Opinion · Punto de Fisión

A David Simon le cae encima la Guerra Civil Española

No todos los días tiene uno la suerte de que un artífice de la talla de David Simon se acerque a la historia reciente de su país con la intención de contar un episodio de nuestro pasado reciente. Es una oportunidad única, un lujo histórico y cultural, algo así como la apertura de una exposición permanente de pintura renancentista o como el traslado de una orquesta sinfónica de primera magnitud a una de nuestras ciudades. Estamos hablando del creador de The Wire, uno de los grandes policíacos de la historia de la televisión, y de Generation Kill, una miniserie bélica sobre la guerra de Irak a la altura de la magnífica Band of Brothers.

El proyecto se llama A Dry Run, una teleserie de seis capítulos centrada en la historia de los batallones Abraham Lincoln y George Washington, desde que se unen en 1937 a las Brigadas Internacionales en la batalla del Jarama hasta su disolución en 1939. La criatura todavía está en la fase embrionaria, es decir, en los preliminares, y de momento Simon sólo ha comentado que en ella se tratarán temas como la lucha de los españoles contra el fascismo y la alianza del capitalismo con el mal absoluto, y contará con guionistas de la talla de George Pelecanos y Dennis Lehane, ambos veteranos de The Wire.

Sobre pocos enfrentamientos bélicos, a partir de las Termópilas, se habrán escrito más libros y se habrán hecho más películas que sobre la Guerra Civil Española, de la derecha a la izquierda, y de la excelencia al ridículo. Desde Por quién doblan los campanas, la novela de Hemingway, a Raza, la película de José Luis Sáenz de Heredia con guión del general Franco, el espectro político e ideológico sobre el conflicto va del rojo al azul pasando por el blanco, el gris, el verde legionario y el negro esperanza. Con lo que no contaba David Simon es que, al empezar un proyecto sobre la Guerra Civil Española, le iba a caer encima la Guerra Civil Española.

En efecto, desde el momento en que se ha conocido el plan general del proyecto (por no hablar que en la financiación está Mediapro, la productora de Jaume Roures), a Simon le ha llovido una acojonante balacera de críticas por parte de los nostálgicos del franquismo y de los equidistantes que aún siguen pensando que lo que hubo en este país de 1936 a 1939 fue una pelea entre hermanos. Le han dicho de todo, desde que se lea a Hugh Tomas (menos mal que no le han recomendado a Pío Moa) a que se vaya a Estados Unidos a contar la Guerra Civil Americana, puesto que hay que ser muy español y mucho español para ponerse a hacer arte con la batalla del Jarama. Lástima que no le dijeran lo mismo a la Legión Condor, a los aviadores italianos y a las tropas fascistas y nazis que ayudaron decisivamente al bando nacional a arrasar España de cabo a rabo y a dejarla atada y bien atada.

Todo este desbarajuste antes no ya de haber visto la teleserie sino de que se haya emplazado una sola cámara. De momento el vapuleo mediático le puede venir bien a David Simon, para que se vaya empapando del ambiente patrio y haciéndose una idea de la clase de tarugos a la que tuvieron que hacer frente los voluntarios de la Brigada Lincoln, nazis y fascistas aparte. La foto de varios ministros españoles, incluyendo al aristócrata de Cultura, cantando “Soy el novio de la muerte” a coro con la cabra también podría incluirse en la banda sonora. El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla y aquí, gracias a tanto idiota y tanto facha, llevamos décadas repitiendo en bucle la triste máxima de Albert Camus: “Fue en España donde mi generación aprendió que uno puede tener razón y salir derrotado, que la fuerza puede destruir el alma y que a veces el coraje no obtiene recompensa”.