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Derecha, derechos, Cuba

22 oct 2009

CARLOS TAIBO

El viaje a Cuba del ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, ha vuelto a suscitar las protestas agrias, y rituales, de buena parte de nuestra derecha. Si la preocupación, aparente o real, que el grueso de esta última muestra por los derechos humanos en Cuba se extendiese a los muchos lugares del planeta en los que aquellos son pisoteados, nuestros conservadores deberían acoger en sus filas a decenas de millares de activistas. Al calor de las fórmulas de financiación asumidas por el PP, hay que convenir que la inclusión en nómina de esas gentes no sería tarea inabordable para la primera fuerza política de la derecha española.

Pero lo cierto es que toda la atención que los derechos humanos suscitan en nuestro mundo conservador se concentra en Cuba. Apréciese que en el magma político-ideológico que hoy nos atrae faltan llamativamente las críticas a un país, Arabia Saudí, en el que los derechos más básicos son sistemáticamente conculcados, sin que ello provoque ninguna mala conciencia entre nuestros conservadores, acaso más preocupados por mantener indemnes los flujos de abastecimiento de petróleo y algunas fórmulas de financiación que afectan a reales instituciones. Tampoco han menudeado las quejas en lo que se refiere a las criminales políticas que los dirigentes israelíes han abrazado en Gaza y en el Líbano, o a los asesinatos de sindicalistas y maestros en Colombia; cuando quienes conculcan los derechos son nuestros aliados, es preferible –parece– mirar hacia otro lado. Cerremos una lista que podría ser mucho más amplia con la mención del singularísimo caso de China, un modelo calurosamente elogiado por Esperanza Aguirre y que, como todo el mundo sabe, refleja en plenitud las virtudes de la democracia pluralista y los derechos humanos; poderoso caballero es, claro, y de nuevo, don dinero.

Así las cosas, hay que preguntarse por las razones que explican la obsesión que nuestros conservadores muestran por los derechos humanos –a menudo maltrechos, sí– en Cuba. Sin menoscabar el ascendiente que corresponde a la colonia cubana exiliada, parece que las explicaciones al respecto son tres. La primera da cuenta, claro, del designio de repudiar un sistema político y económico que se rechaza, no por las violaciones de unos u otros derechos, sino por su condición ideológica intrínsecamente perversa; para reactivar el debate correspondiente, ahí está, por cierto, la convocatoria por el PP de una manifestación que, en Madrid, debe celebrar la desaparición, 20 años atrás, de lo que sus portavoces entienden que fue el comunismo. Si la segunda remite a la pervivencia orgullosa de cierto vínculo colonial que se traduciría en el firme designio de seguir tutelando lo que ocurre en América Latina, la tercera y última nos recuerda que, en este como en tantos otros terrenos, los populares no han hecho otra cosa en los últimos decenios que acatar sin rebozo las políticas que, con respecto a Cuba, han defendido los gobernantes de EEUU.

No está de más que subrayemos que, en lo que hace a esto último y entre tanta podredumbre, las posiciones contemporáneas de nuestra derecha son bien distintas de las que avalaron muchos de sus mentores ideológicos, antes dispuestos a recordar la afrenta que supuso 1898 que a contestar los presuntos desmanes a los que se habría entregado el comandante Castro.


Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política

Berlín, ciudad de futuro

21 oct 2009
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CARME MIRALLES-GUASCH

La noche del 9 de noviembre se cumplirá el 20 aniversario de la caída del Muro. Aquel día el Muro desapareció y Berlín empezó a reencontrarse, a ser ella misma y, desde entonces, la ciudad no ha dejado de reinventarse. En septiembre le concedieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2009. A la ciudad se le reconocía, en palabras de Habermas, “el coraje para afrontar de forma abierta las ambivalencias de un pasado común, una reurbanización urbana comprometida y rápida, y el atractivo de una vida cultural llena de vitalidad”.

