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Voluntad política y pobreza

17 jun 2011
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CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Quien haya visitado recientemente Brasil y hubiera estado allí hace una década se dará cuenta de cómo ha cambiado el país en estos años. Es cierto que las desigualdades continúan, pero también lo es que la voluntad política del expresidente Lula da Silva, puesta en acción en el programa Bolsa Familia, ha logrado sacar de la pobreza a más de 20 millones de personas. Ahora, la nueva presidenta, Dilma Rousseff, acaba de decir que no sólo va a continuar en esta línea sino que quiere ampliar y mejorar el programa para lograr una meta más ambiciosa: erradicar la pobreza extrema en 2014. Para ello, ha dicho, el Estado no esperará a que los pobres –todavía 16 millones viven con menos de 30 euros al mes en aquel país– llamen a su puerta, sino que irá a buscarlos allá donde se encuentren para proporcionarles el acceso a una vida digna.
Sin entrar a valorar el resto de sus actuaciones, ambos presidentes son ejemplo de la importancia que tiene la voluntad política para cambiar la realidad. En el núcleo de la acción política está la voluntad, la intención o resolución de hacer algo para incidir en la vida común e individual, siendo la materialidad y finitud de los recursos los únicos límites reales. El resto de imposibles que se aducen para la inacción derivan de una estructura de poder, hoy globalizada, susceptible de cambiarse.
La voluntad está relacionada con la libertad, con la libre determinación. Cuando las estructuras, económicas, financieras o de poder, impiden el ejercicio de la voluntad política para el cambio de las condiciones desfavorables de vida de la ciudadanía, se le hurta a la política su mejor potencial: la voluntad política constituye un ámbito de libertad irrenunciable. Por eso una primera rebelión es afirmarla, negando que la desigualdad, la pobreza y los sacrificios para los más pobres sean inevitables.
Los líderes seguramente son
rehenes de los poderes mejor colocados en el juego de mecanismos neoliberales globalizados, pero ante la pobreza tienen todavía un gran margen de actuación. Por eso el ejemplo de Brasil es reconfortante. Porque siempre fue rico en recursos. Pero sólo en los últimos años eligieron gobernantes con voluntad política a favor de los más pobres.

Gestionar el disenso

05 jun 2011
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CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Uno de los rasgos del movimiento del 15-M, por una Democracia Real Ya, es haber adoptado la toma de decisiones por consenso, forma de trabajo característica de los movimientos no-violentos. Sin entrar en el debate sobre su necesidad o no, en esta sociedad en red, la votación siempre separa al grupo en dos, quienes ganan y quienes pierden, lo que es ya una semilla que puede alimentar desafecciones con la decisión adoptada y también resentimientos. En estos días de acampadas, ha sido admirable la paciencia desarrollada por las personas participantes en el proceso de toma de decisiones en asambleas que llegaban hasta altas horas de la madrugada.
Subrayado lo positivo del consenso y vistas también las situaciones que se dan en el día a día, en un proceso real lo que sucede es que también el conflicto está presente. Nunca nos cansaremos de decir que el pacifismo no-violento no teme al conflicto, ni tan siquiera le parece negativo. No deja de ser una prueba de realidad para curtir la propia capacidad de generar dinámicas de gestión alternativas a las existentes.
En el contexto de las acampadas, los conflictos que se han podido advertir son disensos, diferencias de criterio a la hora de decidir el tipo de pasos a dar, falta de acuerdo acerca de si realizar una determinada acción o no, y en particular si dejar o no las acampadas.
La gestión de los disensos en el interior de un grupo tiene una importancia crucial. Movimientos alternativos importantes han perdido capacidad de influencia por no saber gestionar los disensos. Tiene importancia por su proyección externa: ¿han de limitarse las acciones a las consensuadas, funcionando por el mínimo común? ¿Puede un subgrupo llevar a cabo una acción no consensuada que comprometa al conjunto? Y, sobre todo, tiene una proyección muy importante en el interior del grupo: una gestión del disenso poco respetuosa de las minorías, en un caso, o irresponsable por parte de estas, en otro, es una inmensa fuente de desgaste y desilusión personal.
Confiamos en que el entusiasmo generado por este movimiento, su proyección mundial y el ánimo que ha inspirado a tanta gente sean también fuente que nutra y genere nuevas soluciones ante ese reto tan ancestral como actual.

