Opinion · De aquí a Lima

Terror en el hipermercado (1)

Fernando Ruiz

En 1953 se instaló en Perú Sears, el primer negocio de grandes almacenes y unos años antes, en 1942,  abrió sus puertas la bodega Wong. En España, en 1943 comenzó a funcionar Galerías Preciados y el supermercado barcelonés Caprabo inauguró la era del autoservicio de alimentación en 1959. Desde entonces, en ambos países, las tendencias y los vericuetos del consumo han ido de la mano. De las pulperías y los ultramarinos se pasó al supermercado y luego al  hipermercado. Desde hace pocos años los hipermercados están cayendo en picado, los supermercados menguan de tamaño y se transforman. Regresan, ciertamente con otro aire, los pequeños comercios,  los colmados y las tiendas de abarrotes.

Aunque en Lima ya había a principios del Siglo XX delegaciones que representaban los grandes almacenes europeos como los parisinos  La Maison du Bon Marche o Galerie Lafayette, y un vanguardista empresario abrió en 1917  Oechsle, la gran juguetería de Lima que acabo vendiendo todo para el hogar, Sears Roebuck fue, realmente,  la primera gran cadena de tiendas por departamentos en el mercado peruano, en el que se introdujo a través de la venta por catálogo.

Sears Inició operaciones en 1953, – en pleno segundo mandato del  general Manuel Arturo Odria -,  con la apertura de su primer establecimiento en el distrito de San Isidro,  en el terreno que actualmente ocupa el supermercado Tottus y los almacenes Falabella, actualmente ambos pertenecientes  al Grupo Falabella, de Chile.

Las instalaciones de Sears se levantaron siguiendo las últimas tendencias arquitectónicas, principalmente el “estilo internacional”, con superficies extensas, limpias y respetando el principio de regularidad en su formas. Tenía una gran explanada de aparcamiento frente a sus puertas.

Era la época dorada de Estados Unidos y en la que arrancó la Organización de Estados Americanos (OEA), puesta en marcha para, entre otros objetivos, evitar la actividad de los comunistas y establecer un control político y económico en América Latina, sintonizado con los intereses de Washington. En 1953 toma posesión como presidente de Estados Unidos un militar, el general Dwight David “Ike” Eisenhower, formado en West Point. Se impulsan regímenes dictatoriales con evidentes intereses económicos en República Dominicana y Nicaragua, y Alfredo Stroessner se convierte en dictador de Paraguay. Perón gobierna solo tras el fallecimiento de Evita, en 1952. En el otro extremo, Bolivia se levanta en 1952 contra el control yanqui del estaño y en Cuba se preparan para el asalto final…

A pesar de todo, la influencia económica y cultural de EEUU hace que América Latina  esté más desarrollada, en muchos aspectos, que la  España de la postguerra. El aire acondicionado ya era una realidad  desde que se instaló el primer aparato Carrier en los grandes almacenes Hudson de Detroit, en 1924. Desde 1939 ya salían de fábrica los automóviles Oldsmobile y Cadillac con cambio de marchas automático.

1936, el año de la sublevación militar en España y el comienzo de la Guerra Civil,  Coca Cola, el buque insignia de la expansión de la marca EEUU,  empieza a embotellarse en Perú,  convirtiéndose en la primera fábrica de este refresco en América Latina.

Coca Cola empieza a fabricarse en España en 1953. Se embotellaba en Barcelona en una planta en la que cuando fallaba la luz, una bicicleta hacía las veces de generador eléctrico. El año anterior se habían suprimido la Cartilla de Racionamiento instaurada nada más acabar la Guerra Civil, en 1939. El primer gran supermercado que se abre en España fue Galerías Preciados, en la calle Preciados de Madrid, en 1943. Fue fundado por el emprendedor asturiano Pepín Fernández, a su regreso de Cuba, siguiendo el estilo de los Almacenes El Encanto, de La Habana, donde había trabajado.

