Por Dinero
Fernando Saiz
La reestructuración del sector de las cajas de ahorros no marcha. Salvo contadas excepciones, el proceso va muy despacio y los frecuentes parones amenazan con hacer descarrilar algunas de las operaciones proyectadas. Cajasur (que sigue sin dejarse torcer el brazo en el pulso de las mil veces anunciada fusión con Unicaja) y Caixa Galicia son los principales ejemplos, pero no los únicos, de resistencia a la reordenación. El asunto tiene gran trascendencia para el conjunto de la economía, porque si no hay reestructuración del sector financiero es difícil que se desbloquee el flujo del crédito, condición a su vez imprescindible para que se restablezcan las condiciones necesarias para una recuperación económica sana. Pero la reforma es también importante para la credibilidad del Banco de España, que es el encargado de pilotar el proceso y que hasta ahora ha fracasado en sus intentos de agilizarlo. ¿Se está erosionando su reputación como supervisor del sector? Cada vez hay más gente que piensa que sí. De hecho, es probable que la entidad que dirige Miguel Ángel Fernández Ordóñez esté ahora mejor posicionada como líder de opinión en la reforma laboral (¿quién si no descubrió el modelo austriaco de indemnizaciones?) que en la del sistema financiero. Los periódicos accesos de cólera verbal de Fernández Ordóñez (el último, el 24 de marzo, cuando dijo que las entidades que no sean viables serán intervenidas) han sido ignorados hasta ahora. El caso más asombroso es el de Caixa Galicia y Caixanova, que después de las muchas presiones que hubo para que movieran el trasero se avinieron a dar una rueda de prensa, con la insólita compañía del presidente de la Xunta, para decir que sí, que se lo iban a pensar. Eso fue el 29 de marzo. ¿Alguien ha oído algo más del tema? Pues eso.
Por Dinero
Fernando Saiz
Sorpresa y desconcierto. El Gobierno se salió ayer del guión del Diálogo Social y dentro de sus medidas para fomentar el empleo planteó la posibilidad de bonificar determinados tipos de despidos, de tal forma que el Fondo de Garantía Salarial (Fogasa), que se nutre de las contribuciones de las empresas, costee el 40% de las indemnizaciones.
La propuesta es polémica y tiene efectos de calibración compleja (todos los empresarios pagarían con sus cuotas al Fogasa parte del despido de las compañías en dificultades), pero encierra una lógica difícil de admitir: que abaratar el despido (lo que plantea el Gobierno, con todos los matices que se quiera) es un medida que sirve para crear empleo. Ese es exactamente el discurso que ha venido defendiendo la CEOE en su infatigable petición de que se aminoren los costes de extinción del contrato de trabajo, y si el Gobierno lo acepta estará haciendo el juego a los empresarios. No (por cierto) a todos los empresarios, porque hay que recordar lo que Simón Pedro Barceló, presidente del Instituto de Empresa Familiar, dijo el 16 de marzo: “Abaratar el despido no hubiera salvado ni uno sólo de los empleos perdidos en los dos últimos años”.
Veremos en qué queda la propuesta. Pero de momento lo que crea es una distracción perniciosa en la mesa de negociación que a buen seguro dilatará el proceso, lo cual no se compadece con la urgencia de alcanzar un acuerdo sobre el mercado laboral. En un principio, el Ministerio de Trabajo se fijó abril como plazo máximo para rematar el pacto; ahora, la referencia mayoritariamente aceptada es ya mayo. Pero si el Gobierno sigue sacando debates de la chistera, no iremos hasta el verano. Y mientras tanto, Díaz Ferrán sin dimitir.
Por Dinero
El secretario de Estado de Economía, José Manuel Campa, es un valor en alza dentro del Gobierno. Sus incursiones en Londres y en París para defender a la economía española ante los inversores extranjeros han tenido un efecto sorprendentemente positivo en los mercados, que pese a los esfuerzos de Almunia ya nos distinguen con claridad de Grecia. Evidentemente, la momentánea mejoría de la reputación de la economía española no sólo tiene que ver con el ‘efecto Campa’. El plan de rescate de Grecia que están muñendo en la Unión Europea también ha ayudado a que los especuladores desistan, hoy por hoy, de seguir atacando a las economías del Mediterráneo. Pero Campa ha proyectado una imagen solvente del Gobierno en un momento muy delicado para España. Su presentación estuvo bien preparada, argumentada y defendida, según opinión general entre los que le escucharon. En cambio, la vicepresidenta Salgado, que también estuvo en Londres en sendos encuentros con ‘Financial Times’ y ‘The Economist’, dejó peor impresión, en parte porque su inglés en menos fluido que el de su subordinado y porque dio la sensación de estar a la defensiva.
