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Espe y los trogloditas contra Rajoy

24 oct 2011

“¡Dios mío, líbrame de mis amigos! De los enemigos ya me encargo yo”. Rajoy tendrá que echar mano de Voltaire para sobrevivir a la mezquindad de sus supuestos aliados. Si el 21 de noviembre el líder del PP se convierte en presidente del Gobierno, además de enfrentarse a la crisis económica tendrá que gestionar la ira de un sector de los suyos, los cabreados con el fin de ETA.

Lidera ese sector Esperanza Aguirre, quién el pasado jueves atribuyó “credibilidad cero” al cese “definitivo de la violencia” anunciado por la banda terrorista. No dió tregua ni al propio Rajoy ni al líder del PP, Antonio Basagoiti, que se declaraban contentos y prudentes ante la noticia. Aguirre se escudaba en que ETA “ni se disuelve ni entrega las armas”, ni pide perdón a las víctimas. Ni un minuto para la alegría de la mayoría de los políticos y de la ciudadanía. La presidenta de la Comunidad de Madrid lideraba así los argumentos de la prensa troglodita, que quizá vivía mejor con una ETA como amenaza latente.

En realidad, no sabemos quien lidera a quien. Si “Espe” a los trogloditas o los trogloditas a ella. Dicen quienes la conocen que una vez que Gallardón va a ser diputado y ella no tiene fácil disputar a Ana Botella la alcaldía por Madrid, la carrera política de Aguirre tiene corto recorrido. De ahí su ferocidad desatada de los últimos días.

Sería deseable que los trogloditas y la lideresa no distraigan a Rajoy de la gestión económica ni de la posterrorista, porque va a necesitar estar más que lúcido. Pero con este ganado lo va a tener complicado. A no ser que les eche de comer el pasto que les gusta. ¡Ay madre!

Algo va mal

18 oct 2010

Hemos entrado en una era de inseguridad: económica, física, política. El hecho de que apenas seamos conscientes de ello no es un consuelo: en 1914 pocos predijeron el completo colapso de su mundo y las catástrofes económicas y políticas que lo siguieron. La inseguridad engendra miedo. Y el miedo está corroyendo la confianza y la interdependencia en que se basan las sociedades civiles”. Lo escribe Tony Judt, el historiador más lucido de la socialdemocracia, en definición de este diario a su muerte. Su último libro, “Algo va mal”, (Ed. Taurus) va dirigido a estudiantes y gran público. Mira al siglo XX desde la actual Gran Recesión.
Insiste Judt en que cuando reeditamos las disputas de los mercados libres y las libertades occidentales, de los keynesianos frente a los Chicago Boys, seguimos en el debate que hace setenta años tuvieron un grupo de hombres nacidos en su mayoría a finales del siglo XIX, creadores de la socialdemocracia tras la II Guerra Mundial.
El historiador tuvo tiempo de vislumbrar la repetición de errores. Ese miedo que nos invade -a perder la casa, el trabajo, el Estado del Bienestar- socava la confianza de los ciudadanos adocenados, que descargan su ira contra unos políticos que ahondan la desconfianza en vez de dar seguridad. En ese cultivo florecen los Tea Party de Palin, los café party de Aguirre, el desprecio al inmigrante, las gracias de niñatos que berrean en la oración a los caídos. Lo dijo Stefan Zweig y lo recupera Judt. Nadie en aquella sociedad opulenta y culta de principios del XX imaginó como terminaría la fiesta. La imaginación tampoco nos sobra ahora.