Opinion · Punto de Fisión

La Manada y el Orgullo Grey

Siempre que se acerca la fecha del Orgullo Gay, no falta el intelectual que aprovecha para pedir una jornada intensiva de reivindicación de la heterosexualidad, el Día del Orgullo No Gay, como si no lo fuese el resto del año. También están los que se apuntan a cualquier carro con tal de arañar un voto, aunque sea con tacones, como por ejemplo, Xavier García Albiol, uno de los baluartes de la derecha española más rancia (tampoco es que aquí abunde la derecha fresca), quien ayer mismo publicó un tuit en defensa de los derechos del colectivo LGTBI cuando no sólo votó contra la ley de matrimonio homosexual sino que en 1994 se manifestó en contra de la posibilidad de abrir un registro de parejas del mismo sexo alegando que la homosexualidad era “un comportamiento anormal”. Hay que reconocer que en cuestión de comportamientos anormales, Albiol es una de las mayores autoridades del país: lo sabe todo sobre racismo, machismo, misoginia y homofobia. Probablemente se confundió y en vez de los colores del arcoiris iba a salir con la cruz gamada reclamando el Día del Orgullo Hail.

Lo que está pidiendo a gritos este país es un Día del Orgullo Grey en defensa de la violación, de los derechos patriarcales en general y de los de la Manada en particular, tan pisoteados por la opinión pública. Apenas tres meses después de la espectacular sentencia por el delito de abuso sexual en la que tres jueces no apreciaban violencia ni intimidación en un coito de cinco contra una con grabación de video y robo de móvil incluido, hace poco más de una semana llegó la noticia de que los cinco jóvenes iban a disfrutar de la libertad provisional, ya que, según un formidable razonamiento dos de las eminencias jurídicas encargadas del caso, no concurrían los riesgos ni de reiteración delictiva ni de fuga.

Como dijo mi amigo Javier Gella, tuvo mala suerte David Chapman de que estos mismos magistrados no hubiesen estado a cargo de lo suyo, porque no había el menor riesgo de que Chapman, obsesionado con John Lennon hasta el punto de pegarle cuatro tiros por la espalda, volviera a matar a Lennon. Como dijo en su día Bill Hicks con un ramalazo de humor negro que aquí le habría costado varios años de presidio: “Si vas a matar a un músico, por lo menos ten un poco de buen gusto; yo te llevo a casa de Kenny Rogers”. Hay que reconocer que, aplicando la misma regla de tres, resulta bastante inverosímil que los cinco chavalotes de la Manada fuesen a repetir su peculiar versión del porno en un portal con la misma víctima, aunque, eso sí, los soltaron en vísperas de sanfermines, quizá dando ideas.

En efecto, da bastante miedo pensar qué entenderán los jueces con lo del riesgo de reiteración delictiva cuando cuatro de ellos tienen pendiente un juicio por sendos delitos de abuso sexual cometidos en Pozoblanco. Probablemente, con esa inefable ambigüedad del lenguaje jurídico, querían decir que no iban a violar otra vez a la misma chica. En cuanto al riesgo de fuga, quedó sobradamente acreditado el lunes, cuando Antonio Manuel Guerrero, el guardia civil de la Manada, acudió a las dependencias policiales con la intención de renovar el pasaporte, olvidando que, entre las medidas para concederles la libertad provisional concurrían, entre otras, la retirada del pasaporte, la prohibición de abandonar el territorio nacional y la obligación de comparecer en sus respectivos juzgados de guardia tres días a la semana. La Fiscalía ha pedido el reingreso en prisión de la Manada al completo, ahora que diversas televisiones ya les habían brindado una palestra desde las que aleccionar a la audiencia sobre sus experiencias de sexo en grupo. La sentencia fue tan ejemplar que el pasado martes fueron detenidos en Canarias cuatro hombres por el delito de presunta violación múltiple a una menor de edad con grabación de video incluida. Se hacen llamar la Nueva Manada y son el mejor síntoma de que el Día del Orgullo Grey, a lo mejor, tampoco hace ninguna falta después de todo.