Opinion · Punto de Fisión

Fakes muy verídicos

La realidad ya no es lo que era. Desde hace tiempo, al abrir el ordenador, al hojear un periódico, al escuchar la radio, nos saltan a la cara noticias completamente inverosímiles o titulares que parecen sacados de revistas humorísticas. Pienso, por ejemplo, en esos avances científicos que predicen que muy pronto alcanzaremos la inmortalidad o en esa acalorada discusión que tuvo lugar en Rostov cuando un señor iba a comprar cerveza a un supermercado, se lió a discutir con otro sobre la filosofía de Kant y acabaron a tiros.

Hace poco, el PP estuvo a punto de embarcarse en una demanda judicial contra El Mundo Today por culpa de una cuenta en la que parodiaban la campaña presidencial de Mariano Rajoy hasta que comprendieron que era mejor no seguir adelante, en cuanto alguien les explicó que lo único que tenían que hacer los abogados de El Mundo Today era mostrar al juez los auténticos discursos de Mariano mezclados con los falsos y retarle a que los distinguiera. El mismo medio se enzarzó en una polémica con Julian Assange, el artífice de WikiLeaks, quien se tomó muy en serio un titular de cachondeo sobre la situación en Cataluña pensando que era una noticia de El Mundo y al final terminó de arreglarlo diciendo que tampoco había mucha diferencia.

En twitter abundan las cuentas falsas de personajes célebres, aunque ninguna tan graciosa como una que homenajeaba a Eduardo Torres Dulce; su creador se vio obligado a clausurarla cuando en 2011 el auténtico Torres Dulce fue nombrado Fiscal General del Estado y tuvo que tomar cartas en el asunto. Yo la descubrí gracias a un artículo mítico de Manuel Jabois y todavía me acuerdo de genialidades como aquella en que decía que a Garci en realidad no le gustaba el cine mudo porque no lo doblaban, o que él era británico para muchas cosas, pero no tanto como para aprender inglés. En el fake de Torres Dulce había mucho cariño y complicidad con el personaje, bastante más que en la cuenta real del presidente Donald Trump, que cualquier despistado podría tomar por una coña marinera.

Ayer por la tarde empezó a correr por las redes sociales un bulo sobre Rafael Hernando tan plausible que fue replicado, entre otras, por Clara Serra, de Podemos, y Elena Valenciano, del PSOE. Era una burrada sobre el “harén particular” de Pedro Sánchez, al que el falso Hernando llamaba “aquelarre de sabihondas”. En seguida pidieron disculpas pero, la verdad, el error era comprensible porque Hernando ha expectorado cosas muchos peores en vivo y en directo, sin ir más lejos, sobre las víctimas del franquismo. La confusión resultó un pequeño desahogo tras la saturación de tuits antiguos del flamante ministro de Cultura, Màxim Huerta, cuya cuenta de twitter, al pasar repentinamente de una categoría a otra, adquirió el rango de una auténtica falsificación. Muchos se echaban las manos a la cabeza al leer, en un alarde de sinceridad, cosas como que odiaba los toros y el deporte, y prácticamente eran los mismos que habían aplaudido durante años una gestión de exterminio cultural contra el cine español. Pueden ponerse todas las adversativas que quieran al nombramiento de Màxim Huerta, pero cuando uno repasa la gente que ha estado al frente del ministerio -Mariano Rajoy, Esperanza Aguirre, Ignacio Wert, Méndez de Vigo- dan ganas de emigrar a Rostov a discutir sobre Kant.