Pastillas contra el dolor ajeno

24 abr 2011
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CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Una de las consecuencias de la crisis financiera es el aumento de la violencia estructural, una de las formas de violencia que más mata, ya sea por hambre, enfermedades curables o cualquier otra vía que impida sobrevivir por pobreza extrema. Ciñéndonos a la enfermedad, son alrededor de 8.000 las personas que fallecen al día por no tener acceso a medicamentos y tratamientos que existen y que podrían evitar su muerte.
Que hay enfermedades y enfermos olvidados nos lo recuerda Médicos sin frontera (MSF). Esta organización humanitaria, además de atender a poblaciones en situación precaria y a víctimas de catástrofes y de conflictos armados, sin discriminaciones, desde hace más de diez años hace campaña para hacer asequibles los medicamentos esenciales, favorecer la aplicación de acuerdos comerciales a favor del acceso a medicamentos y estimular la investigación y desarrollo (I+D) de nuevos medicamentos, vacunas y diagnósticos para enfermedades olvidadas.
Pues bien, MSF nos propone que colaboremos en la reducción de este tipo de violencia estructural comprando unas pastillas muy especiales. Se venden en farmacias, como cualquier pastilla, pero, como bien dice el prospecto, estas no son para mitigar el dolor propio sino el ajeno. Son a la vez un símbolo y un compromiso con la apuesta y exigencia de hacer visibles enfermedades olvidadas como la enfermedad de Chagas, que produce 14.000 muertes anuales, la mayoría en América Latina; el Kala Azar, que mata unas 60.000 en Brasil, India, Nepal, Bangladesh y Sudán; la tuberculosis, cuyo tratamiento sólo es asequible al 5% de quienes la sufren (el resto, hasta 1,5 millones de personas al año, muere); la malaria, la enfermedad del sueño y el sida infantil, que son el azote de África. De algunas se conoce el tratamiento, pero es demasiado caro; otras necesitan ser investigadas de modo más activo.
En los tres meses que, ahora se cumplen del lanzamiento de la campaña, se han vendido en España más de tres millones de cajas de estas pastillas: seis caramelos de mentol-eucalipto sin azúcar, al precio de un euro. Su principio activo, siempre según el prospecto, es el amor. Una iniciativa necesaria y transgresora.

 

Transgresoras, visibles, sonoras…

13 abr 2011
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CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Bajo este título, varias asociaciones (Dinamia, Deis, Semilla, Ayse, Formad y Mujeres de Opañel) que trabajan a favor del empoderamiento y la inclusión laboral de las mujeres reunieron en Madrid a más de 200, y a algunos hombres, en una jornada organizada para pensar la situación actual desde las vidas de las mujeres. Tanto las características que el título señala –la transgresión, la visibilidad y la sonoridad–, como las ideas debatidas, alientan a recuperar un protagonismo ciudadano perdido.
La economista Amaia Pérez Orozco rescataba las resistencias generadas desde abajo, las nuevas estrategias de supervivencia, y subrayaba la necesidad de generar mecanismos colectivos de gestión de riesgos, de pensar y mirar la economía desde la cocina, pues es allí donde se ponen en común los recursos y se pelea para no dejar caer a nadie en la exclusión. Dos de sus ideas pueden ser base de un empoderamiento general: una, que todos podemos hablar de economía, –como en otros asuntos, también este es demasiado importante para dejarlo en manos de los expertos–; y dos, que necesitamos preguntarnos qué es eso de la calidad de vida.
La profesora María Jesús Izquierdo señalaba cómo la flexi-seguridad que se nos ofrece, un empleo seguro pero flexible, en ritmos y horarios, es incompatible con el cuidado de las personas. Y la matemática María Pazos, mientras alertaba de que se está intentando mandar a las mujeres de nuevo a casa, se preguntaba si los recortes presupuestarios en igualdad son necesarios y neutrales, y si hay alternativas. De los ejemplos que dio para avalar que se trata de un pulso de poder en el que el neoliberalismo se alía con el patriarcado, rescato el siguiente: las dos semanas del permiso de paternidad, ahora anuladas, suponen 200 millones de euros, ¡mientras que las deudas con Hacienda de los clubes de fútbol masculino de Primera ascienden a 627 millones de euros!
En este panorama, un soplo de aire fresco viene de los jóvenes sin casa, sin curro y sin futuro. Se han declarado sin miedo y han salido a la calle afirmando que, ya que “nos habéis quitado demasiado, ahora lo queremos todo”. Puestos a transgredir, tal vez la cocina sea un buen lugar para fraguar una alianza entre exclusiones.

 

A favor de las vías pacíficas y no-violentas

27 mar 2011
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CARMEN MAGALLÓN

En una crisis como la de Libia no parece haber espacio para las vías pacíficas y no-violentas. Desde la aceptación de las carencias, confieso mi respeto por la opción de quienes en estos días están colocando la responsabilidad de proteger por delante de sus convicciones pacifistas, dando un apoyo matizado, con todo tipo de acotaciones, a la intervención armada en ese país. Pero ni aun así comparto ese apoyo.

