Dominio público

Opinión a fondo

La gran vergüenza de la democracia española

10 Dic 2014
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Jordi Gordon
Periodista y portavoz de la Plataforma por la Comisión de la Verdad sobre los crímenes del franquismo

Hoy celebramos el Día internacional de los Derechos Humanos. Habrá actos que con razón denuncien las violaciones de los derechos humanos en España y en el mundo. Pero me gustaría llamar la atención sobre el hecho de que un año más, en este día de solidaridad democrática y humanitaria, la causa de las víctimas del franquismo continúa sin resolverse y volverá estar casi ausente de la actualidad.

Son esas víctimas y sus familiares quienes sufrieron los horrores de una de las dictaduras mas feroces del continente europeo. Pero todavía hoy siguen siendo víctimas invisibles y sin derechos, aunque sean decenas de miles. Y eso a pesar de que crímenes similares a los que ellos padecieron, inspiraron después de la Segunda Guerra Mundial la declaración de los derechos humanos y los principios de la justicia universal.

Y el primer sentimiento que debería de embargarnos como sociedad es el de vergüenza. Vergüenza también, porque este año la ONU (el Comité, el Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas y el Relator Especial para la verdad, justicia y reparación) nos ha recordado, en tres resoluciones de esos organismos de derechos humanos, que  las víctimas del franquismo siguen privadas de sus derechos. Unas víctimas que nunca han sido reconocidas como tales, a pesar del tiempo transcurrido desde la muerte del dictador y la llegada de la democracia.

La ONU nos ha dicho que el derecho a la verdad, la justicia y la reparación es un derecho humano de las víctimas, especialmente de aquellas que lo han sido como resultado de los crímenes de genocidio, guerra y lesa humanidad.

¿Qué pensaríamos si en Alemania, Italia o Francia se hubieran olvidado a las víctimas del nazismo y del fascismo y no se reconocieran sus derechos y los de sus familiares? Como el nazismo y el fascismo, el franquismo cometió crímenes contra la humanidad; persiguió y asesinó de forma indiscriminada a decenas de miles de personas, cuyo único delito era ser republicanas o no haber mostrado su apoyo al golpe militar; convirtió a miles de presos de las cárceles y los campos de concentración de la postguerra en trabajadores esclavos; expropió y arrebató sus bienes a miles y miles de familias a las que arrojó a la miseria; eliminó, secuestró y ejecutó extrajudicialmente mediante juicios sumarísimos injustos. Las víctimas del franquismo también fueron torturadas, exiliadas, desaparecidas, sustraídas a sus familias naturales por mecanismos y métodos diseñados por los aparatos de poder organizados desde el Estado o fuera del mismo, pero con su apoyo y reconocimiento.

Europa condenó el nazismo y el fascismo, condenó sus crímenes y persiguió a sus autores. Pero sobre todo, reivindicó a sus víctimas, que hoy siguen teniendo el reconocimiento que merecen. Países como Argentina, Chile, Brasil y otros muchos han sido capaces de ofrecer verdad, justicia y reparación a sus propias víctimas.

Sin embargo, nada de eso ha ocurrido en España. La causa de las víctimas ha sido ignorada por el Estado y la democracia española. Los crímenes contra la humanidad del franquismo han quedado impunes y sus víctimas se han visto privadas de sus derechos y sin reconocimiento. Las familias, que son las otras víctimas invisibles, esperan todavía verdad, justicia y reparación para los 150.000 desparecidos, los asesinados que se encuentran en las 2.382 fosas sin exhumar y los casos de decenas de miles de niños robados, entre otros crímenes imprescriptibles.

Nos preguntamos qué puede justificar que a día de hoy, el franquismo no haya merecido todavía la misma condena que sus aliados totalitarios, a pesar de compartir orígenes y métodos, y que tampoco sus víctimas hayan tenido el mismo reconocimiento.

La permanencia de esta enorme tragedia humana es, si cabe, todavía mas cruel e inexplicable, porque el Estado, sus instituciones, los partidos políticos, la opinión pública y la sociedad han reconocido a las víctimas del terrorismo. A las víctimas y a sus familiares que han tenido y tienen derecho a la verdad, la justicia y la reparación.

No hay excusa, por tanto, para acabar de una vez por todas, con esta injusticia histórica que supone la existencia de dos tipos de víctimas. Unas, las víctimas del terrorismo y sus familiares, con todos los derechos. Y otras, las victimas del franquismo y sus familiares ignorados, olvidados, sin ningún derecho.

Por eso, las resoluciones de la ONU se convierten en una tremenda acusación que, junto con la causa de la querella argentina que instruye la jueza Servini, deberían avergonzar al gobierno, la justicia y el parlamento, pero también a la opinión pública y el conjunto de la sociedad.

Más allá de ello, las resoluciones de la ONU son una oportunidad. Deberían de ser el acicate definitivo para resolver este agujero negro de nuestra democracia y terminar de una vez por todas con esa tremenda injusticia. Como ha manifestado Pablo de Geriff, Relator Especial de la ONU, la democracia en España está consolidada y no existe  ninguna razón para no resolver los crímenes pendientes del franquismo,  pero, sobre todo, el reconocimiento y la reparación a las víctimas.

Los informes y recomendaciones, respaldadas por la autoridad política y moral que representa Naciones Unidas, tienen que cumplirse sin dilación. Todos los partidos deben comprometerse a incorporarlos en sus programas electorales.

Asumir esas resoluciones de Naciones Unidas son un buen punto de partida para establecer un acuerdo político y social que ponga en marcha todas las medidas necesarias para impulsar un verdadero pacto de Estado. Un pacto que aborde una solución definitiva y global para las víctimas y los crímenes del franquismo que la democracia no ha sabido resolver hasta ahora. Un gran acuerdo que ponga en marcha una Comisión de la Verdad independiente que emane de las Cortes. La fórmula ya ha sido adoptada por más de cuarenta países de todo el mundo que, como nosotros, han sufrido dictaduras, violaciones masivas de los derechos humanos y crímenes contra la humanidad.

Hoy, en plena crisis política, económica, institucional y social, es más necesario que nunca defender la democracia y las libertades. Sólo hay que mirar a nuestro alrededor para ver como crecen de nuevo las amenazas totalitarias. Y por ello es imprescindible que de una vez por todas haya verdad, justicia y reparación para las víctimas del franquismo que, con su sacrificio, hicieron posible la democracia.


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