Morirse joven sin arruinar el mito
Tutankamón tenía 19 años cuando murió; Alejandro Magno, 33, como Jesucristo; el Che, 39, Kennedy, 46. Si nos desviamos hacia la música, donde habitamos estos días, Mozart se despidió a los 35, Chopin con 39. Se largaron pronto y tienen trono en el
Olimpo.
La música del siglo XX ha superpoblado el monte de los dioses. Con la inestimable ayuda del alcohol, las drogas y los aviones, los dioses griegos tuvieron que ampliar el número de butacas. Y además se descubrieron nuevas formas de volar. Jimmy Hendrix (28 años) o Jannis Joplin (27) fueron clásicos de la sobredosis. Elvis Presley (42), Jim Morrison (28), el guitarrista de The Doors o John Lennon (40) dan de comer al misterio, según la clasificación de María Sánchez.
Los nuevos pájaros del cielo pusieron lo suyo. Buddy Holly (22) Ritchie Valens (18) y Big Booper (28) se estrellaron un 3 de febrero de 1959. Otis Reding (26) lo hizo después con su banda. Pero lo que más morbo tiene son los suicidios. Sobre Sid Vicious (21), bajista de Sex Pistols o Kurt Cobain (27), líder de Nirvana, corren miles de leyendas entre las últimas generaciones adolescentes. A falta de líderes y dioses, ¿los músicos son un referente al borde del abismo?.
Michael Jackson (50) ya está en el Olimpo. Avanza la leyenda. ¿Sobredosis? ¿Suicidio? Sus fans elegirán la versión, pero algún realista estropeará el misterio. Ahí está el caso del pobre Tutankamón. Milenios creyendo que había sido asesinado y murió de algo tan vulgar como una infección. ¡Ni hablar! Las autopsias de Jackson no nos arruinarán la leyenda.









