Opinion · Punto de Fisión

Ciudadanos y la política cuántica

Para ilustrar un principio esencial de la mecánica cuántica -basado en cierta propiedad de los electrones, capaces de situarse en dos lugares al mismo tiempo-, Erwin Schrödinger ideó una paradoja que consistía en un gato encerrado en una caja, junto a una botella de gas venenoso y un dispositivo con una partícula radiactiva con una probabilidad del 50% de desintegrarse y expandir el veneno. Aunque va contra la intuición, contra el sentido común y contra la lógica elemental, la mecánica cuántica dice que, antes de abrir la caja, el sistema se encuentra en una superposición de estados, de manera que el gato está vivo y muerto a la vez. Cuesta mucho entenderlo para los profanos porque la mecánica cuántica no obedece las leyes de la física clásica, y más aun costaba en 1937, cuando Schrödinger enunció la paradoja en un artículo ya histórico: La situación actual en la mecánica cuántica.

Hoy día, no obstante, la paradoja se entiende mucho mejor gracias a los bandazos cuánticos de Albert Rivera, Luis Garicano, Inés Arrimadas, Juan Carlos Girauta y otras eminencias de Ciudadanos, verdaderos expertos en el arte de nadar y guardar la ropa. La agrupación naranja, en efecto, funciona como una caja patrocinada por el Ibex con un dispositivo de efecto retardado que deja escapar un veneno denominado “opinión pública” o “intención de voto” y que provoca un efecto de superposición de estados capaz de dejar a Schrödinger bizco y a su maltrecho gato convertido en un unicornio de ocho patas que siempre cae de pie.

Así, gracias a los destellos y fogonazos de la política cuántica, Albert Rivera se ha declarado implacable con la corrupción y, al mismo tiempo, ha sostenido a todos los corruptos habidos y por haber hasta que la podredumbre institucional ha cedido el paso a la ley de la gravedad. Ha anunciado que jamás apoyaría un gobierno de alguien que había pactado con Bárcenas y menos de dos semanas después ya estaba apoyándolo. Hablaba de reformar la asimetría penal por cuestiones de sexo en relación a la violencia de género y unos días después ya había dado marcha atrás. Por su parte Inés Arrimadas rechazó la huelga feminista del 8M y el 9M ya se había puesto al frente con un banderín como Chaplin en Tiempos modernos.

Por eso, después de estas exhibiciones monumentales de hipocresía y cinismo, poco puede sorprender el giro copernicano de Luis Garicano, quien unos días después de defender el gobierno corrupto de Mariano como último baluarte para evitar la descomposición del estado español, felicitaba al flamante gabinete de Pedro Sánchez como símbolo del cambio que habían querido traer desde Ciudadanos con su negativa a la moción de censura. Defender al mismo tiempo una postura y la contraria es el principio esencial de esta política cuántica, representada mejor que nadie por el aguerrido explorador Juan Carlos Girauta, un hombre que ha pasado por las filas del PP y del PSOE igual que el mono de Kubrick postrándose ante el monolito extraterrestre, y que ahora sigue girando en el vacío espacial como el feto de una nueva especie a la espera de lo que digan las encuestas. Dentro de su caja del Ibex, el gato de Ciudadanos está muerto y podrido a la vez.