Cada época tiene su ciudad de referencia. Lo han sido Londres, París, Nueva York o San Francisco. Cada una, en distintos periodos, lideraron una forma de hacer ciudad. Ahora es el turno de Berlín. Sin embargo, esta ciudad no ha tenido una historia ni fácil ni lineal. A principios de siglo XX Simmel, al analizar el fenómeno creciente de la urbanización, se centra en la experiencia de Berlín para describir el auge de la cultura y la sociedad metropolitanas. Era la ciudad más cosmopolita, incluso más que París. Años después sería una ciudad bombardeada, troceada, partida y, finalmente, reunificada, lo que ha implicado políticas urbanas de reconstrucción y reunificación. Nada fácil.

La reconstrucción de la ciudad, después de la Segunda Guerra Mundial, se hizo a partir de conceptos urbanos contrapuestos, como distantes eran sus sistemas políticos. En el Berlín Este, una ciudad monocéntrica, cercana a las premisas de la carta de Moscú, donde el centro tenía que permitir las manifestaciones políticas, los desfiles militares y las diversas expresiones del poder comunista. El Berlín Oeste, una ciudad aislada de su entorno, mantenía un modelo policéntrico y se inspiraba en la carta de Atenas.

La reunificación y su posterior transformación en capital de Alemania no ha tenido que resolver sólo cuestiones urbanísticas y arquitectónicas. No se trataba únicamente de hacer desparecer un muro que dividía una ciudad y, con ello, reconectar sus calles, sino de hacer emerger una ciudad donde antes había dos ciudades que se habían reconstruido a partir de paradigmas urbanos opuestos. Ello significaba que las políticas urbanas tenían que rehacer no sólo los tejidos urbanos, sino también los culturales, los sociales y los económicos. A esto se añadía la necesidad de conectar la ciudad con sus alrededores más o menos inmediatos y, además, darle a todo ello un sentido de capitalidad de un mundo nuevo que emergía con el fin de la Guerra Fría.

La nueva ciudad-capital, de casi cuatro millones de habitantes, ha construido ferrocarriles, redes de metro, nuevos edificios, ha creado nuevas centralidades y usos del espacio público. Pero lo más importante es que lo ha hecho desde la inclusión de las diferencias, desde el reconocimiento de sus desigualdades y desde la distancia social y política en que se encontraban sus dos partes. Desde la voluntad de reconciliación social y desde propuestas urbanas dirigidas hacia el futuro y que la sitúan hoy como ciudad de referencia, todo ello opciones políticas para un nuevo Berlín.

Carme Miralles-Guasch es profesora de Geografía Urbana

Refundación del PP

20 oct 2009
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RAMÓN COTARELO

No hay sondeo o estadística de prestigio de las instituciones en cualquier sociedad democrática en donde los partidos políticos no aparezan al final o casi al final de la lista. Y lo mismo sucede con las estadísticas de la percepción de la corrupción: los partidos se cuentan invariablemente entre las instancias consideradas más corruptas. Este es el trasfondo de desconfianza sobre el que hay que valorar el monumental escándalo de corrupción que afecta al PP con la trama Gürtel y el modo profundamente erróneo que ha tenido de gestionarlo.

La dirección nacional conservadora empezó por acusar al juez instructor de falta de imparcialidad y malevolencia; continuó atribuyendo intenciones nefandas a las fuerzas de seguridad y la administración de justicia; pretendió que todo era un montaje con la connivencia de los medios de comunicación no amigos; sostuvo que estaba siendo objeto de una persecución ilegal desde los aparatos del Estado y, por último, quiso reducir las responsabilidades a unos cuantos comportamientos individuales de gentes ajenas al partido pero que pretendían aprovecharse de él. Así creyó poder salir del paso con una faena de aliño forzando algunas dimisiones de personas de segunda fila y algunas destituciones de otras directamente imputadas, aunque no de todos sus cometidos. Y dejó la primera línea de responsabilidades políticas intacta.

