Opinion · Punto de Fisión

Primarias sin sobres

Ayer, sin necesidad de telescopio, pudo observarse un espectáculo único: afiliados del PP votando para elegir al sucesor de Mariano Rajoy. Los prebostes del PP y la democracia forman un oxímoron histórico, ya que ellos, al igual que los marines, están ahí para preservar la democracia, no para practicarla. En especial teniendo en cuenta que, como advirtió en su día el poeta Alvaro Muñoz Robledano, en España la democracia consiste en que el pueblo elija libremente a sus representantes del PP. De ahí también la confusión habitual de los peperos al considerar golpes de estado procedimientos democráticos como las elecciones o las mociones de censura, mientras justifican en nombre de la democracia el golpe de estado de 1936.

Habituados al cuaderno azul y al pito pito gorgorito, es lógico que el espectáculo de las urnas les haya cogido con el pie cambiado. Mas aun cuando Mariano, rompiendo la tradición del Pantocrátor que escoge a su sucesor a dedo, ha preferido quitarse de en medio y disfrutar del fútbol mientras detrás de él se armaba la marimorena: mujeres, hombres y viceversa al asalto de la cúspide de Génova. Han cambiado el modelo rubensiano de las Tres Desgracias -con Aznar en el papel de Paris indeciso en endosarle la manzana a Rato, a Mayor Oreja o a Rajoy- por el ejemplo, mucho más vistoso, de La Matanza de San Bartolomé o La Carga de los Mamelucos.

Con un fantástico sentido de la oportunidad, las primarias del PP han coincidido con la celebración del Orgullo Gay y las reivindicaciones en contra de exhumar la mojama del general Franco: los fachas salieron en tromba el lunes del armario del Valle de los Caídos, tapizando la capital de carteles. En consecuencia, se han producido no pocos contratiempos durante el proceso electoral, entre ellos la insistencia por parte de algunos interventores de la candidatura de Cospedal de identificarse con una credencial adornada con el nombre y la foto de la secretaria general, lo que ha llevado a temer la posibilidad de observadores venezolanos. Más graciosa aun ha resultado la escasez de sobres donde depositar las papeletas: se conoce que los sobres están todos destinados a la tesorería alternativa del partido desde mucho antes de Bárcenas.

A pesar de la falta de sobres y de la dificultad de encontrar papelerías abiertas cerca de las sedes donde tenían lugar las votaciones, la organización del congreso concluyó que el problema se solucionaba doblando bien doblada la papeleta. Puesto que el propio votante debía rellenar a mano el nombre del candidato, no se descarta que ocurrieran más incidentes onomásticos como los que amenizaron la lista de la sede de Cantabria, donde no pusieron ni un solo acento y además rebautizaron a Margallo con y griega. Menos mal que Mariano no quiso participar porque cualquiera le descifra la letra. Los votantes más nostálgicos podían equivocarse y reclamar de nuevo a Aznar, a Fraga o incluso al general Franco, ya que la sede de Génova parece el lugar idóneo para montarle otra vez el despacho.

Hubo impugnaciones, protestas y jaleos varios ante la sospecha de que algunos candidatos podían haber montando un pucherazo, por ejemplo, llevando a votar residencias completas de ancianos aquejados de demencia senil y con la papeleta ya preparada por las monjas junto a la bolsa de la merienda, como si se tratara de unas elecciones generales. Se rumoreaba que por primera vez en la democracia española la pugna iba a decidirse entre dos mujeres, pero al final los votantes han pensado que tampoco hay que pasarse de modernos. En la segunda vuelta, Soraya Saenz de Santamaría y Pablo Casado van a competir en una ronda abierta a ver quién tiene más másters, aunque para sustituir a Rajoy, lo mejor sería un gato de escayola.