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Desde lejos

Ángeles Caso

La voz de Mercedes

23 feb 2012
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Recibo una carta de una lectora, Mercedes Gutiérrez, que me pide que su voz sea escuchada. Yo le presto la mía para que ustedes oigan algunas de sus reflexiones: “Lo terrible es que estas personas [las que han creado “para su beneficio” las circunstancias actuales] fueron las que en su juventud lucharon, en aquel lejano y cercano a la vez 1975, donde tuvimos una oportunidad que todos deberíamos haber recibido. Pero no fue así, los que crearon la democracia, se la apropiaron y ahora con la barriga llena de langostinos no se quieren levantar del sillón y se suben la edad de jubilación”.

“Son todos aquellos que tuvieron oportunidades [y] cerraron el reparto de la tarta desde 1980 junto con sus familiares y amigos”. Comparto esas palabras. Tampoco a mí me gusta nada la manera como ha envejecido aquella generación que tanto luchó por la democracia y muchos de los alevines que les acompañaron. Les he ido viendo convertirse en gentes con la cabeza y el corazón rocosamente de derechas, aunque sigan votando a una supuesta izquierda.

He visto cómo se volvían codiciosos y egoístas, y cómo, a medida que se iban haciendo con los entramados del poder –económico, político y judicial– se iban creyendo los amos del mundo y pretendían convencernos de que la democracia sólo es posible gracias a ellos y a su manera de entenderla. Son los que se niegan a reformar la Constitución y la Ley Electoral, y llaman perroflautas a quienes les plantan cara. Yo, desde luego, prefiero ser una perroflauta antes que una vendida-a-la-hipoteca. Estoy con usted, Mercedes, para que esto mejore, ellos deben ceder el paso a otros.

Contra la fealdad

16 feb 2012
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Miro a mi alrededor y lo que veo me parece feo. Muy feo. Veo a millones de personas en el paro, con los problemas económicos y anímicos que eso conlleva. A muchos de ellos rozando el umbral de la pobreza, o ya abiertamente dentro de ella. A muchos perdiendo esas casas a cuya compra los empujaron cínicamente los bancos. A cientos de miles de jóvenes capacitados y entusiastas con todas las puertas cerradas, salvo las de la emigración. Y a otros cientos de miles de mayores de 50 años que difícilmente podrán reincorporarse a la vida laboral.

Veo a un montón de políticos y expertos –españoles y europeos– que no saben por dónde tirar y terminan tirando por el camino más fácil, el de hacerles la vida aún más dura a quienes ya la tienen sobradamente complicada. La corrupción reptando como una serpiente de mil cabezas. Una sanidad cada vez peor. Una educación que fracasa demasiadas veces. Gentes realmente necesitadas abandonadas por todas las administraciones. Un sistema judicial al que en muchas ocasiones le interesa cualquier cosa menos la justicia. El ámbito de lo público en estado lastimero.

Y veo el desánimo y la desesperanza cundir por todas partes, creciendo como un hongo inmenso que estuviera ahogando a este país. Nos vamos volviendo miedosos, conservadores, cada vez más sumisos. Y yo rezo a todos los patronos de lo imposible para que nos despertemos, nos sacudamos, nos ilusionemos, les paremos los pies a los abusadores y nos dejemos invadir por el espíritu de combate y los sueños realizables. Para que, entre todos, plantemos cara a la tormenta y arranquemos de cuajo toda esa fealdad.

Derroche en los hospitales

09 feb 2012
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Estos son algunos casos de despilfarro de la sanidad pública ocurridos en los últimos meses en mi entorno. Primero. Mujer de mediana edad ingresada por urgencias por un problema de circulación. Permanece ingresada ocho días, pero las pruebas no se las hacen hasta el séptimo. Segundo. Anciano ingresado por problemas urológicos. Cuando sale del hospital y acude al especialista, hay que volver a realizarle todos los exámenes (escáner, etc.) porque los realizados en el hospital no han sido archivados. Tercero. Mujer de mediana edad “vaciada” por la existencia de células precancerígenas. Durante la operación, no se le hace como es habitual la anatomía patológica. Cuando unos días después los resultados de esas pruebas demuestran que tiene cáncer, es preciso volver a operarla en el plazo de un mes. Cuarto. Joven ingresada tras un accidente. Cuando la ambulancia la lleva a su casa, los camilleros dejan allí las 3 o 4 sábanas con las que la habían protegido y, al indicárseles el olvido, aseguran que no pasa nada, y que son muy buenas para limpiar el polvo.

Supongo que todos conocemos montones de situaciones semejantes. Infinidad de casos a diario de derroches absurdos que, por lo visto, nadie controla. Entretanto, y para ahorrar, las administraciones cierran quirófanos, alargan horarios, escatiman pruebas o piensan en el copago y no en la racionalización y el control, que sería lo lógico. Alguien debería poner un poco de cabeza en todo esto y no lanzarse alegremente a perjudicar a los ciudadanos. ¿O es que la razón ya no existe? (Y que no se me olvide: ¡Viva Alberto Contador! Quienes amamos el ciclismo, seguimos admirándole).

Lo que imaginábamos

02 feb 2012
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Me temo que esta va a ser la temporada de encabezar los artículos con un “se veía venir”. Ya lo utilicé hace unos días para hablar del desdén del nuevo Gobierno hacia el medio ambiente. Y las noticias de estos últimos días me impulsan a volver a hacerlo: se veía venir que Garzón sería juzgado por intentar impartir por fin justicia en los crímenes del franquismo, ante el pasmo de la comunidad internacional y de buena parte de los ciudadanos españoles,
incapaces de entender al poder judicial.

Se veía venir que, apenas nombrado, el Gobierno metería mano a la educación. ¡Cómo no! Cada vez que uno de los dos grandes partidos llega al poder es lo primero que hace: cortar por aquí, alargar por allá, cambiar planes a su antojo y seguir hundiendo cada vez más la enseñanza en el pozo de la mediocridad, cuando no en el del fracaso. Y se veía venir que quienes consideran que el único modelo social válido es el que ellos propugnan, se cargarían una asignatura tan “peligrosa” como Educación para la Ciudadanía. Aunque el ministro tenga que mentir leyendo frases de un libro de texto que no lo es.

Y, por supuesto, se veía venir el retroceso de la Ley del Aborto a una norma obsoleta que obligará a muchas mujeres a justificar lo que ninguna debería verse obligada a justificar, y a un montón de jóvenes a enfrentarse a conflictos familiares de tremendas consecuencias. Muchas volverán a buscar soluciones en el extranjero. Y otras muchas –y eso es lo peor– arriesgarán la vida en abortos ilegales. ¿Qué ocurrirá con la píldora del día después…? ¿Y con el matrimonio homosexual…? ¿Se ve venir…?