Cuando el PSOE sufrió un episodio similar, aunque de menor calado, en los años noventa, le costó perder dos elecciones seguidas (en una de ellas, además, el Gobierno) y cambiar dos veces de dirigente nacional. En estas circunstancias, el PP no ha sabido o querido actuar en consecuencia, tranquilizado por la impresión errónea de que los escándalos de corrupción no tienen coste electoral, lo que es obviamente falso. No tiene coste electoral inmediato (también el PSOE volvió a ganar las elecciones de 1993) porque el voto tiende a ser inelástico y porque, en este caso concreto, el partido afectado por la corrupción no está en el gobierno. Pero es un error garrafal pensar que no tiene coste en absoluto. Al contrario, precisamente porque llueve sobre mojado en un sistema que, como todos los democráticos, desconfía de los partidos (a los que, por otro lado, considera imprescindibles para el mantenimiento de la democracia), las consecuencias suelen ser demoledoras.

La oposición conservadora no ha sabido responder a las circunstancias de la corrupción y el grado de deterioro está ya muy avanzado. Es posible, aunque dudoso, que, sometido a una ratificación, Rajoy vuelva a ser proclamado presidente del PP. Lo que está claro es que, cuando todo el sumario sea conocido y puedan aquilatarse mejor las responsabilidades, el PP tendrá que convocar un congreso extraodinario del que debe salir un reconocimiento de culpa en el escándalo, una batería de reformas que lo hagan imposible en el futuro y una refundación del partido para mantener un voto que, según los sondeos, está escapándose a raudales, so pena de retornar a los tiempos del techo electoral de incondicionales de Alianza Popular.

Ramón Cotarelo es catedrático de Ciencias Políticas

Un balance de la era Obama

19 oct 2009
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CARLOS TAIBO

La polémica concesión del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama es una buena ocasión para formalizar un balance de lo ocurrido desde que, en enero pasado, el galardonado asumió la Presidencia de Estados Unidos. Aun admitiendo que Obama es preferible, sin duda, a su antecesor, parece que hay motivos suficientes para que plieguen velas quienes percibieron en el otrora senador por Illinois un poderoso estímulo para el cambio en un sinfín de relaciones planetarias.

Digamos, por lo pronto, que en el plano interno es obligado reconocer los esfuerzos de Obama en lo relativo a la generación, en Estados Unidos, de un sistema sanitario universal y gratuito. Es verdad, con todo, que no han faltado las informaciones que dan cuenta, del lado del presidente, de una franca connivencia con muchos de los poderes económicos tradicionales. En lo que a esto se refiere, hace un año, y al calor del apoyo de Obama al programa de rescate de un puñado de inmorales instituciones financieras situadas al borde de la quiebra, ya tuvimos la oportunidad de comprobar que no era oro todo lo que relucía, o, en su caso, que las presiones sobre el recién elegido presidente surtían rápidamente sus efectos.

Tampoco faltan las disputas en lo que atañe al perfil de la política exterior de Obama. Reconozcamos que hay al menos un par de ejemplos que ilustran movimientos interesantes. El primero llega de la mano de una visible reducción de tensiones con Rusia, acompañada de lo que parece –anotemos esto con algunas cautelas– un programa relativamente ambicioso de reducción de armamentos. El segundo lo aporta una relación más suave con Irán, y ello por mucho que en este caso no deba descartarse un futuro tono agresivo en la política norteamericana. Las buenas noticias acaban, sin embargo, ahí. Mientras el panorama iraquí no parece muy distinto del que legó Bush hijo, Estados Unidos asume con rotundidad en Afganistán una operación imperial a la vieja usanza. Entre tanto, Obama –más allá de alguna ritual condena de las nuevas colonias israelíes– nada ha hecho para desatascar el embrollo palestino, con el vivo beneplácito, por cierto, de un Netanyahu que se las prometía difíciles y hoy se halla razonablemente contento. Para cerrar el círculo, el asunto de las nuevas bases
norteamericanas en Colombia, y con él el tono alicaído de la respuesta de Obama ante el golpe hondureño, pone en un brete la credibilidad de la política estadounidense en América Latina.

