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Dentro del laberinto

Las palabras no encuentran la salida

Rumores

22 ago 2008
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Las cosas deben de estar realmente mal cuando Anela, la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne, reconoce que les va fatal, y que sus ingresos han bajado en los últimos tiempos. Las mujeres extranjeras rebajan hasta un veinte o treinta por ciento sus tarifas, y las españolas han regresado al mercado del sexo: menos competencia por parte de las que han regresado a sus países, o a las que han llevado a tierras más prósperas, y necesidades económicas acuciantes hacen que las nacionales dejen de ser un producto caro y escaso.

Sí, las cosas tienen que haberse puesto mucho más feas de lo que nos reconocen cuando este sector de ingresos, antiguo y con una salud a toda prueba, lo constata. Malas noticias para todos, porque durante las vacas gordas hubiera sido el momento de regularizar la situación de los prostíbulos, el tráfico y las chicas. Ahora está la casa manga por hombro, y para acordarse de las chicas. O de los clientes.

Hubiera sido el momento para que trescientas mil mujeres, chica arriba, travesti abajo, se incorporaran a la Seguridad Social, cotizaran, desaparecieran como por ensalmo de las listas del paro y donaran parte de la riqueza que están creando, que, hasta ahora, revierte en unos pocos emprendedores con tanto ojo y como falta de moral. Hubiera sido interesante el debate de si sería posible desgravar la lencería de las trabajadoras, como los trajes de gala de las que también lo somos: al fin y al cabo, uniformes son los dos, y no precisamente baratos. Podría haberse pactado un Estatuto y que los líderes sindicales, con su habitual labia, exigieran un mínimo máximo, o mínimo, por habitante, como las farmacias. Al fin y al cabo, ellos hablan de servicio sanitario.

Hubiera sido el momento de evaluar si con una mejora de las condiciones laborales y sociales se equiparaba el número de vocaciones masculinas. Pero cuando no se hacen las cosas a tiempo, de nada vale lamentarse. Ahora ha llegado el tiempo de la hormiga, y ya ven: las pasarán putas.