Opinion · Punto de Fisión

Los fichajes de Ciudadanos

En los últimos días se rumorea que Ciudadanos está revolucionando el mercado de fichajes con la posible incorporación de un medio punta francés y un delantero centro peruano. Es una innovación nunca vista antes en la política española y que recuerda la sentencia Bosman, cuando en 1995 desapareció el cupo de jugadores extranjeros en las ligas de fútbol europeas. De este modo, los equipos con mayor poder adquisitivo (el Real Madrid, el Barcelona, el Bayern de Munich, el Manchester United, el Milan, la Juventus, el Liverpool, el Inter) podían adquirir una escuadra de mercenarios procedentes de cualquier lugar del mundo a fuerza de billetaje. La globalización funcionaba por fin, aunque únicamente para emigrantes millonarios.

Ciudadanos ya había demostrado que no le hacía ascos a nada cuando aceptó entre sus filas a Juan Carlos Girauta, un nómada político que militaba en el PSOE y que había aparecido hasta en tres ocasiones en las listas del PP. Más que un malabarismo ideológico, lo que demuestran esos súbitos desplazamientos de Giratuta es que la diferencia entre las tres formaciones es más anecdótica que otra cosa. Haciendo honor a su apellido y sin dejar de girar como una peonza, Girauta ha ido de la derecha a la derecha pasando por la extrema derecha. No hay que descartar que cualquier día de éstos acabe en Vox. “A nosotros”, dice hablando de Ciudadanos, “no nos compromete el resultado que obtenga Rajoy Sánchez o cualquier otro; nos comprometen nuestros principios, nuestros valores”. También podía haber soltado el parlamento de Torrente sentado en el taburete de un bar: “Yo soy un hombre de principios”. Y a continuación levanta una nalga y se tira un pedo: “Y ahí está el final. Pélalo tú, que tienes uñas”.

Así que la posibilidad de que Manuel Valls acabe liderando una plataforma de partidos constitucionalistas abanderada por Ciudadanos de cara a las próximas elecciones municipales y autonómicas en Cataluña no parece ningún disparate. Nacido accidentalmente en Barcelona en 1962, Valls llegó a ser primer ministro de Francia de manera accidental, gracias a la dimisión del socialista Jean-Marc Ayrault, y luego, fiel a su accidentada trayectoria, se negó a apoyar al candidato Benoit Hamon tras fracasar en las primarias de las presidenciales. Valls se define a sí mismo como “clintoniano”, sin especificar si es del ala de Hillary o del ala de Bill. Tampoco es que haga falta, pero el periodista bien pudiera haber cometido un error de traducción y a lo mejor Valls se definía en realidad como “clitoriano”. Firme partidario del aumento del número de años de cotización para fijar la edad de jubilación, su carrera política, como se ve, es una sucesión de accidentes que culminó en una huelga salvaje de cuatro meses que se saldó con más de 40 heridos y casi 60 detenidos, y cuyos coletazos llegan hasta hoy.

A diferencia del de Manuel Valls, que parece cosa hecha, el fichaje de Mario Vargas Llosa, cuyo nombre sonó el pasado fin de semana como posible candidato en Madrid, no está tan claro. Diversas fuentes cercanas a Albert Rivera han desmentido la información, aunque Ignacio Aguado, portavoz de Ciudadanos en la Asamblea de Madrid, ha declarado que sería “fantástico” poder contar con él. Más bien sería una lástima que no se presentase a alcalde, ya que podría ser el primer escritor derrotado democráticamente en dos continentes. La historia de Vargas Llosa ha sido una ascensión imparable desde el maoísmo de sus comienzos al neoliberalismo actual y del premio Nobel de Literatura a Porcelanosa y el escribidor. El que fuera adalid inquebrantable de la gestión de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid se quedó muy sorprendido en su día al descubrir que dicha gestión había consistido, básicamente, en el saqueo de fondos públicos. Como si el neoliberalismo fuese otra cosa.

Poco antes, en septiembre de 2012, Vargas Llosa había escrito que, gracias a la gestión de Aguirre, “la provinciana capital de España de hace tres decenios es la metrópoli de hoy día y la región más próspera, menos endeudada, una verdadera potencia industrial y la de vida cultural más rica y diversificada de todo el país”. Entre la Gürtel, la Púnica, el caso Lezo, la podredumbre del Canal de Isabel II, el desmantelamiento de la sanidad pública madrileña, y con sus más íntimos colaboradores encharcados en diversos fangos de corrupción, el panegírico de Vargas Llosa va a quedar no sólo como uno de los más altos ejemplos de miopía política de las últimas décadas sino también como texto fundador del realismo mágico chulapo. Los grandes patriotas tienen muchas patrias y, otra cosa no, pero Ciudadanos adquiere las patrias igual que los principios: a pares.