Lección para la esperanza
Madrugada del 5 de agosto de 1939. “Victorita se me abrazó al cuello, a mi vestido, llorando. Mari, Mari, vienen a por mí, que me matan… Y yo no podía soltarla… Estaba agarrada a mi cuello… Y no podía soltarla…Llegaron Martina y Anita. Anita dijo: Victoria, un poco de dignidad… Y se fueron, se las llevaron”. Mari Carmen Cuesta, la Peque, era amiga de Las trece rosas ejecutadas ante las tapias del cementerio del Este. La mitad eran menores. 70 años después, la Peque es incapaz de sofocar los sollozos cuando rememora.
Esta vez habla en el documental de Montes Salguero, en la exposición Presas de Franco, en el Cuartel de Conde Duque. Las trece jóvenes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) han sido recuperadas en libros, documentales, teatro y cine. Lo que aporta Presas de Franco es el contexto en el que sucedieron aquellos hechos y otros tan brutales como el suicidio de Matilde Landa. La tragedia de miles de mujeres que peregrinaron por las prisiones franquistas en los años negros de una posguerra interminable, que cambió sus vidas para siempre. Lo dice una de las protagonistas del documental: “Hubiera preferido que me fusilarán y dejar de soportar humillaciones, torturas”.
Tomasa Cuevas, Teresa Pàmies, Julia Manzanal, Trinidad Gallego, Concha Carretero y otras muchas, hablan, “para que los jóvenes sepan valorar lo que ahora no valoran”. “No quiero que me pidan perdón. Lo que pido es justicia”, exige Maria Salvo (Cionin) en la sala oscura del Conde Duque, dónde un puñado de gentes se estremece. Justicia y no más olvido.
El regreso del sombrío cuarto de proyección al patio del Conde Duque, donde brilla el sol primaveral de Madrid, es una vuelta a la realidad. Si ellas están ahí y aún pelean ¿por qué temblar hoy por el despido del mes que viene, por un sistema que se derrumba y todos eluden asumirlo? ¿No acabamos de asistir a una lección para la esperanza?