Pero más importante que todo lo anterior –admitamos que aún hay tiempo para que se produzcan cambios en los escenarios mencionados–, lo peor es la ausencia dramática de nuevos horizontes en lo que se refiere a dos cuestiones vitales. Reseñemos, en primer lugar, que el compromiso del nuevo presidente en lo que se refiere a la lucha contra el cambio climático ha resultado ser lamentablemente liviano; lo suyo es concluir que, una vez más, Obama ha sucumbido a las presiones de las grandes empresas estadounidenses. Y agreguemos que no consta que nuestro hombre muestre ninguna preocupación seria ante los problemas que acosan a los más de tres mil millones de seres humanos condenados a malvivir con menos de dos dólares cada día.

Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política

A hombros de gigantes

18 oct 2009
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MIGUEL ÁNGEL QUINTANILLA FISAC

Desde que Isaac Newton justificara, con modestia, sus éxitos científicos con aquella frase (“si he podido ver un poco más lejos es porque iba subido a hombros de gigantes”), la expresión se ha convertido en una referencia obligada para aludir al carácter cooperativo y acumulativo de la ciencia. Todo buen científico sabe que sus éxitos son siempre la culminación del trabajo de muchos otros colegas, actuales y del pasado. La paradoja reside en que, mientras todo el mundo sabe reconocer los méritos de Newton, nadie recuerda los nombres de aquellos gigantes a cuyos hombros él se había subido para conseguir sus propios éxitos.

En realidad, la dinámica de la ciencia no es tan simple como la expresión de Newton parece reflejar. Por una parte los gigantes parecen ser los Newton, Einstein o Darwin, a cuyos hombros cualquier investigador desearía subirse para poder ver más allá. Pero por otra parte son precisamente estas primeras figuras del reparto las que necesitan una legión de científicos anónimos sobre los que apoyarse para representar su papel protagonista, como el propio Newton reconocía (algunos creen que irónicamente) en su famosa carta a Hooke.

Por cada artículo que se publica en una revista científica y que recibe el reconocimiento de diez colegas que lo citan, hay por lo menos otros cien que pasan desapercibidos. Por cada científico que obtiene un premio Nobel hay cientos de miles a los que casi nadie conoce ni agradece su trabajo. Y ampliando un poco el foco, por cada nuevo investigador que inicia una carrera de éxitos científicos, hay una legión de anónimos maestros y de compañeros de estudios que primero alentaron y compartieron su curiosidad y su espíritu científico en las clases de primaria y secundaria, luego aprendieron juntos los rudimentos de la ciencia en el bachillerato y finalmente se formaron como científicos en la universidad. Todos ellos desaparecen de la escena cuando el pupilo publica su primer artículo de investigación original. Pero ellos son los gigantes anónimos a cuyos hombros el joven o la joven científica ha empezado a caminar.

Recientemente he podido conocer a algunos de estos anónimos gigantes, que participaron en el concurso Ciencia en Acción, cuya décima edición se ha celebrado en el Parque de las Ciencias de Granada. Allí vi a jóvenes adolescentes de un Instituto de Secundaria de Andalucía, llorando de emoción con su profesora porque arrasaron con sus experimentos de química. Allí vi a un estudiante catalán de FP que había construido, dirigido por su profesor del instituto, y utilizando materiales reciclados, una fábrica de cerveza, que podía cargarse y trasladarse completa en una pequeña furgoneta. O a un grupo de jóvenes intérpretes capaces de crear una sinfonía multimedia de sonidos, formas y colores con imágenes científicas y con una maestría admirable.

Fue genial poder contemplar la extraordinaria vida intelectual de ese grupo de gigantes anónimos, sobre cuyos hombros algunos de ellos podrán elevarse y marcarnos en un futuro próximo los nuevos horizontes de la investigación más avanzada. Estoy seguro de que esos profesores no necesitan subirse a una tarima para que sus alumnos los adoren. Enhorabuena a todos y gracias por la oportunidad de compartir sus ilusiones.

