Opinion · Punto de Fisión

Huelga de vagos caídos

Es normal que una gran mayoría de políticos haya anunciado que no va a hacer huelga este jueves, porque, de no haberlo anunciado, no habría manera de saber si están trabajando. Así, la deforestación habitual de sillones en el Congreso, en el Senado, en las diversas cámaras autonómicas y alcaldías podría significar cualquier cosa, desde una jornada laboral intensiva a unas vacaciones pagadas, sin olvidar la pausa para el bocadillo. De hecho, una huelga de políticos suele resultar contraproducente, como se demuestra durante el mes de agosto.

Los ejemplos serían innumerables. Fátima Báñez, sin ir más lejos, ha asegurado que no secundará el paro convocado por las centrales sindicales porque para ella todos los días son 8 de marzo. Es una frase que se puede interpretar de muchas maneras, aunque, viendo las pavorosas cifras del paro en España, lo mejor es no interpretarla. Los mayores esfuerzos de Báñez en el terreno laboral han ido dirigidos al abaratamiento del despido, una medida que, a la larga, como comprende cualquiera con dos dedos de frente, sale muy cara. Que para Báñez todos los días sean 8 de marzo seguramente no significa necesariamente que ella haga huelga los 365 del año, sino más bien que esos 365 días son fiestas de guardar.

Es el mismo tipo de frase inextricable, más propia de un oráculo délfico, en la que se mueve como pez en una charca Mariano Rajoy, un hombre que se lleva el trabajo a todas partes, enrollado en la edición del Marca. “Haré todo lo que pueda y un poco más de lo que pueda, si es que eso es posible” dijo. Y luego añadió, forzando la sintaxis al máximo: “Y haré todo lo posible e incluso lo imposible, si es que lo imposible es posible”. Estas últimas declaraciones del presidente, tan gongorinas como siempre, iban sobre la financiación autonómica pero lo mismo podrían aplicarse a la huelga feminista o al próximo partido del Madrid. Yo trabajé cuatro o cinco años de guionista en Al filo de lo imposible y mira que le di vueltas al concepto de programa en programa, pero nunca logré expresarlo tan bien. Por eso seguramente Mariano ha llegado tan lejos.

No menos insondables son las declaraciones de varios representantes de Ciudadanos, empezando por Inés Arrimadas, quien olfatea en la huelga de mañana jueves un peligroso tufillo antisistema. Es evidente que señalizar el acoso sexual en el trabajo, denunciar la asimetría de género en los puestos directivos o pretender cobrar lo mismo que un hombre son propuestas que atentan contra los sagrados cimientos del capitalismo. A pesar de que, según las últimas encuestas, tres de cada cuatro hombres consideran justificadas las reivindicaciones feministas de la huelga del 8 de marzo, por desgracia el cuarto hombre es Albert Rivera.

Lo malo de Ciudadanos es que, al seguir creyendo a estas alturas que la igualdad es cuestión de cuotas, continúan emperrados en la desinencia masculina: ciudad de anos. Resulta sencillamente una ignominia que más de la mitad de la humanidad siga en situación de inferioridad en todos los órdenes de la vida: por eso debemos ser también los hombres quienes apoyemos y exijamos el fin de la discriminación en todos los ámbitos, empezando por el trabajo. Sólo así conseguiremos un mundo más justo y más igualitario. Un mundo donde, al ver a Celia Villalobos jugando al Candy Crush en el Congreso, no veamos a una mujer sino a un vag@.