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Desde lejos

Ángeles Caso

Alcohol y malos tratos

24 nov 2009
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Que yo sepa, nadie en esta vida está obligado a beber o a drogarse. Nunca he entendido por lo tanto por qué el consumo de alcohol o de drogas son eximentes en la comisión de delitos y sirven para reducir las penas.

Últimamente parecía que las cosas empezaban a cambiar: la reciente reforma del Código Penal para los delitos de tráfico ha agravado las penas si hay ingesta de esos productos. La semana pasada, la comisión de Igualdad del Congreso de los Diputados debatió una propuesta para transformar la Ley de Violencia de Género en ese sentido: emborracharse o meterse unas rayas antes de pegar a una mujer ya no valdría para aligerar las sentencias, sino para agravarlas. Algo que suena justo y razonable.

Pero nuestros representantes no han sido capaces de votar a favor de esa recomendación al Gobierno. Supongo que les habrá asustado la opinión de muchos notables juristas que, en cuanto se conoció la noticia, se lanzaron a los medios a criticar la medida. El Código Penal está bien como está, aseguran. Considerar la embriaguez o las drogas como un agravante sería una discriminación respecto a otros delitos (¿no lo es en el caso de los de tráfico?, me pregunto) y el problema del terrorismo doméstico no se soluciona con más cárcel, sino con educación. De acuerdo. Pero ¿y mientras la educación surta efecto dentro de varias generaciones, qué hacemos? ¿Seguimos dándoles una palmadita en la espalda a los torturadores y asesinos por haberse puesto hasta arriba de lo que sea antes de golpear? ¿Es esta la manera como la sociedad muestra su reprobación a esos canallas? Desde luego, a mí nuestros representantes no me representan.

Una sentencia piadosa

17 nov 2009
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No sé si han seguido el lamentable caso de Mourat Mortabit. Este joven marroquí, que ahora tiene 23 años, fue agredido en 2007 por cuatro tipos que estuvieron a punto de matarle. Mortabit estaba con su novia en el coche en el descampado al que solían ir, cuando Francisco Quesada, Sergio Laguna, Iván Curto y Jorge Hernández le atacaron con una terrible violencia, golpeándole con porras y puños americanos, especialmente en la cabeza, mientras se gritaban unos a otros: “¡Mátalo!”.

Mortabit estuvo un mes en coma, a punto de fallecer. Las lesiones fueron tan graves, que todavía ahora camina con muletas, sufre parálisis en parte del cuerpo, padece ataques de epilepsia y soporta dolores de cabeza permanentes. Los agresores fueron pronto detenidos. Se demostró que al menos tres de ellos eran miembros de grupos neonazis. Laguna incluso había participado en un programa de TVE defendiendo esa ideología. Después del crimen, los cuatro acudieron a un conocido bar en las cercanías del Bernabéu donde suelen reunirse las gentes de su calaña para disponer de una coartada.

La semana pasada, la Audiencia Provincial de Madrid condenó a cada uno de ellos a diez años por homicidio en grado de tentativa. A pesar de que su pertenencia a los movimientos de extrema derecha quedó demostrada en el juicio, el tribunal decidió no aplicar la agravante para este tipo de delitos prevista en el Código Penal por “cometer el delito por motivos racistas u otra clase de discriminación referente a la ideología, religión o creencias de la víctima, la etnia, raza a o nación a la que pertenezca”. Qué bonito, ¿verdad? ¡Qué tribunal tan piadoso!

Resistencia

10 nov 2009
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Supongo que todos estamos de acuerdo en que el panorama de la política es desolador. Miras hacia los partidos y lo que ves son chorizos, ineptos, gentes que gritan e insultan, ambiciosos sin límites, navajeros… Dan ganas de salir corriendo, de pasar de ellos, de votar en blanco en las elecciones que vengan para demostrarles que estamos hartos de tanta bazofia.

Creo sin embargo que en momentos como este es cuando más debemos conservar la calma. Es cierto que los partidos son organizaciones anquilosadas, con su tufo a servidumbres, regalías, codicias y traiciones. Es cierto que, enredados en sus propias luchas de poder, permiten demasiado a menudo que medren los que menos escrúpulos tienen, y que en el afán desmesurado por obtener votos se olvidan con excesiva frecuencia del papel que deben cumplir, proponernos y facilitarnos a los ciudadanos una sociedad mejor y más justa, en constante evolución. Es cierto que probablemente estén necesitando una profunda renovación que los adapte ideológica y pragmáticamente a las exigencias del siglo XXI.

Pero me niego a aceptar la idea de que todos los políticos sean unos corruptos o unos inútiles. Más allá de los focos de los medios de comunicación, hay cantidad de personas que creen en lo que hacen, que asumen seriamente sus responsabilidades y que están comprometidos en firme con sus proyectos ideológicos. Supongo que en estos momentos hay que animarles a la resistencia. Que no se hundan y que den la cara, porque cuando todo el mundo deja de creer en las estructuras democráticas, inevitablemente reaparece la serpiente escondida pero siempre viva de los totalitarismos.

Hospitales del PP

03 nov 2009
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Mi amiga E. tuvo que llevar hace unos días a su madre a urgencias. Tras examinarla en La Paz, los médicos decidieron ingresarla. Pero como ese hospital estaba abarrotado, la derivaron al de Tres Cantos, un viejo centro destartalado, al que suelen ir a parar los ancianos más o menos desahuciados, aunque ese no fuera el caso de la persona de la que les hablo.
El trato tanto por parte de los médicos como de las enfermeras fue estupendo. Pero la madre de mi amiga tuvo que soportar que, por dos veces, le colocaran en la cama de al lado a una mujer casi centenaria y agonizando. Ya se pueden imaginar que para sus nervios y para su estado de salud, delicado aunque no grave, la presencia de esas pobres ancianas resultó angustiosa. Por no hablar de lo que sentirían los familiares de las moribundas, viéndolas acercarse durante larguísimos días a la muerte sin ninguna intimidad.

Al cabo de dos semanas de ingreso y aún enferma, los médicos aconsejaron a E. que se llevara a su madre a casa si no quería correr el riesgo de una infección hospitalaria. Había un montón de enfermeras de baja por estrés, le dijeron, y no eran sustituidas por nadie, de tal manera que las que estaban en activo prestaban turnos eternos y llenos de agobio, en los que ni siquiera les daba tiempo a cambiarse después de atender a los pacientes infecciosos.

Así están los hospitales de la Comunidad de Esperanza Aguirre. Hospitales en manos del PP, que se lanza a las calles para impedir que las mujeres puedan abortar. Me parece bien que defiendan un proyecto de futura vida. Pero ¿qué pasa con los vivos cuando se ponen enfermos o les toca morirse? ¿Acaso esos no importan?