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Rajoy debería de estar aterrado. No sólo por la que se le viene encima con los nuevos recortes dictados desde Bruselas –más ajuste, pese a tres años de fracasos de esa política- sino porque entre los ministrables para Economía no tiene a nadie de Goldman Sachs, ese banco de inversiones que gobierna Europa a base de colocar a sus tecnócratas (Draghi en el BCE y Monti en Italia) sin pasar por las urnas. Los tremendistas hablan del golpe de Estado de Goldman Sachs. ¡Exagerados izquierdosos!
El caso es que Piqué, De Guindós, González Páramo, Caruana, Viñals, Montoro o el mismísimo Rato –citados para Economía con Rajoy- no han sido compañeros de Draghi-Monti en Goldman. Sólo el exsecretario de Estado con Rato, Luis de Guindós, tiene un perfil aproximado. Era el hombre de Lehman Brothers en España y Portugal. Como todo el mundo recuerda, Lehman fue el banco sacrificado para que otros, como Goldman, sobrevivieran. Ahora, con el amor que corre por Bruselas hacía los tecnócratas, puede que para De Guindós –competente y con amigos- su paso por Lehman sea un activo. O si Rajoy quiere cumplir con los dictados de Bruselas, puede recurrir a Guillermo de la Dehesa, exsecretario de Estado de Economía con Felipe González, uno de los sabios de Goldman en Europa, el más importante en España y buen economista. O bien a Caruana y González Páramo –con carrera en instituciones financieras europeas- para emular a Papadimos, el presidente griego.
Ironías aparte, es probable que alguno de los citados eche a correr ante la oferta, sabedores de que los hombres económicos del primer Gobierno Rajoy serán carbonizados.
Esta semana será clave para saber si el pacto entre Gobierno, patronal y sindicatos tiene futuro. Los optimistas -¡los hay!-opinan que hay posibilidades. El Gobierno – y el país- lo necesitan frente a los mercados; también los sindicatos, que saldrían de ese infierno de convocatoria de huelga general de dudoso resultado. Idéntica necesidad tiene la patronal, ahora con Joan Rosell, que se lavaría la imagen durante los meses de gracia que le dan sus dinosaurios.
A ese presunto acuerdo debería sumarse el PP, como alternativa de Gobierno cercana. En teoría, tendría que moderarse y anunciar algo del programa económico oculto. El doble discurso del Rajoy prudente por un lado y de sus adláteres radicalizados por otro -Cospedal, Pons, Montoro, etc- no presagia un giro, aunque en su cartera esconda nombres distintos a los gritones de diario. Tipos como el ex gobernador del Banco de España, Jaime Caruana, quien desde su cargo en el Banco Internacional de Pagos mantiene que ni el euro está en peligro ni España necesita ningún rescate. Lo dice en Madrid, ante la caverna. O José Manuel González- Páramo, consejero del BCE, quien no tira piedras al tejado nacional, pero sí apremia a acabar las reformas. O el más seguido, Luis de Guindós, ex secretario de Estado de Rato, comedido en las críticas porque conoce los mercados.
Los optimistas defienden que, con estos tres nombres en cartera, no debería descartarse que Rajoy se subiera al carro del pacto. Sólo que este trío influirá si gobiernan. Mientras, las manos se las ensuciarán los mismos voceros, militantes del todo vale con tal de llegar.