Miguel Ángel Quintanilla Fisac es catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia

Guerra de las monedas

17 oct 2009
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JUAN FRANCISCO MARTÍN SECO

Se habla de crisis mutante para describir cómo las dificultades se han ido trasladando desde su origen: un sector de crédito concreto de Estados Unidos, el de las hipotecas subprime, hasta todo el sistema financiero mundial, para pasar más tarde a la economía real y, en estos momentos, afectar al mercado de divisas. La moneda de reserva, el dólar, cae en picado, mientras los bancos centrales del sureste asiático pretenden impedirlo.

Nuestra extrañeza puede proceder tan sólo de habernos negado a ver la verdadera causa del problema: los desequilibrios económicos creados por un mundo globalizado. Nadie osa cuestionar la libre circulación de capitales, es tabú.

Obama, en la última reunión del G-20 en Pittsburgh, se atrevió a plantear la cuestión, digamos más bien que a insinuarla, porque lo hizo en términos tan suaves que nadie se dio por aludido. Todo quedó reducido a que los líderes mundiales acordaron trabajar conjuntamente para resolver los desequilibrios globales. Nadie quiso poner el cascabel al gato. Nadie habló de tipos de cambio. Y, sobre todo, nadie dijo cómo se iban a solucionar los desajustes. Resulta una ingenuidad pensar que los países por sí mismos se van a disciplinar para evitar unos los superávits y otros los déficits a los que tienden actualmente sus respectivas economías.

En 1980, las balanzas por cuenta corriente de todos los países se encontraban, con pequeñas diferencias, equilibradas. Desde entonces, al tiempo que se instauraba la libre circulación de capitales, los desajustes se han ido incrementando de forma considerable: China, Japón y los países del sureste asiático han acumulado superávits cuantiosos, mientras que Estados Unidos, Suráfrica y Canadá incrementaban fuertemente el endeudamiento. Los primeros prestaban a los segundos para que así pudieran comprar sus mercancías, siendo estos flujos descontrolados de capitales los que han propiciado la burbuja especulativa.

Para cerrar la brecha de su balanza de pagos y reactivar su actividad económica, EEUU necesita que el dólar se deprecie frente al yuan chino, el yen japonés y las divisas de los países asiáticos. A su vez, China, Japón y el resto de países asiáticos precisan que la moneda americana no pierda valor frente a sus divisas, en primer lugar, para no perder competitividad y mantener sus exportaciones y, en segundo lugar, para que no se reduzca la cuantía de sus inversiones, que se encuentran materializadas en gran medida en dólares.

¿Y Europa? Europa se encuentra en una situación aún peor. Alemania, Suecia y Holanda presentan fuertes superávits en el sector exterior, mientras que España, Portugal, Irlanda, Italia y Reino Unido tienen abultados déficits. Dejando al margen a Suecia y Gran Bretaña, que no pertenecen a la Unión Monetaria, todos los otros países tienen la misma moneda, el euro. Para equilibrar sus balanzas por cuenta corriente no pueden contar con variaciones correctoras en la paridad de sus divisas. Y que nadie piense que el problema es sólo de los países deudores; en una crisis global, antes o después, los acreedores correrán la misma suerte.

Juan Francisco Martín Seco es economista

Hipatia de Alejandría

16 oct 2009
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CARMEN MAGALLÓN

Alas pantallas de los cines ha llegado la película de Alejando Amenábar Ágora, en la que, a través de una superproducción, emerge la figura de Hipatia de Alejandría, destacada científica que vivió en el siglo IV, para la mayoría de la población una perfecta desconocida. No hablaré de la película, que está siendo ampliamente reseñada y que, aunque estoy en ello, todavía no he podido ver. Lo que me interesa destacar es la reflexión que hacía su director en una de las entrevistas publicadas en estos días.