Los almacenes de comida y ultramarinos  de las grandes ciudades españolas estaban iluminados por bombillas que irradiaban una luz amarillenta y  pocos tenían ventilador en verano. El negocio se ventilaba sobre un mostrador de mármol, repleto de artilugios: la balanza Berkel, la rebanadora de embutidos, un enorme molinillo de café, el aparato con medidor y dispensador de aceite, la guillotina para cortar el bacalao y una palangana con garbanzos en remojo. El mostrador estaba rodeado de sacos con legumbres y verduras, cajas de madera redondas con sardinas saladas y arenques aplastados. Las viandas y chacinas estaban protegidas de las moscas en unas vitrinas. La compra se  envolvía con un  papel de estraza que colgaba de clavos en la pared, al igual que los plátanos. Las alacenas y anaqueles de los colmados mejor surtidos estaban repletos de botellas de vino, fino, ron, anís, brandy jerezano, Licor 43, Calisay…y latas de conservas. En el suelo había cajas con botellas de gaseosa y sifones. Del techo colgaban morcillas, algún jamón de Aragón y longanizas.

En esta España de 1953, – inmersa en el inicio de la evolución de la autarquía franquista hacia el aperturismo comercial-,  todavía no se había superado la renta por habitante del año 1935, un año antes de la Guerra, y se  compraba el aceite, el vino y el vinagre a granel, al igual que las legumbres, verduras y café. En muchas capitales  pasaba el lechero en carromato tirado por un equino y llevaba su mercancía en grandes depósitos metálicos. Había tiendas en las que se vendía agua y había gente que se moría de hambre, aunque la dictadura decía que era de tuberculosis, que también florecía. Gran parte de la población española estuvo, hasta bien entrados los años cincuenta, famélica, desnutrida y desesperada.

Lima, tuvo, a partir de 1945 un aumento creciente de las migraciones del campo a la ciudad. En 1961 la capital estaba habitada por un millón ochocientos mil habitantes, de los cuales casi la mitad habían nacido en provincias.

La capital peruana era una ciudad llena de jardines y avenidas,  y la vida comercial y social se hacía en el elegante centro, que aún conserva sus imponentes edificios. Se hacían las compras en pulperías, bodegas y tiendas de abarrotes cercanas al Jirón de la Unión, y los domingos se frecuentaban las cercanas playas de Costa Verde y Ancón.

En 1953, se abrió la tienda Supermarket, perteneciente a la familia Olcese, que ofrecía alimentos, artefactos y ropa, y se trajeron de Estados Unidos  el sistema de autoservicios y la utilización de carritos para cargar la compra. Otra cadena de referencia fueron las tiendas  Scala,  que abrieron su primer comercio en 1958 en la Plaza de Armas, junto a la casa Oechsle.

Desde los años treinta, miles de  chinos  dejaron la agricultura para establecerse en la capital. En 1942 Erasmo Wong Chiang, junto a su mujer chino peruana Angela Lu Vega, abrió  una de las típicas bodegas  en una esquina del residencial barrio de San Isidro.

Los hijos de Erasmo le ayudaban en las tareas de venta y reparto. La bodega  de Wong fue evolucionando y perfeccionando la calidad de sus productos hasta convertirse en una referencia deli de la ciudad. Los hijos se conjuraron, junto al padre, para dar el gran salto: tener el mejor supermercado de Perú, en el que además de ofrecer alimentos y bebidas, se vendiesen juguetes, libros y artículos para el hogar y la cocina. Para a ello lo primero que hicieron fue adquirir  un local en el Óvalo Gutiérrez de Miraflores. Y ya nada volvió a ser como antes.

Durante los años de confrontación violenta en Perú, a finales de los años 80, donde parecía que Sendero Luminoso estaba a punto de ganar la batalla, Lima se sumió en  una instabilidad inquietante. El miedo estaba a flor de piel y en  el tejado de un importante restaurante de la Costa Verde había un vigilante encaramado con una ametralladora.  En esos años, las luces de los escaparates de Wong eran las pocas luces que hacía salir de sus casas a muchos ciudadanos limeños.

En 1999 el bodeguero y sus hijos inauguraron su tienda número 15 y lanzaron un nuevo formato de supermercados con la marca Metro. En  2013,  Wong y  Metro cambiaron su razón social para fusionar todas sus operaciones bajo el paraguas de la empresa de capital chileno  Cencosud.

Continuará…