Lo que me inclina a la resistencia es que apoyar la vía armada es continuar con la inercia violenta, y que si seguimos acogiéndonos a las inercias establecidas, legitimadoras del uso de la violencia armada, nunca cambiará el horizonte de posibilidades de acción. La convicción de que lo más efectivo para frenar a un dictador que dispara contra su pueblo desarmado es el uso de las armas está tan arraigada en las mentes y en las estructuras sociales que actuar, en este caso, pasa a ser sinónimo de responder con la fuerza. Y sin embargo, la vía iniciada, la intervención armada de una coalición internacional, aún amparada por una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que le otorga legitimidad en el contexto legal internacional, tampoco está claro que vaya a lograr su objetivo de proteger a la sociedad civil. Las contradicciones están por doquier, pero la inercia se impone.
La pregunta ¿qué oportunidades se han dado a otras vías de solución? queda en el aire. ¿Hubiera sido posible poner en acción medidas de presión, económicas, políticas, de suficiente calado como para ser efectivas? No lo sabemos. Desde fuera del poder no es fácil saber lo que el poder puede. La evidencia de lo posible está contaminada; en ella, las vías pacíficas no están a disposición, no están incorporadas en las culturas como pautas efectivas. Y, sin embargo, acabar con la violencia es una condición para la supervivencia, algo que no propician precisamente las armas. Más bien al contrario, el embellecimiento de su uso, el presentarlas como necesarias, las perpetúa, y con ellas, también la violencia se perpetúa.

De fondo, la contradicción fundamental que encuentro en la guerra justa es que, para defender derechos humanos o vidas humanas, se eliminen otras vidas humanas, que no dejan de ser igualmente valiosas.

Carmen Magallón es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

El año de la Química y las químicas

13 mar 2011
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CARMEN MAGALLÓN

En el Año Internacional de la Química y en torno al 8 de marzo, quiero resaltar la importancia de las contribuciones de las mujeres a una ciencia que siempre ha contado con muchas de ellas entre sus practicantes. La cercanía de las mujeres a la Química, la especial atracción que sienten por esta ciencia, y su protagonismo en las múltiples tradiciones químicas que se han dado a lo largo de la historia, es bien patente. Desde las mujeres
prehistóricas que se familiarizaron con el tratamiento del barro y descubrieron la cerámica y la química de los esmaltes, hasta nuestros días, generaciones de mujeres han contribuido a construir conocimiento químico.

Precisamente hace cien años, en 1911, quien es considerada la científica por excelencia, y casi la única conocida popularmente, Marie Curie, recibía el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre la radioactividad. Era su segundo Nobel, pues a ella y su marido ya les habían concedido el de Física en 1903. Su brillantez pasó a catapultarla como modelo y muchas otras quisieron seguir sus pasos. Para las mujeres es importante tener modelos históricos, algo que nos fue hurtado durante siglos. Pero el modelo Curie pudo representar cierto lastre en el fomento de la igualdad en la ciencia al generar la expectativa de que, para ser científica, una mujer tenía que alcanzar los niveles de excelencia que Curie había alcanzado. El síndrome Madame Curie aún funciona en nuestros días, pues a una mujer se le sigue exigiendo más que a un hombre para ocupar un puesto.

La Química es el ejemplo de ciencia que se ha beneficiado de la participación de los dos sexos. Sorteando y peleando contra resistencias y prejuicios, las químicas llevaron las preguntas más allá de la química industrial, a la alimentación, los cosméticos, los múltiples aspectos de la vida cotidiana. Ojalá los currículos de nuestras escuelas recojan y aprendan de esta experiencia la relevancia de incluir la pluralidad humana en la ciencia. Y no olviden tampoco a las químicas pioneras de nuestro país, que vieron sus carreras truncadas por la Guerra Civil. En el año de la Química, un recuerdo especial para una química brillante: Teresa Toral Peñaranda, encarcelada en dos ocasiones y exiliada en México.

