Opinion · Dominio público

Londres, una reunión clave

PEDRO SOLBES

dominio-01-04-03.jpgLa economía mundial está enfrentando su peor crisis en muchas décadas. 2009 está siendo un año muy difícil, en el que el deterioro económico alcanzará su máxima intensidad provocando una importante caída de la actividad y un fuerte aumento del desempleo. Inicialmente se pensaba que afectaría fundamentalmente a las economías más expuestas a la crisis hipotecaria en EEUU. Sin embargo, el sector financiero no es ya la única vía de contagio y el comercio se ha convertido en uno de los principales mecanismos de propagación de la crisis.

Si alguna lección nos ha dejado clara la experiencia es que la falta de cooperación económica internacional sólo puede agravar y profundizar el deterioro económico. Ninguna economía podrá superar la crisis mientras no empiece a recuperarse la economía mundial. Por tanto, las respuestas económicas guiadas exclusivamente por criterios nacionales están condenadas al fracaso. En este contexto, el G-20 ha asumido el liderazgo en la búsqueda de una respuesta coordinada. Es un desafío apremiante, pero también una gran oportunidad para mejorar la arquitectura financiera internacional.
El reto más urgente es, sin duda, restablecer la confianza para reactivar la economía mundial. La estrategia adoptada en la Cumbre de Washington no nos ha sacado aún de la crisis, pero ha permitido evitar un colapso sistémico, algo que no cabía descartar hace unos meses. También nos ha servido para ponernos de acuerdo en el diagnóstico de la situación, que es el primer paso para una coordinación eficaz. Debemos seguir trabajando en aquellos ámbitos en los que existe un consenso razonable.

Debemos reforzar el compromiso político de mantener abiertos nuestros mercados, evitando medidas proteccionistas.
Es necesario mantener el tono expansivo de la política monetaria y así lo entienden los bancos centrales, que están recortando tipos y aportando liquidez de forma decidida.

Se requiere también un importante impulso fiscal a corto plazo, pero sin relajar el compromiso con la sostenibilidad a medio plazo. Cada Gobierno debe buscar ese punto de equilibrio actuando de forma responsable para contribuir en la medida de sus posibilidades a reactivar la economía nacional y global.

Otro elemento esencial es restablecer el normal funcionamiento de los mercados financieros para garantizar la continuidad del flujo de crédito a hogares y empresas. Únicamente los bancos con una posición sólida podrán contribuir a la reactivación económica una vez que la crisis haya tocado fondo. Las entidades financieras incapaces de mantener su solvencia deberán ser absorbidas por otras o ser intervenidas. Es importante que el sector público apoye tan sólo a aquellas entidades que sean realmente viables, ya que, en caso contrario, se estaría prolongando una situación insostenible. También es fundamental evitar que estas intervenciones generen distorsiones en el sector. Resultaría paradójico que las entidades financieras que, gracias a su buena gestión, no necesiten apoyo público terminen en una posición de desventaja.

En España, el sector financiero ha sido capaz de soportar razonablemente bien el primer embate de la crisis. A pesar de las recientes decisiones tomadas por el Banco de España respecto a la Caja de Ahorros de Castilla La Mancha, no ha sido necesario recapitalizar con recursos públicos ninguna institución. Sin embargo, es evidente que nuestros bancos y cajas no son inmunes y, si las tensiones financieras internacionales persisten, cada vez notarán más su impacto.

Además de afrontar los problemas inmediatos, también debemos avanzar en la reforma del sistema financiero internacional para evitar que se repitan los excesos cometidos en el pasado. En este ámbito, somos partidarios de aprovechar todas las ventajas de unos mercados competitivos e innovadores, pero sujetos a una regulación y supervisión rigurosas. Durante los trabajos preparatorios de la Cumbre hemos propuesto introducir medidas en línea con las provisiones dinámicas implantadas por el Banco de España, de modo que las instituciones financieras contribuyan a amortiguar las fluctuaciones económicas, evitando un crecimiento desmedido del crédito durante las fases de expansión y permitiendo acumular recursos para las fases menos favorables. También es necesario reforzar la protección a los clientes minoristas, que han perdido confianza en el sistema.

El objetivo es lograr una regulación y supervisión más eficientes que alcancen a todas las instituciones, productos y territorios, sin excepción. No deben quedar al margen ni los productos financieros más innovadores y complejos, ni los paraísos fiscales. Los cambios anunciados recientemente por varios de estos países son un resultado alentador.

Finalmente, es necesario reforzar la capacidad de actuación y revisar el funcionamiento de las Instituciones Financieras Multilaterales para dotarlas de mayor eficacia y legitimidad. En la pasada reunión de ministros del G-20 acordamos aumentar sustancialmente los recursos del Fondo Monetario Internacional para que pueda apoyar de forma efectiva a las economías emergentes que se encuentran en una posición vulnerable.

Un último aspecto destacable de este proceso es su mayor legitimidad. En la discusión estamos participando países que representamos dos tercios de la población mundial y un 90% del PIB, lo que supone un cambio drástico respecto al pasado. Nosotros apoyamos esta reorientación de la gobernanza económica mundial y queremos participar activamente en el diseño del nuevo orden financiero mundial.

Los frutos de esta Cumbre serán cruciales. Aunque no sería realista esperar un cambio inminente en la situación económica, estoy convencido de que en Londres seremos capaces de presentar resultados concretos y enviar un mensaje de confianza que ayude a sentar las bases para una próxima recuperación económica mundial.


Pedro Solbes es vicepresidente segundo y ministro de Economía y Hacienda 

Ilustración de Mikel Casal