Hay gente que se ha abierto una cuenta en libras en un banco británico en Madrid y otras ha enviado los ahorros para los estudios de sus hijos a la central en Frankfurt de un banco alemán con ficha bancaria en España. Estas gentes leen la prensa y procuran estar al día de la situación política y económica. Confirman sus temores cuando leen a la directora del Financial Times en EEUU, Lillian Tett: “Espero que España se haya preparado para volver a la peseta”; o se enteran de que en una encuesta entre más de 1.000 clientes de la agencia económica Bloomberg, parte de los expertos no descartan la quiebra de España. Cuando leen estas cosas no recuerdan que los economistas predicen el pasado y el ejemplo es esta Gran Recesión.
Por eso, en las comidas de Navidad la pregunta al cuñado más “financiero” será ¿qué hago con mis ahorrillos? La duda competirá con la jeta que tiene Urdangarín y el marrón que le ha caído al Rey. Para muchos es la cara y el reverso de una misma moneda, de una época que concluye.
De poco o nada servirá la respuesta del cuñado –aunque sea la vulgar, que compres oro- porque el miedo cunde entre los pequeños ahorradores. Los grandes hace tiempo que tomaron sus medidas. Por suerte, en esa reunión familiar habrá una hermana que dirá que lo mejor es fundirselo todo en viajes y Navidad antes de que el mundo se vuelva más loco, mientras la suegra cuenta al nieto como eran las pesetas. “Unas llevaban la cara de Franco y otras las de Juan Carlos. No sé si las próximas llevarán la del príncipe Felipe, futuro Rey”. Y ése será otro asunto para la cena. ¿Felipe de Rey y en una peseta?
Seguro que no es políticamente correcto, pero Juan Antonio R.C. era un emprendedor. Durante un año robó 3.000 carros de la compra en los supermercados. Los vendía para chatarra y ha ganado 290.000 euros. La chatarra es un negocio que desconozco, pero muchos euros me parecen.
El viernes, cuando se conoció el número de parados de noviembre -otras 59.000 personas- la noticia del ladrón de carritos estaba entre “lo más visto” de los medios digitales. Sospecho que no soy la única incorrecta que sintió una corriente de simpatía y comprensión –vale, puede que peligrosa- hacía el emprendedor Juan Antonio que tuvo la idea de hacer negocio con los artilugios de las grandes superficies. Ahora se arriesga a pasar una temporada a la sombra. Hará compañía a tantos chorizos de escasa monta que pululan por las cárceles, porque de los de mucha monta –como los responsables de la crisis bancaria y de la Gran Recesión, de los millones y millones de parados- no tenemos noticia. Tres años después de que comenzara la debacle, si nos preguntan cuantos culpables de la crisis hay encarcelados, solo nos sale uno: Madoff.
El ingenio de Juan Antonio es la envidia de Armando, un parado de larga duración que ya es un paria y cada noche pasa por el barrio buscando en los cubos de basura. Lo encuentro cuando salgo con los perros. “Ahora vengo antes porque hay otro ca… que ha descubierto el barrio. O varios. Para Navidad haremos cola cuando el portero saque la basura…Sí, el tipo de los carritos tuvo una buena idea” remata, mientras hunde la cabeza en el cubo gris.
Sospecho que a estos emprendedores no les podrá apoyar el Gobierno de Rajoy.
Desde Juan Negrín, presidente de la República en 1937, ningún presidente del Gobierno español ha hablado inglés. El doctor Negrín sabía idiomas. Y el inglés “bastante bien”. Podía pasar por un británico según confesión propia. Rajoy no será una excepción, aunque da clases para poder charlar con Obama, según confesión de sus colaboradores. Pero nunca se sabe si confiesan que el jefe estudia el idioma por fastidiar a Moragas, cuyo principal mérito como sombra de Rajoy es su inglés.
