Opinion · Punto de Fisión

Granados podría no ser Granados

La mayoría de los imputados del PP pertenece a esa casta de cristianos viejos que sigue los Evangelios al pie de la letra. Es decir, negarlo todo tres veces y que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano derecha. Esta convicción religiosa da pie a confusiones apocalípticas, como cuando Bárcenas primero dijo que sí, que sus cuadernos de contabilidad casera registraban el encefalograma de embutidos del PP al completo; y luego dijo que no, que sólo estaba ensayando un nuevo género literario para presentarse al Premio Planeta. Tal y como anda el galardón, entre morcillas y templarios, lo mismo hasta lo gana.

Granados también cuenta con una serie de manuscritos que podrían optar al Pulitzer, al Trofeo Carranza o a los Juegos Florales de Estremera. Hace una década, en los lejanos tiempos en que le llevaba las cuentas a Esperanza Aguirre, él mismo inauguró esa prisión cuatro estrellas y, en previsión de lo que pudiera pasar, le añadió piscina, áreas recreativas, jardines y pista de deportes. No le puso un burdel con volquetes de putas porque Madrid todavía no había llegado a la categoría de Antioquia, la zona de influencia de Pablo Escobar, aunque en esos tiempos estaba a punto de lograr la quinta estrella.

Lo que sí puso Granados en la cárcel de Estremera es una biblioteca bien surtida donde poder realizar experimentos literarios tan novedosos como cambiar las interpretaciones de las iniciales según sople la vanguardia. Así, las siglas JEC (que anteriormente correspondían al presidente de Acciona, José Manuel Entrecanales) ahora valen por “Junta de Educación Concertada”; JLM (el ex consejero de OHL, Javier López Madrid) son ahora “Juntas Locales Municipales”; y LD (anteriormente, Luis Delso) podría ser “Lista de Diputados”, “Lámeme Despacio” o cualquier otra cosa. De haber salido el célebre rompecabezas “M. Rajoy” hubiéramos visto aparecer Michael R. A. Joy of the Garden, más conocido por “La Alegría de la Huerta”.

No son sólo las iniciales porque, en este implacable proceso de transformación poética, Granados pretende convencer a la Fiscalía de que el antiguo Francisco Granados no tiene absolutamente ya nada que ver con el nuevo Francisco Granados, un hombre que incluso se ha dejado barba para acentuar su metamorfosis. Falta, únicamente, un médico que certifique que la totalidad de las células de Francisco Granados (en la remota época de las mordidas, las comisiones, las adjudicaciones a dedo y aquel altillo mágico que daba a una quinta dimensión) ha sido renovada de arriba abajo por otro conjunto de células higiénicas e incorruptas. Ya no es el mismo hígado, ni el mismo bazo, ni las mismas rodillas, ni siquiera el mismo morro.

“Yo es otro” dijo una vez Rimbaud, pero Granados ha llevado este lema impersonal al existencialismo radical: “Yo son los demás”. Básicamente, María Dolores de Cospedal, Cristina Cifuentes y Esperanza Aguirre. En Carretera perdida, la película de David Lynch, tienen que soltar a un preso en el corredor de la muerte porque, sin que nadie se explique cómo, otro preso lo ha sustituido en su celda. Llega a ser Granados el preso y brotan en su lugar tres chirigotas de Cádiz.