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¡FÚT-BOL!

15 Abr 2009
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Al ver el memorable partido de Stamford Bridge me vino a la cabeza aquel grito de Pepu Hernández en la Plaza de Castilla: ¡BA-LON-CES-TO!.  En una sola palabra quiso encerrar tantos sentimientos y experiencias que vivieron los ‘chicos de oro’ en aquel Mundial de Japón. Y con lo que el Chelsea y el Liverpool deleitaron al público londinense y a los telespectadores solo puede calificarse de ¡PURO FÚT-BOL!.

Benítez no podía dejar mucho margen a la pizarra porque necesitaba un 0-3 para firmar otra de sus clásicas remontadas. Y Hiddink no es muy dado a salir a especular. El holandés es un amante del ataque y el Chelsea lo está notando, para bien. 

Por eso el choque arrancó explosivo y los dos capitanes, Terry y Gerrard, se tenían que morder las uñas desde la grada. Dos goles de los ‘reds’ hicieron creen en otro milagro. Los hinchas ‘blues’ ya temían otro descalabro en Champions. El Chelsea sigue teniendo una espinita clavada con esta competición. Pero el partido no había hecho más que iniciar su carrusel de sorpresas.

Los porteros también ayudaron al espectáculo. Reina y Cech no tuvieron su mejor día y cada fallo era un aliento de esperanza para el contrario.  Los delanteros se pusieron las botas, menos Torres. Así que, sin estrategias, ni ataduras, salió a relucir la tremenda calidad que tienen las dos plantillas. Golpe aquí, golpe allá. Todo podía pasar. El corazón y las piernas prevalecieron sobre la cabeza. El resultado fue un encuentro histórico, memorable.

En los últimos años, los duelos ingleses ya nos han deparado estas exhibiciones. Su concepción del fútbol y la fortaleza física de los jugadores originan choques apasionantes, con ritmo, sin pausa y con muchos goles. En España, solo el Barça puede igualar ahora mismo a los ‘big four’ de la Premier y en Europa, ninguno.

Dirán los eruditos que el fútbol que se ha visto en Stamford Bridge es bonito pero no bueno. Que los entrenamientos metódicos y las lecciones de táctica valen más que un correcalles con goles. Que quieren que les diga. Este partido hace que ver fútbol merezca la pena. La gente no quiere meditar sobre lo divino y lo humano viendo un partido, sino divertirse.