Ni Merkel ni Sarkozy hablan inglés. Ni la alemana conoce el francés ni Sarkozy el alemán. Pero hay talantes. En las cumbres, es fácil observar como Sarko acorta distancias con Ángela mediante contacto físico – mano en el hombro, toque en mejilla- sin la rijosidad de Berlusconi. Suárez y Felipe González tampoco conocían la lengua de Shakespeare, pero dominaban el lenguaje del cuerpo, algo que no tenían Calvo Soleto, Aznar –excepto con Bush y el acento tejano- o Zapatero, que en esas citas siempre parecía descolocado. Tampoco la expresión corporal es el fuerte de Rajoy. Con todo, que no hable inglés no es problema de Estado. Estudia y no es más tonto que Aznar dicen los suyos.
Pero el dato es importante a la hora de designar al titular de Economía. González Páramo, Piqué, Rato, De Guindós y Caruana hablan inglés fluido, cosa que no sucede con Montoro, candidato del aparato de Génova, que tiene un nivel medio y cuando la crisis desbarata el planeta no es momento para pasillear por el mundo sin dominar la lengua del imperio. En los pasillos se cuece todo. Este puede ser un argumento propio de Rajoy al fiel Cristóbal, para no hacerle número uno de Economía. ¿O no?
Lunes, 21 de noviembre, ocho de la mañana. Ya deberíamos saber quien es el hombre de Rajoy para Economía, ese que se asará a fuego lento, al estilo de las reses del Lejano Oeste. A ese tipo –que debería ser conocido en Europa- los compañeros del futuro Gobierno le deben la ola por aceptar el cargo.
A estas horas la señora Merkel, piloto del directorio de Bruselas, debería de tener claro a quién llamar si la prima de riesgo sigue imposible; Zapatero y Rajoy tendrían que estar listos para explicar a la dama teutona que el traspaso de poderes se hará de forma eficiente, rápida y sin contratiempos, porque hace semanas que lo están hablando. (Esto parece verdad). E incluso que tienen informes de las altas instancias del Estado y listos los mecanismos para que el Gobierno en funciones de Zapatero –que sólo puede gobernar en temas ordinarios- pueda actuar con propuestas del futuro Gobierno de Rajoy si la amenaza del rescate continúa. Bueno, rescate no, porque es imposible rescatar a España o a Italia, aunque sí puede intervenir el FMI.
A estas horas de lunes vestido de azul, además de Merkel y Bruselas, los especuladores deberían de saber que no se aprovecharán de un mes de vacío de poder para machacar a la democracia y a millones de ciudadanos; que cuando hoy intenten otra vuelta de tuerca a España para seguir forrándose, el gobierno que sale y el que entra tienen acordada una intervención que les hará desisitir. La espera será intensa pero breve, porque esta tarde sabremos si la velocidad hacía el abismo se acelera o frena.
¿No es lamentable y apasionante este lunes que ha amanecido? Levantate hombre.
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Rajoy debería de estar aterrado. No sólo por la que se le viene encima con los nuevos recortes dictados desde Bruselas –más ajuste, pese a tres años de fracasos de esa política- sino porque entre los ministrables para Economía no tiene a nadie de Goldman Sachs, ese banco de inversiones que gobierna Europa a base de colocar a sus tecnócratas (Draghi en el BCE y Monti en Italia) sin pasar por las urnas. Los tremendistas hablan del golpe de Estado de Goldman Sachs. ¡Exagerados izquierdosos!
El caso es que Piqué, De Guindós, González Páramo, Caruana, Viñals, Montoro o el mismísimo Rato –citados para Economía con Rajoy- no han sido compañeros de Draghi-Monti en Goldman. Sólo el exsecretario de Estado con Rato, Luis de Guindós, tiene un perfil aproximado. Era el hombre de Lehman Brothers en España y Portugal. Como todo el mundo recuerda, Lehman fue el banco sacrificado para que otros, como Goldman, sobrevivieran. Ahora, con el amor que corre por Bruselas hacía los tecnócratas, puede que para De Guindós –competente y con amigos- su paso por Lehman sea un activo. O si Rajoy quiere cumplir con los dictados de Bruselas, puede recurrir a Guillermo de la Dehesa, exsecretario de Estado de Economía con Felipe González, uno de los sabios de Goldman en Europa, el más importante en España y buen economista. O bien a Caruana y González Páramo –con carrera en instituciones financieras europeas- para emular a Papadimos, el presidente griego.
Ironías aparte, es probable que alguno de los citados eche a correr ante la oferta, sabedores de que los hombres económicos del primer Gobierno Rajoy serán carbonizados.