Todavía me estoy preguntando, decía Amenábar, cómo es que a nadie se le había ocurrido antes hacer una película sobre tan destacada astrónoma y filósofa. Una pregunta en la que vale la pena apoyarse como un surfista en una ola, pues en este mundo de hoy el eco de las preguntas viene a depender mucho de quién las formula, y a menudo ni eso es suficiente para que determinados interrogantes fructifiquen.

Efectivamente, he ahí la cuestión: ¿por qué Hipatia fue relegada del elenco de personajes de la Historia? ¿Cómo, por qué, y a través de qué mecanismos funciona la ocultación, la invisibilidad, el dejar en el olvido a esta y a tantas otras mujeres sabias del pasado?

Para los estudios de Historia de la Ciencia que toman como variable relevante el sexo, Hipatia es el origen de una genealogía a la que, con el paso de los siglos, pertenecieron médicas, físicas, matemáticas, astrónomas, químicas, filósofas. Por eso, un libro con referencias y biografías de las más destacadas de entre ellas, y que conocimos hace más de dos décadas, tenía por título El legado de Hipatia. Hay que decir que la mayoría fueron conocidas en su época, pero su rastro histórico es intermitente, y predominan amplias fases de olvido. Y es que como la llamada corriente principal de la transmisión histórica –siempre tutelada por los patriarcas de turno– no acaba de incorporarlas como merecen, cada generación ha de redescubrirlas y rescatarlas.

Con este fondo, la irrupción mediática de la Hipatia de Amenábar, así, a lo grande, es una contribución a la igualdad que nos produce una satisfacción enorme. Porque, como escribe Amelia Valcárcel, el techo de cristal no sólo lo constituyen los puestos a los que las mujeres no acceden o lo hacen a cuentagotas; si hay un techo que sigue siendo inaccesible para una mujer es el de la sabiduría. Y también queremos romperlo. Al igual que es de justicia cobrar igual salario por igual trabajo, compartir las tareas de crianza y llegar a los mismos puestos, también lo es compartir la excelencia y que se reconozca la autoridad de las sabias. Hay muchas más de las que se conocen y, como en el caso de la egipcia, su conocimiento y reconocimiento aumentará los horizontes de libertad para expresar la vivencia en un cuerpo de hombre o de mujer allende la mezquindad de los estereotipos.

Agradezco a Valcárcel, una de nuestras sabias actuales, sus brillantes escritos. Y a Amenábar su capacidad para mirar el mundo de otra manera. Sin los libros de ella y las películas de él, seríamos peores y más ignorantes.

Carmen Magallón es doctora en Físicas y directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz

Doble juego

15 oct 2009
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FRANCISCO BALAGUER CALLEJÓN

El PP había cerrado –quizás prematuramente– el círculo de la conspiración universal: ya no eran sólo el Gobierno, los fiscales, los jueces, la Policía y algunos medios de comunicación los que participaban en una operación destinada a perjudicar a ese partido. También los propios integrantes de la trama de corrupción se habían aprovechado del PP y le habían perjudicado. En realidad, este planteamiento no es nuevo, ya que, desde el principio, ha querido personarse como acusación particular en los procesos judiciales y ha pretendido jugar en los dos bandos. Ha saltado continuamente de un lado a otro de la línea fronteriza, disparando en los dos frentes y sembrando el desconcierto por doquier.

Bien es verdad que los disparos que el PP ha realizado hasta ahora en su campo son sólo de fogueo: suspensiones temporales, dimisiones de algunos cargos manteniendo otros y, como trasfondo, la pretensión permanente de identificar responsabilidad penal y responsabilidad política, de tal manera que la puerta quede abierta para un eventual retorno de los implicados, si no son condenados en los procesos judiciales en curso.

Lo que nos ha venido a decir el PP durante estos meses es que consideraba adecuado para desempeñar cargos públicos a cualquiera, por reprobable que fuera su comportamiento, siempre que los tribunales no lo sancionaran como delictivo. Poco importaba que se hubiera lucrado con regalos de fondos procedentes de nuestros impuestos, obtenidos por una trama corrupta que había contratado irregularmente con la Administración. Poco importaba la imagen de degradación moral que se trasladaba a la sociedad española. Lo único que parecía importar a los dirigentes del PP era capear el temporal remitiendo a futuras decisiones judiciales.

