Escherichia coli

08 Jun 2011
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MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA

Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia

Sabíamos que nuestro intestino está poblado de bacterias E. coli y que algunas variedades de estas bacterias pueden ser funestas para el organismo. Ahora hemos aprendido además que hay variedades, como la O104:H4,
que son resistentes a los antibióticos, envenenan la sangre, destruyen el riñón
y producen hemorragias mortales. Una de estas E. coli mortales es la que ha aparecido en Hamburgo y ha dado lugar a una infección fatal. Por suerte, también hemos aprendido que, en muy poco tiempo, las instituciones científicas han conseguido resultados notables: identificar la bacteria asesina, descodificar su genoma, comprender los mecanismos de la in-
fección y ensayar terapias nuevas.
Pero no es sólo una enfermedad, es un acontecimiento social que produce inquietud, tiene formidables efectos económicos y requiere tomar decisiones políticas arriesgadas. En este terreno, las
lecciones que nos está enseñando
E. coli son mucho más dolorosas. En primer lugar, la responsable política de la sanidad de Hamburgo declaró precipitadamente que los pepinos españoles eran los portadores de la bacteria. La realidad es que en los análisis a los que se refirió no había ninguna prueba que avalara tal afirmación. Ella misma se desdijo, pero los tres días que habían pasado fueron suficientes para desencadenar una catástrofe económica en España. Y no vale como excusa el que la gravedad de la situación sanitaria justificara alertar a los ciudadanos de cualquier producto sospechoso: sencillamente, los pepinos españoles no eran sospechosos.
Para resumir. La nueva infección por E. coli está dejando una estela de enfermos y de víctimas mortales, pero confiamos en la capacidad de los científicos para conocer sus causas y para dominar sus efectos letales. Sin embargo, ha dejado también un rastro de pérdidas económicas, víctimas sociales y desconfianza política. Y esto último aún no sabemos arreglarlo. No será suficiente con que los agricultores de Almería reciban compensaciones económicas, ni con que dimita la consejera de Hamburgo. Sería bueno ir pensando en una revisión profunda de todo el sistema de alertas sanitarias a nivel europeo y mundial: un tema más para la agenda de reformas democráticas pendientes.


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