Por Dinero
Lo sabíamos, conocíamos los datos por anticipado con un cierto grado de precisión, pero es inevitable sentir espanto cuando Trabajo certifica que en enero se apuntaron 125.000 personas más en el paro registrado. Dados los precedentes y el agudo escenario de crisis, es asombroso que nos sigamos asombrando, pero así ocurre con cada dato que refleja el deterioro del mercado laboral.
El paro de enero es un nuevo rayo destructor que cae sobre la sociedad española, pero lo más preocupante es que vamos a seguir así durante muchos meses. Hasta que la economía no crezca a un ritmo del 2,5% (y eso sólo ocurrirá en la segunda mitad de 2011, según las previsiones del propio Gobierno), el mercado laboral no va a remontar.
Además, sobre nosotros se cierne un peligro cuyos efectos probablemente no han sido suficientemente calibrados: el deterioro galopante de la imagen de la economía española en el exterior. Las medidas adoptadas en los últimos días, destinadas en parte a corregir esa tendencia, han calmado sólo transitoriamente a los mercados, y hace falta una campaña de imagen que vaya más allá de una comparecencia de Zapatero en Davos. Existen argumentos para defender la solidez de los fundamentos económicos, pero hay que exponerlos con energía en los principales foros de inversión del mundo.
Por Dinero
La malla de relaciones de la elite empresarial española, radiografiada a través de la composición de los consejos de administración de las empresas del Ibex 35, revela la existencia de un denso núcleo endogámico de poder. Es verdad que la concentración de la influencia empresarial es menor que la que existe en Francia, donde la fuerte vocación industrial de la banca favorece la existencia de una red casi consanguínea de directivos de empresa, pero no es menos cierto que la cuota de compadreo es notable, con la consecuente merma de la eficacia del sistema. Y estamos hablando de las relaciones visibles. Las conexiones que se mueven por el subsuelo de la economía, y que evidentemente no aparecen en las comunicaciones a la CNMV, suelen ser mucho más estrechas, determinantes y nocivas.
En España hay grupos económicos familiares muy poderosos, algunos de los cuales extienden su influencia mucho más allá de lo que cabría pensar por su participación accionarial en las empresas del Ibex. En cambio, los bancos, que son los sospechosos habituales en este tipo de redes de influencia, tienen una presencia relativamente pequeña en los consejos de administración. Si exceptuamos el núcleo de los Botín (presentes en Santander, Banesto y Bankinter), sus tentáculos en las empresas tienen un radio de alcance limitado.
Otra cosa distinta son las cajas de ahorros, que a través de sus participaciones industriales sí controlan un buen puñado de sillones de consejeros (sobre todo si extendemos el análisis a todas las compañías que cotizan en bolsa), y a través de las cuales se han infiltrado en los salones del poder empresarial numerosos nombres procedentes de la política. ¿Es bueno o malo que esto haya ocurrido? Aparentemente, la irrupción de ex políticos en los consejos de administración puede haber contribuido a su democratización o apertura a la sociedad. Pero en algunos casos bien notorios ha sucedido lo contrario, y los antiguos representantes de los ciudadanos han devenido elite y ha contribuido a reforzar la endogamia de la aristocracia empresarial.
Por Dinero
Una vez conocidas y descifradas las propuestas de Obama sobre el sector bancario de EEUU, mucha gente se pregunta en España a qué viene tanto revuelo. “La banca que quiere Obama ya la tenemos aquí , y no es para estar contentos”, argumentan lo escépticos.
Y tienen razón. En España, la decisión no tendría consecuencias porque el sector financiero apenas interviene por su cuenta en los mercados de capitales. Pero para valorar los méritos de la propuesta del presidente de EEUU hay que situarse en el escenario de allí. En la cuna de la especulación y el capitalismo más crudos, el plan de Obama es un mazazo para Wall Street que pone de relieve el sincero deseo de cambio de Obama.
Porque es allí donde se libra el combate más duro contra el oligopolio bancario. Obama tiene muchos argumentos para justificar sus reformas (entre otras cosas, porque es en EEUU donde se ha manifestado con mayor nitidez el bochorno de las ayudas públicas utilizadas para subir los sueldos), pero se enfrenta también al que es, probablemente, el más poderoso lobby del planeta. Y a pesar de los muchos millones de votos que tiene detrás, el desenlace de la batalla dista mucho de estar claro. Lo que es seguro es que, si Obama triunfa, el mundo de las finanzas será un lugar algo más decente.