Hace dos meses hablar de desmontar el euro era financia-ficción. Si algún osado se atrevía a mencionar la posibilidad de que los alumnos mejores, encabezados por Alemania, se desenganchasen de los vagones de cola de los torpes periféricos, el asunto no dejaba de ser una rareza. Como ficción era la sugerencia de Nouriel Roubini de que Grecia se largase del euro, recuperara su dracma y, con decisión rápida, diese a la maquinita de hacer dinero, sin dejar tiempo a fugas de capitales –si es que queda alguno dentro de sus fronteras– y con el corralito correspondiente, como ya hizo Argentina.
Ahora, la ficción puede hacerse realidad sin necesidad de tener que esperar un siglo, como le pasaba a Julio Verne. Quizá tan solo unos meses. Desde que Papandreu lanzó sobre la mesa el abortado órdago del referéndum, no hay multinacional, gran banco o think tank que se precie que no haya sacado del cajón el paper con qué hacer si el euro se va al garete. Los informes reconocen que no saben cómo desmontar el euro, pero concretan las consecuencias: regresar a sus monedas anteriores acarrearía inflación, quiebra, proteccionismo de las mercancías y sus fronteras, caída de exportaciones propias y de los países vecinos, más paro, empobrecimiento, revueltas sociales, miedo y ¿por qué no?, alguno habla de estanterías de los supermercados vacías. Incluso más de un osado se atreve a retratar un escenario similar al de la Europa previa a la II Guerra Mundial.
Pero tranquilos, que esto es sólo financia-ficción y esos paper no van a salir de los grandes despachos donde se escriben los guiones futuristas.
El día que la UE anunció el castigo a la banca española -a los cinco demasiado grandes para caer- una mujer entró a ver “Margin Call” -Jeremy Irons, Kevin Spacey y Demi Moore- que junto a “Malas Noticias”, “Inside Jobs”, “To be to fail” o el documental sobre Enron -aquel que nos debió de avisar del lío- son un ábanico excelente para entender la brutal crisis a quienes las páginas salmón y las cifras les dan pereza.
A la espectadora le tocó una butaca detràs de tres tipos. Dos de pelo con gomina – a esas horas ya algo tiesa-, uno con chaleco de rombos acolchado en verde, otro con pañuelo al cuello y pantalón rojo. La testigo lo jura, porque les observó al subir con las palomitas y entre risas. Un tercero, canoso y trajeado, escuchaba las cuitas de sus amigos, cabreados con sus “ex” por el reparto de niños en Halloween. Uno había logrado colocàrselos a ella, el otro apechuagaba.
Margin Call es la historia de un banco de inversión y da las claves de cómo hemos llegado hasta aquí. Hay cinismo, humor y es amoral.Durante dos horas, los tres tipos se rieron a destiempo y asintieron entusiastas al discurso final de Irons a Spacey, una escena memorable que transmite la náusea desde el glamour más exquisito. La espectadora salió tras el trío. A la puerta del cine se reían de los 200.000 $ que uno de los protagonistas se gastaba en putas cuando desvelaba el desglose de su sueldo mensual: 2.5 millones de $.
De vuelta a casa, la mujer retomó “Nadie pudo con ellos” sobre Josefina Samper y Marcelino Camacho, que con ternura y maestría relata Nativel Preciado. No bastó para calmar su desasosiego. ¿Y si Camacho-Samper siempre tuvieron razón?
“¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo”. Rajoy tendrá que echar mano de Voltaire para sobrevivir a la mezquindad de sus supuestos aliados. Si el 21 de noviembre el líder del PP se convierte en presidente del Gobierno, además de enfrentarse a la crisis económica tendrá que gestionar la ira de un sector de los suyos, los cabreados con el fin de ETA.
Lidera ese sector Esperanza Aguirre, quién el pasado jueves atribuyó “credibilidad cero” al cese “definitivo de la violencia” anunciado por la banda terrorista. No dió tregua ni al propio Rajoy ni al líder del PP, Antonio Basagoiti, que se declaraban contentos y prudentes ante la noticia. Aguirre se escudaba en que ETA “ni se disuelve ni entrega las armas”, ni pide perdón a las víctimas. Ni un minuto para la alegría de la mayoría de los políticos y de la ciudadanía. La presidenta de la Comunidad de Madrid lideraba así los argumentos de la prensa troglodita, que quizá vivía mejor con una ETA como amenaza latente.