Pero el doble juego del PP ha conducido a situaciones tan grotescas como el intento de mantener a Camps en su cargo a costa de la dimisión del secretario general del partido en la Comunidad Valenciana. La laboriosa identificación de las responsabilidades políticas con las judiciales, amañada por los dirigentes nacionales, ha quedado en evidencia con la alegación de Costa de que él no está imputado actualmente de ningún delito. Porque, efectivamente, con Costa, la doctrina anterior ha cambiado y –por primera vez– se exigen responsabilidades políticas con independencia de las judiciales. Pero el interesado se ha resistido hasta donde ha podido y ha dado a entender que el círculo de la conspiración universal puede reabrirse y ampliarse. ¿Quién se alegra ahora de que el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana lo exculpara tan rápidamente?

Por mucho que en Valencia quieran mantener la fiesta, lo cierto es que el alboroto ya se acabó y ahora empieza otra etapa en la que resultará difícil evitar el fuego cruzado. Los dirigentes del PP tendrán que hacer algo más que utilizar balas de fogueo en su propio campo para disipar la imagen de doble moral que llevan proyectando durante meses. Si siguen sin marcar una línea clara van a terminar por recibir disparos –estos sí de fuego real– de sus propias filas.

Francisco Balaguer Callejón es catedrático de Derecho Constitucional

Fiasco olímpico

14 oct 2009
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JOSÉ MANUEL NAREDO

No son los madrileños quienes se empeñaron dos veces en presentar a su ciudad como candidata a albergar los Juegos Olímpicos. Rastreando el origen de esta decisión doblemente perdedora veo que vino de arriba. Según nos confiesa el antiguo alcalde de Madrid Álvarez del Manzano, “organizando el Plan urbanístico para 2001 nos preguntamos ¿qué necesita Madrid?, y enseguida nos dimos cuenta de que a la ciudad le faltaba la organización de algún acontecimiento importante…”. Desde el despotismo del poder municipal se decidió que la mejor manera de colmar tan “grave” necesidad de la urbe madrileña pasaba por hacerla sede de los JJOO. Y, manos a la obra, sin consultar a la ciudadanía, se decidió dar prioridad al proyecto y al gasto olímpico en detrimento de otros más directamente orientados a cubrir las múltiples carencias de la ciudad.

¿De dónde sale la tan cacareada unanimidad en torno al proyecto olímpico cuando no ha habido referendos para pulsar la opinión de los madrileños? Sin este conocimiento la unanimidad esgrimida para apoyar la candidatura no deja de ser un invento demagógico de sus promotores que manifiesta el divorcio entre la ciudadanía y las elites políticas y empresariales. Esa demagogia se apoyó en “manifestaciones populares” tan organizadas desde arriba como las de adhesión al régimen franquista y en un consenso elitista que implicó mayoritariamente a partidos políticos y sindicatos, al presidente del Gobierno y al jefe de Estado, codo a codo con un empresariado entusiasmado ante el enorme filón de miles de millones de euros de gasto público en adjudicaciones ligadas al empeño olímpico.

Durante el primer intento fallido, el alcalde Gallardón advirtió a la ciudadanía que en cualquier caso, fuera o no Madrid la sede de los JJOO, “las obras se harían”. Y, efectivamente, Madrid se fue colgando anticipadamente la medalla mundial de las obras. Además de líder en consumo de cemento, Madrid fue la única gran aglomeración que llegó a contar con una docena de tuneladoras de gran sección funcionando a la vez, mientras avanzaba a ritmo trepidante la construcción de infraestructuras más o menos olímpicas, lo que permitió presentar como mérito de la candidatura madrileña la realización anticipada de buena parte de los proyectos. Pero lo que se presentó como gran mérito de la candidatura, resulta un gran demérito para la ciudadanía, que, sin haber sido consultada, vio desarrollarse semejante aquelarre de obras que tarde o temprano tendrá que sufragar, aunque no correspondan a sus prioridades, ni redunden con claridad en mejoras de la calidad de vida urbana.

