El valor económico de Delibes
SUSANA R. ARENES
Le debemos a Miguel Delibes que, una vez más, nos ha dado una guía para distinguir las cosas importantes de las urgentes. Su fallecimiento, el hueco enorme que deja en la literatura, en el periodismo y en las siempre olvidadas tierras de Castilla y León, ha logrado desplazar a las diatribas políticas y a la crisis de las portadas de los periódicos.
Cosas así le reconcilian a una con la especie humana. Porque se cae en la cuenta de que para todo tenemos un rasero numérico, una necesidad de cuantificar cada circunstancia, y no sólo los que nos dedicamos a esto tan obtuso de la economía. Cuánto pesa, cuánto vale son la clave.
Le hubiera gustado oír a don Miguel que el legado que nos deja no sólo es inconmensurable en el plano de las Letras, con mayúscula, sino también determinante en lo económico. Su extensa obra tiene parte de responsabilidad en los 3.000 millones de euros que mueve el sector editorial al año, que emplea a unas 15.000 personas.
“Experimentar el experimento”
Pero la mayor huella socioeconómica queda en su tierra. Luchó como director de El Norte de Castilla contra la censura de Fraga para mostrar las necesidades de los crudos pueblos castellanos en los años cincuenta y sesenta a través de aquel suplemento denominado “Ancha es Castilla”. La autoridad se lo tomó como un agravio a lo que llamaba su “experimento” y “parece que no se podía experimentar ese experimento” y contarlo, según relató el propio Delibes en una entrevista.
Tuvo que dimitir de su cargo. Pero ya había logrado fraguar una concienciación sobre el problema de la despoblación y la falta de apoyo al campo que tanto sustento económico ha dado y da a esta comunidad autónoma.
Luego siguió esa tarea con sus novelas. Denunciar en ellas injusticias sociales era más fácil “porque la literatura tenía un tamiz de censura más amplio que el de los periódicos”, argumentó.
Para solucionar un problema, primero hay que diagnosticarlo. Y a ello contribuyó de manera notable el maestro del castellano conciso.
Sin quererlo, además, con su última novela, Delibes ha generado una iniciativa que sigue rentando a su ciudad natal: la ruta turística del Hereje, creada en 1998. Aunque ésta sólo hubiera atraído a una décima parte de todos los turistas que han pernoctado en Valladolid en los últimos doce años, los vallisoletanos le deberíamos al autor nada menos que 67 millones de euros. Más de lo que ingresará el Ayuntamiento de esta localidad en todo este ejercicio por impuestos indirectos y tasas. Pero eso sólo es dinero.









