Sahel en Bruselas, Mariano se puso a recitar un montón de países africanos y se embarrancó en uno, Burkina-Faso, igual que cuando en el supermercado te aturullas entre el estante de los pimientos y el de las cebollas. Alguien del público le echó una mano y Mariano se lo agradeció con una sonrisa. Tampoco fue un olvido muy grave, ya que, como señaló en su día Alfonso Merlos a propósito de Mali, esos países africanos ni siquiera pueden ser considerados países en el sentido estricto del término. Como mucho, africanos. Mariano ya se había liado una vez entre Nigeria y Kenia, sin contar aquella ocasión en que le envió un mensaje de ánimo a Guindos recordándole que España no es Uganda. Al fin y la cabo, alinear países africanos no es tan sencillo como alinear delanteros del Paris Saint Germain, eso sin contar que el continente africano juega en otra liga.

A Mariano, por su exposición pública, le ocurre en voz alta lo que a la mayoría de los usuarios de internet nos sucede en privado, cuando el autocorrector de Facebook o el de Google nos ayuda a completar la palabra en la que estábamos pensando, da igual que no sea exactamente la recomendada. Es una sensación desagradable, como cuando un chaval intenta salir de casa con la melena artísticamente despeinada y su madre le pasa el cepillo antes de cruzar la puerta. Es normal que Mariano pierda la paciencia ante tanta crítica desaforada: “Sobran comentaristas políticos y faltan gobernantes con capacidad”. No dijo de que periódico sobran ni de qué país faltan. Tampoco especificó si se refería a la capacidad de organizar, a la de dirigir o a la de robar, aunque en esta última categoría cuenta con un elenco de imputados que podría eclipsar a la cuadrilla de Jesse James, a la de Alí Baba y a la banda del Moco al completo. De gobernantes con discapacidad, de momento, no ha dicho nada.