Carmen Magallón es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Finalmente, las armas matan

27 feb 2011
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CARMEN MAGALLÓN

Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

El comercio de armas es una de las lacras más execrables de este desorden nuestro tan letal. Lo que sucede en Libia nos horroriza y nos gustaría que los políticos europeos fueran más contundentes, aunque finalmente nos adaptamos a que las cosas sigan igual y dejamos que los negocios se enseñoreen por encima de las vidas de los seres humanos. Ahora mismo, sabemos que la matanza de ciudadanos y ciudadanas en Libia se está dando con armas vendidas por varios países europeos. Jordi Calvo, en este mismo periódico (24-02-2011), daba cumplida cuenta de los millones invertidos por ese país en armas, y señalaba que con estas ventas Europa había puesto su interés comercial por encima de los derechos humanos. España no se quedó a la zaga. Sin estar Libia entre sus mejores clientes, en dos años le vendió armamento por valor de cuatro millones de euros. Efectivamente, el responsable de las muertes es Gadafi, pero en la medida en que esas armas se han producido en nuestros países, algo del barro también nos salpica.
En 2007, España aprobó la Ley sobre el control del comercio exterior de material de defensa y de doble uso, un paso positivo frente al descontrol previo del comercio de armas españolas, y que se logró tras diez años de campaña de Amnistía Internacional, la Fundació per a la Pau, Greenpeace e Intermón Oxfam. Pero los hechos, no sólo este, muestran que una ley reguladora no es suficiente. Ahora vemos en qué puede quedar uno de los aspectos considerados más positivos de la ley, como es la obligación de aplicar los criterios del Código de Conducta de la UE, que entre otras limitaciones, prohíbe las transferencias de armas a países en conflicto o donde se violen los derechos humanos. Un límite que funciona… hasta que deja de funcionar y las armas pasan a usarse. Y es que, como dice el viejo adagio, “A un hombre con un martillo, el mundo le parece un clavo”.
Nuestro anhelo democrático tiene que ir más allá, y pasar de la vergüenza de ser productores de armas a la apuesta por la reconversión industrial de estas industrias. No creo en la regulación del comercio de arti-
lugios de muerte. Creo en el control ciudadano de nuestro poco o mucho dinero en los bancos, en campañas del tipo BBVA sin armas, que impulsa el Centre d’Estudis per a la Pau JM Delàs. Para que no fabriquen armas con mi dinero. Porque, no nos engañemos: las armas fabricadas, lo estamos viendo, finalmente matan.

Otros riesgos de la energía nuclear

20 feb 2011
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CARMEN MAGALLÓN

En medio del debate sobre la continuidad o incluso el aumento de la electricidad de origen nuclear producida en España, los activistas de Greenpeace han puesto de manifiesto la vulnerabilidad de una de estas centrales, cuyo cierre o continuidad está sobre la mesa. Ha sido una acción de protesta y también una manera de mostrar lo fácil que es acceder a instalaciones nucleares supuestamente seguras.
Pero no voy a entrar en el debate sobre los pros y los contras de la energía nuclear al nivel de las plantas instaladas, sino desde una perspectiva más amplia. Para mí, la razón principal para estar en contra de usar energía nuclear para producir electricidad es la estrecha relación existente entre este uso y la proliferación de armas del mismo tipo por todo el planeta.

Basta con revisar la historia. Primero fue la bomba atómica que, no hay que olvidarlo, se usó contra la gente. Y después, ante el miedo que generó la irrupción de estas armas entre la población, en 1953, en la Asamblea General de la ONU, Eisenhower lanzó el programa “Átomos para la paz”, dirigido al uso de la energía nuclear para producir electricidad. Propuso también la creación de un organismo regulador, la Agencia Internacional de la Energía Atómica. En la práctica, dada la inherente dualidad de la tecnología nuclear, esta política, que tuvo mucho de propaganda, a lo que condujo fue al aumento de las instalaciones nucleares por todo el mundo, con la consiguiente proliferación de los poseedores de la bomba.
El debate sobre el llamado “uso pacífico” de la energía nuclear no puede desligarse de su dualidad tecnológica y de su asociación con el poder político y las estrategias de seguridad militar. ¿O es que acaso no es esto lo que se achaca a países como Irán?

En la reciente edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich, su presidente abogaba por eliminar las armas nucleares desplegadas en Europa –un legado de la Guerra Fría que nos amenaza silenciosamente– y mostraba su preocupación por la proliferación del material fisil. El riesgo de la energía nuclear no es sólo debido a posibles fallos, residuos o accidentes, que también. El riesgo mayor es que nos ata a estrategias de miedo y nos aleja del objetivo del desarme nuclear, tan necesario para la supervivencia de la especie. Estos factores también deberían tenerse en cuenta al evaluar las necesidades de energía y la opción nuclear.