En realidad, no sabemos quien lidera a quien. Si “Espe” a los trogloditas o los trogloditas a ella. Dicen quienes la conocen que una vez que Gallardón va a ser diputado y ella no tiene fácil disputar a Ana Botella la alcaldía por Madrid, la carrera política de Aguirre tiene corto recorrido. De ahí su ferocidad desatada de los últimos días.
Sería deseable que los trogloditas y la lideresa no distraigan a Rajoy de la gestión económica ni de la posterrorista, porque va a necesitar estar más que lúcido. Pero con este ganado lo va a tener complicado. A no ser que les eche de comer el pasto que les gusta. ¡Ay madre!
Ya somos un país de emigrantes según el INE. Este año han venido buscando trabajo 130.850 personas menos. Para diciembre se habrán ido más de 34.000 y nueve de cada diez son extranjeros. Los nacionales también nos dejan. Salen los mejores, los más formados. Se llevan un trozo de nuestro futuro y esperanza. Les seguirán otros jóvenes menos cualificados, esos que dejaron los estudios para trabajar en la construcción y ahora están perdidos.
Son datos a corto plazo, porque ya se sabe que las prospectivas a más de dos años no sirven para nada como el mismo INE reconoce. ¿Se acuerdan cuando la derecha tronaba contra la invasión de inmigrantes y los abusos que hacían de nuestro bienestar? Aún hoy no pasa día sin que nos topemos con la xenofobia. A veces asombra el protagonista de la noticia, como el caso del consejero de Interior de la Generalitat, Félix Puig, contra los peruanos o rumanos. A los exabruptos de otros tipos como Albiol, el alcalde de Badalona, algunos se acostumbran peligrosamente.
Pronto seremos un país de viejos, con la tasa de natalidad más baja de Europa, sin jóvenes que paguen las pensiones a quienes no pudieron costearse un plan privado de jubilación. Es otro daño colateral de la crisis que lleva a la gente a la calle.
Sostienen los tolerantes que hay que recordar que a los dirigentes mundiales, europeos, nacionales, autonómicos, la historia los juzgará, como pasó con los políticos de la primera parte de la Gran Depresión o del período de entreguerras en Europa. Pero no está claro que quienes protestan estos días vayan a esperar al juicio de la historia. Menos si recuerdan lo que ocurrió después.
Estar en campaña electoral no justifica los excesos. “Lo de suplicar a ETA que dice Aznar es porque estamos en campaña” explica un amigo del expresidente. Pues no. Ni con campaña ni sin campaña. La situación del país debería ser un revulsivo para que los políticos dijesen menos sandeces y no mintieran. Eso debe rezar para el expresidente que lucha por ser el activo que más erosiona el prestigio de España y que en 1998 se ofreció a “ser generoso” con los etarras que dejaran la violencia.
Lo mismo debería ser para el presidente de la Xunta de Galicia en lo económico. En 2009, Caixanova y Caja de Murcia iban a la fusión, mientras que Caixa Galicia y Cajamadrid avanzaban a un acuerdo. Las ínfulas nacionalistas de Sánchez Feijóo –ese presidente que ahora no sabe nada de cajas ni de sueldos- y las exigencias de sus conselleiros a Fernández Ordóñez, acabaron con los dos proyectos. De fusiones extraterritoriales, nada. A qué perder una mijita de poder.
Es sabido que el gobernador es muy firme de puertas afuera, pero le falló el ánimo para frenar a Feijóo o a Francisco Camps, que también se opuso a la fusión extraterritorial de la CAM. El por qué de esa debilidad de Fernández Ordóñez es un misterio para quienes le conocen, pero no basta para que los dirigentes del PP se escuden en el Banco de España. El hecho es que en autonomías gobernadas por el PP ha habido que nacionalizar las cajas con el dinero de los contribuyentes. Persiga la justicia a los gestores que se lo han embolsado -si hay hueco legal- pero que no se nos escape la trastienda de los hechos y de las injerencias políticas en el magma de la campaña.