Opinion · Punto de Fisión

El rap de Corinna

Corinna zu Sayn-Wittgenstein, la que fuese barragana oficiosa del rey Juan Carlos durante muchos años, se ha sumado involuntariamente al movimiento “Me Too” tras publicarse el contenido de unas cintas donde confiesa que su vida corrió peligro, que el CNI la amenazó a ella y a sus hijos, y que además el rey emérito estaba al tanto de la movida. En la grabación -que tuvo lugar tres años atrás- Corinna asegura que Juan Carlos le estaba reclamando diversas propiedades en el extranjero que él había puesto a su nombre a través de un abogado llamado Dante Canonica. “Te levantas una mañana y tienes un terreno en Marrakech” dice Corinna, un problema similar al de otras mujeres que se levantan una mañana con un grano infectado en la frente. Las mañanas suelen guardar sorpresas terribles, no hay más que recordar aquel día en que el ex ministro José Manuel Soria se despertó administrando varias sociedades offshore.

Poco podía sospechar Corinna que la trama patriarcal en la que estaba metida iba mucho más lejos, ya que al igual que Juan Carlos no le había dicho nada de las propiedades que había puesto a su nombre, el hombre a quien había escogido para desahogarse en su lujoso apartamento londinense estaba grabándolo todo bajo cuerda, por lo que pudiera pasar. De manera que Corinna se despertó ayer y se encontró convertida tres años después en la versión femenina de Valtonyc, cantando un rap contra los borbones. Claro que algo tenía que haber sospechado, puesto que el hombre con quien se reunió para largar no era otro que el comisario Villarejo, un tío que va por la vida repleto de micrófonos y grabadoras, como si fuese R2D2, pero con gorra y gafas.

Hablando de rap y de cantos, estaba cantado que Villarejo, detenido en la cárcel de Estremera desde el pasado noviembre, iba a utilizar cualquier recurso en su poder para presionar a los grandes poderes e intentar salir de prisión. Ya había anunciado en su tenebrosa entrevista en La Sexta un aperitivo de lo que podía pasar: “No toques las narices con Corinna o prepárate para una portada de El País”. Hombre, asustar a Villarejo con una portada de El País es como intentar intimidar a un rinoceronte dándole con una hoja parroquial en los belfos. Sin embargo, lo que parece algo excesivo, incluso para Villarejo, es atentar directamente contra los sacrosantos pilares de la monarquía, poniendo a circular una información que hubiera supuesto un torpedo en la línea de flotación de cualquier otro personaje público o privado, pero no del timonel del Bribón, blindado por la Constitución.

Testaferro en este contexto suena a postura del Kamasutra o a receta de Masterchef. El escándalo sería impresionante en cualquier otro sitio, pero no en España, un país que no tiene estatua al soldado desconocido porque, como dijo el conde de Romanones, aquí nos conocemos todos. Tampoco ocurrió nada cuando Público, en abril de 2013, sacó a la luz las revelaciones de WikiLeaks acerca de aquellos años oscuros en que, durante los estertores del franquismo, el futuro monarca trabajó de confidente para la Casa Blanca. Ya se sabe que la Fiscalía española es implacable con los borbones: no placa más que a yernos y aun a ésos, poco. A Juan Carlos no se le puede imputar nada porque no es no.