Por Dinero
El grupo de blogs Gawker, uno de los más potentes de Estados Unidos, ha ofrecido recompensa económica a quien le proporcione información sobre el futuro tablet PC de Apple, un dispositivo multimedia portátil que permitirá hacer de todo (navegar por Internet, ver películas, leer libros electrónicos, mandar emails…).y que será presentado seguramente el 27 de enero.
Para romper el tradicional secretismo de Apple, Gawker ofrece un abanico de premios: desde 10.000 dólares por una foto decente hasta 100.000 dólares para quien les deje jugar con el aparatito durante una hora. La oferta es un sueño para cualquier abogado despiadado (el bufete que representa a Apple ya ha denunciado a Gawker por inducir al robo de secretos comerciales) y nos da pistas sobre la relajada ética de los nuevos medios de comunicación estadounidenses. Pero sobre todo asombra la desproporción entre el objetivo y el premio. ¿Tanto vale la exclusiva? ¿O se trata tan sólo de hacerle hincar la rodilla a la siempre arrogante Apple?
En cualquier caso, parece una iniciativa extravagante más destinada a la autopromoción que a defender los intereses de sus lectores. Desde aquí proponemos a Gawker que corrija el tiro y destine su dinero a recompensar informaciones de otra índole. Por ejemplo, estaría bien establecer un jugoso incentivo para quien descubra cómo mejorar la seguridad en los aeropuertos sin perjudicar el derecho a la intimidad. O cuál es la fórmula para que los bancos de inversión dejen de pagar bochornosas retribuciones a sus altos ejecutivos. Incluso, si por un azar Gawker estuviera interesado en el mercado español, podría ofrecer dinero a quien proporcione información útil sobre cómo sostener al presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, el tiempo suficiente para que firme un acuerdo en el Diálogo Social. Eso sí que sería una contribución importante , y ni siquiera hace falta robar información empresarial.
Por Dinero
Keynes acuñó la expresión animal spirits para referirse a los factores irracionales (impresiones, pasiones…) que condicionan la conducta económica de los individuos y distorsionan en última instancia la supuesta eficiencia del mercado defendida por los economistas liberales clásicos.
El presidente de la CEOE, Gerardo Díaz Ferrán, que tan fervientemente cree (aunque sea con algún paréntesis) en la bondad de la mano invisible del mercado, parece atacado por una epidemia keynesiana de animal spirits. Sólo así, desde la irracionalidad y la incoherencia, puede entenderse que siga al frente de la gran patronal.
Sólo una inteligencia nublada por intereses personales y políticos puede creer que como máximo representante de los empresarios le es posible abstraerse de los gravísimos problemas de sus empresas. En este monumental despropósito, alguien le tiene que sacar de su error. No serán ni el Gobierno ni los sindicatos, cuyo predicamento sobre Díaz Ferrán es bien dudoso. Tampoco el PP, más dedicado a desgastar al Gobierno que a proteger a las empresas. Los únicos que pueden hacerlo son los propios empresarios de la CEOE, que tendrán que despertar de la alucinación colectiva del apoyo unánime a su presidente e indicarle, con mucho cariño, la puerta de salida.
Por Dinero
Fernando Saiz
Las cantidades millonarias que las cajas de ahorros prestan, en condiciones de privilegio, a sus propios consejeros y a sus familiares no son el principal problema de funcionamiento de las mismas, pero sí son uno de los síntomas más visibles de que el sistema está corroído.
Las cajas son fundaciones privadas de interés público, pero algunos piensan que operan exactamente al revés, que son entidades públicas dedicadas a satisfacer el interés privado (o sea, el propio). La mezcla de ambiciones personales, gestores incompetentes, intereses políticos indebidos y una supervisión que no supo limitar los excesos inmobiliarios ha empujado a las cajas a una crisis sin precedentes que probablemente se saldará con la desaparición de un tercio de las entidades. ¿Cómo atajar esa cadena de despropósitos para proteger un modelo que representa la mitad del sistema financiero español?
Una vez culmine el inevitable proceso de reestructuración, habrá que repensar al menos algunos de los rasgos del modelo, para fortalecer la gestión profesional e impedir que los dirigentes políticos actúen como titiriteros de las entidades. No será sencillo, porque la malla de intereses que rodea a las cajas es tan espesa que se hace difícil imaginar espacios de acuerdo para cambiar el statu quo normativo. Pero si la necesaria reforma legal ha de empezar por alguna parte, prohíbase que los consejeros de las cajas reciban créditos de las entidades que administran. Es probable que algunos empresarios locales dejen de tener interés por ser consejeros, pero no se perderá gran cosa por ello. A cambio, las cajas ganarán en densidad ética y quizás hasta mejorarán su tasa de mora.