Al ser derrotada la candidatura olímpica de Madrid por enorme goleada, no cabe esa complacencia que insiste en que el equipo responsable hizo bien los deberes y que todo ha redundado en beneficio de Madrid. Parece el momento de pedir responsabilidades por haber defendido con todo lujo de medios y apoyo institucional un proyecto perdedor y, sobre todo, por haber utilizado el paraguas olímpico como pretexto para promover un rosario de megaproyectos que ahora ponen al municipio de Madrid a la cabeza del endeudamiento y la voracidad recaudatoria.

José Manuel Naredo es profesor ad honórem, Departamento de Urbanística, ETS de Aquitectura de Madrid

Imnunidad e impunidad

13 oct 2009
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FRANCISCO BALAGUER CALLEJÓN

La Corte Costituzionale italiana ha declarado la inconstitucionalidad de la Ley de 23 de julio de 2008 sobre “Disposiciones en materia de suspensión del proceso penal en relación con los altos cargos del Estado”, conocida también como Ley Alfano por el Ministro de Justicia del Gobierno Berlusconi que la promovió. La Ley establecía, en el apartado 1 de su artículo único, la suspensión de los procesos penales del presidente del Consejo de Ministros (entre otros altos cargos) desde el momento en que ocupara su puesto hasta que cesara en el ejercicio del mismo. De manera expresa, el último inciso de ese precepto disponía que la suspensión se aplicara a los procesos penales abiertos por hechos anteriores al momento en que se comenzara a desempeñar el cargo. Por si pudiera haber alguna duda, el apartado 7 de ese artículo único establecía que la suspensión era también aplicable a los procesales penales en curso en el momento de entrada en vigor de la Ley, cualquiera que fuese la fase en la que se encontraran.

Como se puede comprender, la Ley había sido hecha a medida de Berlusconi, para suspender el proceso que se seguía en Milán contra él por el asunto del abogado inglés David Mills. Más allá de las cuestiones formales relativas al tipo de ley que se aprobó, se trataba de una norma contraria al principio de igualdad establecido en el artículo 3 de la Constitución Italiana, como ha declarado la Corte Costituzionale.

En realidad, lo que pretendía era justamente situar a Berlusconi por encima de la Ley o, como muy bien dijera el constitucionalista italiano Alessandro Pace, convertir la inmunidad en impunidad. Desgraciadamente no es algo exclusivo de Italia, como hemos tenido ocasión de ver recientemente, ya que hay muchas vías para procurar la impunidad de cargos públicos que han realizado actividades presuntamente delictivas. Sin embargo, la pretensión de establecerla por medio de una ley ha resultado especialmente escandalosa aunque, por fortuna, la declaración de inconstitucionalidad ha vuelto a situar a Berlusconi en el lugar que le corresponde, frente a un futuro incierto, si tenemos en cuenta sus procesos judiciales pendientes.

Siguiendo un patrón de conducta que ya conocemos, Berlusconi ha intentado desacreditar a la Corte Costituzionale, a los magistrados que deben juzgarle y al presidente de la República. Sin embargo, en una intervención telefónica en el programa televisivo Porta a Porta el pasado día 7, se topó con una respuesta contundente a una de sus salidas de tono (“usted es más bella que inteligente”) frente a María Rosaria Bindi: “Yo no estoy a su disposición, presidente”, le contestó la vicepresidenta de la Cámara de Diputados italiana. Esa es justamente la raíz del problema: todas las mujeres y los hombres que en Italia han estado y siguen estando a disposición de Berlusconi. Quienes han mirado para otro lado o han minimizado sus fechorías, quienes han justificado y siguen justificando su pretensión de impunidad. Sin esas personas, Berlusconi no sería hoy nada.

Francisco Balaguer Callejón es catedrático de Derecho Constitucional