Ya somos un país de emigrantes según el INE. Este año han venido buscando trabajo 130.850 personas menos. Para diciembre se habrán ido más de 34.000 y nueve de cada diez son extranjeros. Los nacionales también nos dejan. Salen los mejores, los más formados. Se llevan un trozo de nuestro futuro y esperanza. Les seguirán otros jóvenes menos cualificados, esos que dejaron los estudios para trabajar en la construcción y ahora están perdidos.
Son datos a corto plazo, porque ya se sabe que las prospectivas a más de dos años no sirven para nada como el mismo INE reconoce. ¿Se acuerdan cuando la derecha tronaba contra la invasión de inmigrantes y los abusos que hacían de nuestro bienestar? Aún hoy no pasa día sin que nos topemos con la xenofobia. A veces asombra el protagonista de la noticia, como el caso del consejero de Interior de la Generalitat, Félix Puig, contra los peruanos o rumanos. A los exabruptos de otros tipos como Albiol, el alcalde de Badalona, algunos se acostumbran peligrosamente.
Pronto seremos un país de viejos, con la tasa de natalidad más baja de Europa, sin jóvenes que paguen las pensiones a quienes no pudieron costearse un plan privado de jubilación. Es otro daño colateral de la crisis que lleva a la gente a la calle.
Sostienen los tolerantes que hay que recordar que a los dirigentes mundiales, europeos, nacionales, autonómicos, la historia los juzgará, como pasó con los políticos de la primera parte de la Gran Depresión o del período de entreguerras en Europa. Pero no está claro que quienes protestan estos días vayan a esperar al juicio de la historia. Menos si recuerdan lo que ocurrió después.
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Hoy se reúnen los ministros de Economía y Finanzas de la Unión Europea. Tratarán de ayudas a Grecia -¿se acuerdan, ese país al que hace un año dimos ayuda, pero con unas obligaciones tan brutales que ahora se asfixia?-. Es probable que se le preste otro pellizco y reestructure su deuda. No sé si la decisión será por solidaridad o porque los bancos alemanes y franceses tienen un montón de dinero metido allí. A recordar que si debes un minicrédito al banco el problema es tuyo, pero si el crédito es multimillonario y no pagas, el problema es del banco.
Los reunidos se felicitarán por las ayudas a Portugal aprobadas, por fin, por los finlandeses, que desde que tienen a la extrema derecha en boga, enredan como los daneses. Lo que no tengo claro es si alguno de los asistentes aludirá a la vergüenza, el asqueo y el miedo que produce la actitud de todos aceptando las cretinas explicaciones del Gobierno danés para restablecer sus fronteras. Si son para mercancías y no para personas ¿los ministros económicos no deberían entrar en qué es mercancía para los daneses? ¿Un rumano es una mercancía?
Dice un sabio que ese no es sitio para tratar estas cosas. Seguro. Pero si hoy y mañana los dirigentes económicos de esta Europa que desmontan día a día, toman el café con finlandeses y daneses -países donde un día floreció la democracia y ahora la xenofobia- ¿no se atreverán a decir algo? ¡Qué ingenuidad! insiste el sabio, que solo coincide en la mala suerte que tenemos. ¿Que hemos hecho para merecer a Berlusconi o Sarkozy?¿O para que desde Escandinavia sople el populismo y el racismo? Y lo peor ¿por qué agachamos la cabeza?