Opinion · Punto de Fisión

Movilización general

El mismo día en que Pedro Sánchez iba anunciando las caras de su nuevo gobierno, muchas de ellas mujeres, la Fundación Francisco Franco enseñaba sus dientes, casi todo ellos de jabalí macho. Por obra y gracia de su presidente, el general retirado Juan Chicharro Ortega, la Fundación llamaba a defender la patria de las hordas marxistas, venezolanas y homosexuales que pretenden desmembrar el estado español y diluir las esencias nacionales en un gazpacho innombrable. Anteriormente a este gazpacho se lo denominaba la conjura judeo-masónica internacional, pero ahora lo de judío queda feo y lo de masón pasado de moda, de manera que hay que echar mano a los poetas para que justifiquen una nueva cruzada. Como hoy en día no hay muchos poetas capaces de ensalzar al Caudillo al estilo de Pemán o de Ridruejo, no queda más remedio que recurrir a José Manuel Soto, el mejor cantautor vivo del siglo XII, quien abogaba en un tuit memorable por bautizar a la “jauría bolivariana-supremacista-racista-xenófoba”. Casi escribe tan bien como canta.

España sigue siendo ese país inverosímil donde no sólo se mantiene una fundación a la memoria de un genocida de un solo huevo (ciclán es el término preciso) sino que lee a historiadores de tebeo que reducen la guerra civil a una trifulca entre hermanos. Para ellos, la moción de censura del jueves fue un auténtico golpe de estado, mientras que el golpe de estado de Franco fue una moción de censura a base de moros y legionarios. El temor de que se esté repitiendo la situación caótica de 1936, con una reedición del Frente Popular abanderada por un jefe de planta de grandes almacenes, no tiene en cuenta el hecho de que lo que se está repitiendo es la enésima versión del psocialismo de gaseosa, con una ministra especialista en fracking a cargo de Medio Ambiente y otra ministra experta en medidas neoliberales al mando de Economía. Como será de inminente la amenaza de una revolución bolchevique que hasta Ana Botín la ha felicitado.

La mayoría femenina con que Pedro Sánchez ha cubierto sus ministerios es una excelente cortina de humo para distraer de la noticia de que al timón sigue estando un hombre. Mucho más radical resulta la noticia de que el grupo Prisa haya propuesto a Soledad Gallego Díaz para dirigir el diario nacional de mayor tirada e influencia. En realidad, el único que se ha movilizado, aunque más bien a la fuerza, ha sido Mariano, que ha resumido la acción de haberlo tenido que arrancar con una espátula con la siguiente frase histórica: “Es lo mejor para mí, para el PP y para España”. El cambio de prioridades en el podio desmantela el famoso lema de Kennedy: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, mejor que te lo den hecho”. Muchos van a echarlo de menos porque con él se acaba una época de prosperidad incomparable para corruptos, mangantes y sobrecogedores de todo género y condición. Parafraseando a Churchill y a aquella memorable comedia de Blake Edwards, Operación Pacífico: “Nunca tan pocos robaron tanto a tantísimos”.