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Desde lejos

Ángeles Caso

Un parque menos

22 sep 2009
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Unas amigas de Trobajo del Camino, muy cerca de la ciudad de León, me cuentan la historia de su Parque de las Eras. Hace casi medio siglo, una mujer del pueblo hizo donación de unos terrenos que fueron convertidos en parque por un grupo de vecinos. Ellos prepararon el lugar y plantaron un buen puñado de arbustos, rosales y árboles, bajo los cuales durante estas décadas jugaron los niños, se besaron los enamorados y descansaron los viejos.

Pero hace unos meses, el Ayuntamiento decidió cargarse ese espacio, ampliar el campo de fútbol cercano y asfaltar la tierra, arrancando de paso todas las especies vegetales. La oposición de los vecinos, que habían cuidado de ellas, no sirvió de nada frente a la desidia arboricida. Porque la falta de respeto hacia los árboles en este país, tan necesitado sin embargo de ellos, es proverbial.

Todos hemos visto cómo se talan en nuestras ciudades centenares de moreras y fresnos y aliantos, cómo desaparecen de las orillas de las carreteras comarcales los pocos álamos o plátanos que aún quedaban, cómo se desmantelan bosques enteros y cómo mucha gente se permite cortar ejemplares centenarios de sus jardines porque le dan sombra a su piscina… No pasa nada. Parece que ignoramos su belleza, que aún no hemos comprendido que son imprescindibles para la generación de oxígeno y la destrucción de CO2, para que llueva y se sujeten las tierras, y que nuestra propia vida no existiría si ellos no existieran. Algún día habrá que reconocer que los árboles no son propiedad privada, sino un bien que pertenece a toda la humanidad, cuando no al mismísimo planeta.