Opinion · Punto de Fisión

Rafa Nadal quiere elecciones

Mezclar política y deporte suele resultar un cóctel explosivo y a menudo inevitable. Michael Jordan defendió su neutralidad de chocolate blanco mientras tantos compañeros suyos protestaban por cuestiones de discriminación racial con una salida memorable: “Los republicanos también compran zapatillas”. Es decir, que Jordan era en primer lugar un jugador excepcional, en segundo lugar un tendero y, por último, casi por casualidad, un negro. Allá por 1968, el gesto de John Carlos y Tommie Smith en el podio de los 200 metros, los brazos alzados y la cabeza gacha en defensa del black power, no ocultaba ninguna estrategia para vender guantes de cuero. Sin embargo, el mercantilismo radical aplicado a la xenofobia corrobora la estupenda biografía resumida del campeón de los pesos pesados Larry Holmes: “Es duro ser negro. ¿Has sido negro alguna vez? Yo fui negro una vez, cuando era pobre”. Alguien me dijo que Mario Conde usaba mucho esta frase en sus comienzos aunque me sonó exagerado: no podía creer que se le fuera la mano tanto con el betún y la gomina.

En mitad de su enésima campaña en Roland Garros, un periodista le preguntó a Rafa Nadal por la situación política en España y Nadal contestó que le gustaría volver a votar, porque “hay demasiados pactos y al final nuestro voto no nos deja cómodos”. Volver a votar, lo cierto es que suena a película de Garci, y es posible que parte del problema sea que en los últimos años en España hemos votado demasiadas veces. En cualquier caso, la opinión de Nadal de inmediato fue recogida por el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, ya que por una vez la opinión de un deportista célebre coincidía con la suya. No lo hizo cuando Pau Gasol o Gerard Piqué apoyaron el referéndum catalán y además respondió a las críticas de quienes sí lo hacían con una respuesta que regresaba ayer como un bumerán para volarle los dientes: “No me gusta mezclar política y deporte, pero es evidente que a algunos sí, y sólo apoyan en función de la ideología del deportista”. Dos adjetivos más y le sale un autorretrato. Esto es un ejercicio de coherencia que ríete tú del chalet de Pablo Iglesias. Albert ya lo advirtió: él sólo ve españoles, exclusivamente.

El mayor ejemplo de deportista metido a político en España se llama Urdangarín, a quien no le bastó con ser una estrella del balonmano y quiso pasarse directamente al talonmano. No tengo nada en contra de que Nadal, Gasol o Piqué aprovechen el altavoz que les proporcionan sus respectivos historiales deportivos para opinar de política, pero preferiría que hablaran de algo más aparte de banderas. La verdad, estaría bien que Nadal, Gasol o Piqué comentaran otros problemas más allá de la fractura territorial o la moción de censura, no sé, por ejemplo, los alarmantes índices de desempleo, la rapiña del fondo de pensiones, el desmantelamiento de la sanidad pública, las ayudas multimillonarias a la banca o la tragedia de las 400.000 familias que han sido desahuciadas desde el comienzo de la crisis en España. Ni Nadal ni Gasol ni Piqué opinan de estas cosas, a lo mejor porque no les afectan personalmente, no tanto como lo harían una letra nueva para el himno español o los colores de la estelada en la camiseta. Hay tipos que no se meten en política hasta que la política se mete con ellos y otros que no distinguen el color de su piel hasta que les cae encima la máscara de la pobreza.