Carmen Magallón es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Identidades que matan

06 feb 2011
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 CARMEN MAGALLÓN

Además de indignarnos, la cifra de siete mujeres muertas a manos de sus parejas o ex parejas en lo que llevamos de año vuelve a clamar por la urgencia de mantener el debate, de resistirnos a dar por normal esta sangría, de tratar de arrojar luz sobre cómo erradicar esta insidiosa lacra. Una línea de pensamiento apunta a la raíz identitaria de varones que crecieron bajo las normas de una socialización machista. Myriam Miedzian, en su libro Chicos son, hombres serán, mantiene que es desde los roles estereotipados asignados a hombres y mujeres, que se refuerzan entre sí, desde donde se construye la identificación entre masculinidad y violencia. Que los niños sufren una mayor presión social para demostrar su masculinidad a través de conductas agresivas, y que en los modelos de varón siguen predominando los valores de dureza y represión de los sentimientos (no llorar, no tener miedo…), el afán de dominio, la represión de la empatía y la competitividad extrema, condicionantes que llevan a valorar por encima de todo el éxito y a encerrarse en las dicotomías nosotros/ellos o ganar/perder.
Aunque hombres y mujeres somos víctimas de unos arquetipos potencialmente destructivos, son estos valores entronizados por una mística masculina los que juegan un papel importante en la eclosión de la violencia. Un hombre que cree que dominar a las mujeres es parte de su identidad viril vivirá como una ofensa humillante, una ofensa identitaria –en la que se dilucida “o su libertad o yo”– que la novia o compañera no se someta a su voluntad o quiera abandonarlo.

Decir también que, dado que vivimos en relación, las mujeres somos en parte cómplices de la persistencia de la violencia, pues con nuestras elecciones amorosas a menudo reafirmamos ese estereotipo de hombre que las películas caracterizan como duro, un tipo dominador que no cree en la igualdad de las mujeres. Un tipo que, ante la libertad de la mujer, reacciona con violencia, sin que parezca importarle ninguna ley sancionadora.
No es fácil erosionar esta mentalidad violenta identitaria con la que han crecido muchas generaciones de hombres. Por eso, además de seguir alentando las denuncias, proteger a las amenazadas y extremar el control de los potenciales agresores, habría que establecer potentes programas educativos, sobre todo en los medios de comunicación. Algo habrá que hacer para que las generaciones más jóvenes suelten este pesado lastre.

Carmen Magallón es directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Del discurso a la agresión

22 ene 2011
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CARMEN MAGALLÓN

En la polémica sobre la responsabilidad de los hechos violentos cometidos contra varios políticos, Gabrielle Giffords en Estados Unidos y el consejero de Cultura en Murcia, se debate sobre el papel que juegan algunos de los discursos de confrontación política que circulan en las respectivas sociedades. ¿Son los discursos los que
desencadenan la violencia? ¿Qué otros factores influyen? El modelo de Galtung sobre la violencia permite dar una primera respuesta de trazo grueso. Según este pionero de la investigación para la paz, los acontecimientos de violencia directa, como agredir o matar, reciben un impulso legitimador desde otros nichos de violencia estructurales y simbólicos. Para llegar a la agresión directa, hay que perder las inhibiciones que tenemos para atacar a un semejante y una vía es dejar de considerarlo como tal, deshumanizarlo. Algo que generalmente se logra a través de un discurso.
Algunos discursos establecen abismos insalvables por motivos ideológicos, creencias, preferencias políticas; en suma, por una diferencia que es convertida en desigualdad esencial y motivo para ubicar al diferente en un grupo subhumano y despreciable. En la historia, la violencia directa con mayúsculas, las grandes matanzas, fueron precedidas por discursos de odio que deshumanizaban al otro. No podemos quitar responsabilidad a los discursos de los que se alimentan los agresores.
Por eso es grave que la política sea ocupada por insultos y discursos de agresiva descalificación del contrario. Por la vía legitimadora de la
deshumanización o demonización de las posiciones del otro, se alienta la violencia, pervirtiendo con ello la principal razón de ser de la política, que no es otra que la cancelación del uso de la fuerza a la hora de dirimir las diferencias y tensiones entre intereses.

La vida pública necesita urgentemente serenar las palabras. Tengo muy presente la sabiduría de mis abuelas, labradoras del Bajo Aragón de Teruel, a las que muchas veces escuché decir que en las discusiones había que cuidarse de no decir “una palabra más alta que otra”, metáfora de un respeto por la palabra que ha impregnado la cultura popular y que constituye una herencia de inestimable valor. Es lo menos que podemos pedir a quienes ocupan los foros políticos y mediáticos. La contundencia de las posiciones encontradas no está reñida con la integridad y salvaguarda de la dignidad, propia y ajena.

Carmen Magallón es Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz