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Crisis, elecciones y ‘Merkozy’

24 feb 2012
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

Esta pronunciada crisis internacional esta poniendo a prueba algunas de las principales variables de nuestros sistemas de gobierno y de paso –en ocasiones– nuestra capacidad de sorpresa. Es bien sabido que en dos años, en suelo europeo, la crisis ha confirmado la tendencia de que si hay elecciones, el electorado le endosa la factura de todos los males al Gobierno y lo manda a casa. Bueno, a la oposición. Las excepciones a esta regla han sido bien escasas, y se ha reforzado la tendencia de que, además, Europa se ha teñido de gobiernos conservadores, con partidos de centro derecha o de derecha sólidamente refrendados en las urnas. Pero la crisis también ha abierto variantes nuevas: la “vía italiana” al Gobierno técnico, sin que nadie en su sano juicio pueda echar de menos a Berlusconi. Tampoco sabemos muy bien por qué, dentro de los países más castigados, en algunos casos la resistencia social y en la calle puede llegar a cotas dramáticas (Grecia), y en otros con dificultades similares, las protestas tienen un perfil mucho más bajo o nulo (Irlanda, Portugal).

Pero ahora entramos en una nueva variable: ¿qué harán los electores con Merkozy? Es cierto que le toca muy pronto a Sarkozy, y sólo a un año vista a Merkel. Al primero las encuestas le son desfavorables, podría verse sujeto a la tendencia general (el Gobierno, a la calle), pero con el peculiar sistema electoral francés a doble vuelta, no es seguro que la victoria del socialista Hollande sea tan obvia. Depende, por ejemplo, de la transferencia de votos de los electores cuyos candidatos se quedan por el camino, y sobre todo del Frente Nacional de Le Pen. Y Merkel, que ciertamente ha perdido varias elecciones regionales seguidas, no es seguro que tenga ante sí un adversario de talla, pues es mucho más popular en Alemania de lo que pensamos aquí fuera. Su problema a corto plazo es el desplome total de su obligado socio de Gobierno, el Partido Liberal. Queda por ver si las dos “locomotoras” de la Unión Europea (de hecho una y media: Francia no acaba de dar la talla) padecerán sus elecciones como el común de los demás mortales.

La huelga como laberinto

12 feb 2012
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

Un medio de comunicación no hostil a los sindicatos titulaba: “La plantilla de Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) vota a favor de reventar el congreso estrella de Barcelona”, es decir, el congreso mundial de telefonía móvil a celebrar a final de mes. Quizá la palabra “reventar” parezca excesiva, pero es clara y transparente. No sabemos si eso sucederá, pero la hipótesis plantea con agudeza una de las perversidades de la actual crisis económica/financiera y sus consecuencias sociales. ¿Por qué?

Por un lado, los trabajadores afectados (los del metro y los autobuses) tienen motivos para protestar, y según la tradición, si consideran que no hay espíritu negociador, o ni siquiera interlocución, van a la huelga. Con ello, piensan, van a presionar a la otra parte –en este caso al ayuntamiento de la ciudad–, que considerará que cualquier concesión es poca con tal de evitar el desastre. Pero quien firma estas líneas recuerda una huelga de transporte público en Madrid hace menos de dos años, y en dos días la inmensa mayoría de madrileños de a pie estaban indignados con… los sindicatos, y alguno de los mayoritarios se apresuró a distanciarse de la huelga.

La trampa es esta, y la crisis actual incrementa más aun la distorsión óptica: la huelga tomará literalmente como rehenes a la totalidad de la población trabajadora de la ciudad, congresista de telefonía de más o de menos, y como tal la percibirá la gente y la repercutirán los medios de comunicación. Porque las huelgas de sectores en las que el instrumento para la presión no es “la otra parte”, sino la gente, ponen a los propios sindicatos en una situación imposible. Lo que el contexto de la Crisis (con mayúscula) aporta es “cuidado, Europa nos vigila, sino hacemos los deberes, etc.”, es decir, no hagan olas. Pero sin crisis o con menos crisis, lo cierto es que el uso de ese tipo de huelga se encuadra en un estado de opinión colectivo en el que sucesivas encuestas sitúan a los sindicatos en la parte baja de la valoración ciudadana, junto a los partidos políticos.

La historia es injusta: está convirtiendo a los sindicatos, y por extensión a los trabajadores que tienen un trabajo, en “sospechosos habituales”.

Escocia: las claves de una consulta

28 ene 2012
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

La iniciativa escocesa de convocar un referéndum para otoño de 2014 parece insólita, a día de hoy, pero no. El fair play británico da para eso y mucho más, puesto que el primer ministro de Reino Unido dio su acuerdo en términos sorprendentes: que se haga cuanto antes, que la pregunta sea única y relativa a la independencia, y se pueda responder ‘sí’ o ‘no’. Vale la pena mirar de cerca este curioso envite.

En primer lugar, un referéndum, por definición, ha de consistir en una única pregunta, unívoca en su significado, y la respuesta ha de tener dos opciones: sí o no. Bien, tiene dos más, igualmente democráticas: abstenerse o votar en blanco. Un referéndum cuya pregunta pueda “deconstruirse” en varias respuestas o que tenga supuestos implícitos es un fraude ante el electorado.

En segundo lugar, el convocante, el Partido Nacional Escocés (SNP en sus siglas en inglés), sabe muy bien que tiene mayoría clara, pero sólo en elecciones regionales/autonómicas, mientras que en elecciones generales siempre queda en minoría, puesto que el voto de los partidos británicos (laboristas y liberal demócratas) suma bastante más de la mitad del cómputo global, y con una tasa de participación superior a las elecciones regionales. Las encuestas (en su día eso cuenta cero comparado con los votos reales) confirman ese dato: quiere la independencia menos del 38% del total.

En tercer lugar, con buen sentido, el líder escocés Salmond acepta algo obvio: el voto se haría sobre el censo electoral actual (los ciudadanos censados en Escocia), sin pretender excluir a los “no escoceses”, ni incluir a todo escocés “de origen” de cualquier rincón del planeta: ius soli frente a ius sanguinis (ello es radicalmente más democrático). Y acepta igualmente que sea la comisión electoral oficial la que gestione el proceso, en aras a la transparencia del resultado. En el trasfondo del asunto: al final, es un tema a negociar entre las dos partes que en su día, en 1707, firmaron el Acta de Unión por la cual dos reinos, Escocia e Inglaterra, formaron Gran Bretaña. Lo de Reino Unido vino después y es otra historia. Política y negociación, y es interesante que no sea el Foro de Davos quien decida.

¿La crisis como oportunidad?

16 ene 2012
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

La UE se está inventando sobre la marcha (de la crisis) una peculiar modalidad de “control político del Gobierno”, que como sabe todo estudiante de Ciencia Política o de Derecho Constitucional, es una de las tareas que compete al Parlamento, además de legislar. Ya sabemos que, salvo excepciones, la democracia representativa (al menos europeo-continental) ha derivado en sentido contrario: normalmente, la mayoría parlamentaria garantiza al Gobierno un apoyo mecánico y matemático. Cuando tiene mayoría absoluta esa regla no tiene excepciones; cuando esa mayoría es relativa, dependerá de la habilidad del gobernante al establecer coaliciones estables o puntuales.

Pero todo esto no viene al caso porque no tiene nada que ver con esa nueva variante según la cual “Bruselas” (esa especie de Objeto Constitutivo Volante No Identificado u OVCNI) decide que Berlusconi o Papandreu deben ser cambiados por otros. Lo más interesante del caso es que las opiniones públicas griega, italiana y a muchos de nosotros, eso nos parece razonable o como mucho nos parece inevitable y “a lo mejor funciona”. Puede que sí y puede que no. La variable en cuestión incluye que “Bruselas”, o “los mercados” (o algún otro OVCNI) impongan no sólo grandes orientaciones macroeconómicas, sino un manual de instrucciones muy detallado de cómo recortar, de modo que el objetivo es cero deuda y cero déficit.

Colapsado el consumo, cerrado el crédito a todos los niveles, y mandando al paro a más y más gente (es decir, transfiriendo más carga social al ya maltratado esqueleto del Estado social), ¿funcionará el manual? Puede que sí y puede que no. Resultado: cero autonomía política para los gobiernos de la UE fuera de esos márgenes tan rígidos. Ahorremos pues, pero… resulta que en Grecia, los gastos de Defensa en sus partidas “contribución a la Alianza Atlántica” (continuación de la compra del carísimo avión Eurofighter, piezas para carros de combate, gastos corrientes en adquisición de material, etc.) no sólo no disminuyen en 2012, sino que en algún caso aumentan (un 18 %). Pero resulta, manual de instrucciones OVCNI al margen, que los dos países de la UE que compran más material militar y defensa a Alemania son… Portugal y Grecia. La crisis como oportunidad.

Sorpresa en el Parlamento europeo

18 dic 2011
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

El Parlamento europeo, el gran olvidado de la reciente cumbre y subsiguiente pacto de estabilidad fiscal (del que habrá mucho que hablar en las semanas y meses por venir), resulta que nos ha sorprendido votando a favor de la suspensión de un acuerdo pesquero entre la Unión Europea (UE) y Marruecos, uno de esos acuerdos que -aunque quizá costó aprobar en su día- se daba por automatizado, rutinario. Como es lógico desde su punto de vista, el Gobierno marroquí ha reaccionado con tanta dureza como prontitud y en cuestión de horas los barcos europeos que faenaban en aquellas aguas han tenido que retirarse. Varias cosas llaman la atención y merecen algún comentario.

Por un lado, no parece que la cosa vaya de pesca, sino de que el Parlamento Europeo ha decidido (no pasa muy a menudo) hacer uso de alguna de sus pocas prerrogativas vinculantes y con ello recordar a la Comisión, en primer lugar, y al Consejo Europeo (y por tanto a los gobiernos de los estados miembros) que deberá ser tenido en cuenta, con crisis o sin ella. Por otro lado, lo reñido de la votación, a primera vista, no parece reflejar exactamente que los países de la UE y sus gobiernos estén divididos en la misma proporción, a favor de Marruecos o del Frente Polisario, por desgracia para los saharauis, cuya causa ha sido marginada en la escena internacional por casi todos los gobiernos (no sólo los sucesivos de España y Francia) tanto europeos como de la Unión Africana, no digamos ya en Naciones Unidas.

El eurodiputado Raúl Romera ha dado explicaciones clarificadoras del porqué de esta votación, de su significado real y, de pasada, de ciertas limitaciones en cuanto a sus efectos que también conviene tener presentes. Se renegociará otro acuerdo (este vencía en febrero próximo) y el tema del Sáhara Occidental seguirá empantanado en las negociaciones que Marruecos y el Polisario llevan a cabo -se supone- en la sede de Naciones Unidas. En cuanto a que con el Tratado de Lisboa la UE hablaría por fin “con una sola voz”, lo hemos visto una vez más. Cada Estado miembro tiene su propia posición y Catherine Ashton opina que el tema debería ser tratado en Naciones Unidas. ¿Es donde se supervisan los tratados de la UE con países terceros? Gran noticia.

Teherán: una mala copia

01 dic 2011
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

La historia se repite, a veces como farsa, a menudo como un simple remake, es decir, esa segunda versión mala de películas anteriores que tuvieron su público en su momento. La reciente crisis en Irán, con el asalto “espontáneo” de unos airados “estudiantes” iraníes contra la representación del “pequeño Satán” (denominación oficiosa que el régimen iraní da a Reino Unido), no es un problema menor en la política internacional, y no sabemos si tendrá consecuencias inmediatas. Pero las tendrá. He aquí algunas. Por ejemplo, raras veces el Consejo de Seguridad de la ONU toma decisiones tan unánimes y fulminantes como la condena de ese acto, y con China y Rusia a la cabeza. Campeones de la “no intervención”, esos dos miembros permanentes del Consejo tienen auténtica alergia a todo lo que rompa las convenciones y normas (escritas y consuetudinarias) de la diplomacia tradicional, y en esta ocasión tienen mucha razón. La diplomacia puede gustar poco, pero desde hace unos siglos define un mínimo de reglas que los estados –sobre todo cuando están enfrentados– han de respetar para evitar un desastre aún peor. En segundo lugar, el actual régimen iraní es una pésima caricatura de su primera versión. En vida de Jomeini, su fundador y líder máximo, ya unos estudiantes “enfurecidos” tomaron al asalto la Embajada de Estados Unidos en pleno, tomaron como rehenes a más de 50 diplomáticos y los mantuvieron encerrados, dispersos por todo el país, mostrados a la multitud ¡durante 444 días! El asalto fue a finales de 1979 para castigar al entonces presidente Carter, pero lo curioso es que los liberaron a todos el 20 de enero de 1981 para celebrar la toma de posesión (ese mismo día) de Ronald Reagan. ¿Por qué ese día ese regalo a Reagan?
La razón más importante del show del otro día (la televisión oficial había instalado previamente varias plataformas delante de la Embajada para transmitir mejor su asalto “espontáneo”) es que el régimen de Ahmadineyad no sabe cómo quitar protagonismo a los movimientos de protesta del mundo árabe, sobre todo a los que van bien y en la dirección adecuada, no puede soportar que el modelo sea Turquía, y no puede soportar haberse quedado más solo que la una ahora que su aliado en el mundo árabe, Siria, está bajo la lupa del oprobio general. Una pésima actuación.

Se llama usura

18 nov 2011
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Pere Vilanova
Catedrático de Ciencia Política

Ados días de la jornada electoral, la sensación de irrealidad aumenta. ¿Conocen ustedes a alguien que realmente se lea con atención la propaganda electoral recibida por correo ordinario? Es decir, en sobre y papel impreso. ¿Conocen a alguien que conozca a alguien que haya cambiado un voto indeciso por una deslumbrante revelación incluida en dicha propaganda? Más preguntas: ¿les parece que el contenido de dichos sobres describe de algún modo la realidad circundante? Y, sin embargo, se sigue mandando. Dicen los expertos que menos que en anteriores elecciones, para ahorrar, pero quien firma estas líneas la ha seguido recibiendo.
Mientras, de otra galaxia muy lejana llegan datos fidedignos de que la expulsión de Berlusconi, o la de Papandreu, en realidad era un señuelo, porque, habiendo sido sustituidos por gobiernos de santos varones (y alguna razonable mujer), la famosa prima de riesgo y los famosos mercados siguen en lo suyo. A pocas horas del 20-N el paisaje europeo era estremecedor: desde enero de 2010 han caído por vía electoral o no electoral (por ejemplo, Grecia e Italia) una docena de gobiernos, y ello no ha cambiado una tendencia de fondo que parece irse precisando. En realidad se trata de ir a por el euro y, más todavía, el proyecto político que lo encuadra, la zona euro y por extensión la UE. Las contorsiones ya no bastan para enmascarar una hipótesis cuyo calado espanta. El objetivo no es sólo debilitar el Estado del bienestar (eso siempre ha sido un objetivo de sus adversarios desde su fundación). El objetivo es remachar que da igual quién gobierne, da igual que haya o no elecciones, da igual que las campañas electorales duren dos semanas o tres días. El objetivo es demostrar que quien cometa la imprudencia de optar por la política desde las instituciones gubernamentales y estatales, no podrá hacer nada. Sólo podrá “tomar medidas que devuelvan la confianza a los mercados”. ¿Cuáles? Y el problema, hablemos claro, es que nadie sabe qué quieren los mercados aparte de seguir ganando mucho dinero. Si las economías de más de media Europa están supuestamente tan en bancarrota, ¿quién y por qué sigue comprando sus bonos? Para extorsionar intereses cada vez más altos. Se llama usura. Echaremos de menos la tan denostada política.

La otra factura de la crisis

05 nov 2011
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Pere Vilanova

Catedrático de Ciencia Política

Desde hace ya más de tres años, la factura de la crisis ha generado ríos de tinta. Pero en general nos hemos referido a la crisis económica, financiera, y sus consecuencias sociales, tanto en lo relativo a sus costes en recortes al Estado social como en lo relativo a reacciones sociales,
15-M y manifestaciones en diversos países. Todo ello, sin embargo, sigue coexistiendo con el funcionamiento de las instituciones públicas de gobierno, tanto estatales como supra (Unión Europea) y subestatales (comunidades autónomas, diputaciones, gobiernos locales). Que dicho funcionamiento sea percibido como deficiente o malo por la ciudadanía, y no sólo por los movimientos de indignados, no quita que al final del día las eleccio-
nes siguen siendo determinantes. Y mucha gente sigue yendo a votar; con entusiasmos perfectamente descriptibles, pero va.
¿Qué otra factura ha generado la crisis? Desde hace año y medio, se han producido elecciones (en algún caso, sin elecciones ha habido cambio de Gobierno en sede parlamentaria) en 14 países. En diez de ellos, el resultado es que ha caído el Gobierno, y sólo en cuatro (Suecia, Estonia, Letonia y Polonia) repite. El cambio, cuando se ha producido, ha sido hacia fórmulas conservadoras, o liberales, o ambas, con la excepción de Dinamarca, donde la socialdemocracia vuelve al Gobierno. De los cuatro que repiten, dos son conservadores, uno liberal, y el cuarto, Polonia, liberal-socialdemócrata. Por cierto, muy comentado por ser la primera vez que en un país excomunista no se produce alternancia en cada elección. Se podría añadir a ello la significativa lista de derrotas de Angela Merkel en sucesivas elecciones regionales, a las que todos los analistas otorgan valor de test nacional. ¿Lecciones aprendidas? Varias, que darían para más artículos, pero una es que quien ahora vaya a perder, debería quizá tener la vista en el día de pasado mañana, más que en el de mañana. Pensar en dónde estaremos en cinco o seis años, qué hacer durante el camino, e ir reflexionando sobre el hecho de que la relación entre política y economía no consiste fatalmente en que aquella sea la gestora sistémica de los caprichos de esta.

Justicia y venganza

23 oct 2011
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Pere Vilanova

Catedrático de Ciencia Política

Alguien ha comparado el final de Gadafi con, por ejemplo, el de Sadam Husein o en su día el del dictador rumano Ceacescu. Este, en 1989, fue capturado, sumariamente juzgado y someramente ejecutado a tiros. Pero sólo vimos, por televisión y a destiempo, unos planos del supuesto juicio y un plano corto de los esposos Ceacescu ya muertos. Control de la imagen, control de los tiempos de comunicación, eso fue hace más de 20 años.
Con Sadam Husein el control de la imagen fue parcial, hubo algún plano del barbudo y despeinado exdictador sometido a un control médico, y luego los largos planos del juicio y del tribunal. El descontrol se produjo cuando uno de sus guardianes consiguió alguna breve imagen de la ejecución en la horca con su teléfono móvil. Pero pocas imágenes, y el impacto del hecho pasó enseguida.
Lo de Gadafi es otra cosa: transmisión en directo, en tiempo real, y por múltiples video-móviles de su tumultuosa captura y ejecución, que fue llanamente un linchamiento. ¿Se podía hacer de otra manera? En teoría sí. Se le podía capturar, encarcelar y juzgar, todo ello como ejercicio meritorio del nuevo Gobierno (CNT) de cara a una comunidad internacional que le ha echado más de una mano. También es un hecho que Gadafi murió durante un combate por la ciudad de Sirte, intentó huir, sus escoltas se defendieron a tiros y él llevaba en la mano una horterada de pistola de oro. Pero al final ha quedado en el aire un sentimiento de malestar general. Que Gadafi mató y maltrató a miles y miles de personas nadie lo discute, pero el Derecho Internacional Humanitario se creó, quizá como frágil aspiración, justamente para situaciones de extrema violencia, y son responsables de su aplicación todos los que combaten, pero sobre todo los que al final ganan.
Una garantía de que la transición en curso en Libia va en buena dirección pasaría por una demostración de que el CNT, a la espera de que se den las condiciones para estabilizar nuevas libertades e instituciones, controla realmente la situación en términos de orden público. Debe transmitir un mensaje claro: un Gobierno, si aspira a una lergitimidad democrática, no se dedica a la venganza, sino a la justicia. Sobre todo después de una larga dictadura y ante una larga (e incierta) transición.

Las palabras y las cosas

12 oct 2011
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Pere Vilanova

Catedrático de Ciencia Política

Uno de los textos más incomprensibles del desaparecido intelectual Michel Foucault se titulaba así: Las palabras y las cosas, y hablaba de… Las Meninas de Velázquez de un modo deliberadamente oscuro. Lo más interesante del libro era el título. Los seres humanos tenemos lenguaje, y en principio sirve para comunicarnos unos a otros, y por tanto para describir la realidad. Hasta aquí, uno cree decir algo obvio. Pero llega la campaña electoral y, con la ayuda inestimable de los medios, las redes y otros auxiliares sociales, hemos de asistir durante semanas (contando la precampaña electoral) a un sorprendente ejercicio colectivo de mal uso deliberado del lenguaje, es decir, a una serie de repetidas contorsiones de la realidad hechas con la palanca de las palabras. Seamos objetivos: ello no es privativo de la campaña electoral, ni siquiera de la clase política en general, pues en esto también hay grados y diferencias sustanciales. Cuando Duran i Lleida ofende, en el calor de un mitin, a los jornaleros andaluces y/o extremeños, lo hace para buscar el calor de un entregado público, y, cree él, para conseguir votos. Puede que consiga ambas cosas, pero es malo para todos, catalanes, extremeños y andaluces, jornaleros o no. Podría buscar ejemplos mucho más crudos e insultantes en todo el espectro político y social, y por extensión, en bastantes medios de comunicación. ¿Qué no se ha dicho en estos últimos años de “los catalanes”? La ofensa a la inteligencia colectiva es la misma.
Por ir a lo fácil, todavía es más obvia la diferencia en el mundo del deporte. No cabe generalizar, pues Mourinho y Guardiola hablan ambos de fútbol, pero no de la misma manera. Pero donde escribo Guardiola puedo escribir Iker Casillas, que no habla, no piensa y sobre todo, no es como su entrenador.
¿Hemos de perder toda esperanza? Como los místicos del siglo XVI, uno quisiera poder decir: “Nada espero, nada temo”, pero sí que hemos de temer el mal uso de las palabras, con ello nadie gana, todos perdemos. Un refrán atribuido a los sioux oglala (del noroeste de los actuales Estados Unidos) dice: “Cuidado con las palabras, son como las flechas, una vez lanzadas no pueden volver…”.