Dominio público

Opinión a fondo

Frente al terror y el engaño

19 Ene 2015
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Marina Albiol Guzmán. Diputada de IU en el Parlamento Europeo
Alberto Arregui Álava. Miembro de la Presidencia de IU

“Aunque esto sea locura, sin embargo hay método en ella”. Esta frase de Polonio, un personaje de Hamlet, la obra de Shakespeare, hablando con el príncipe que parece estar loco, podría aplicarse al fenómeno del terrorismo. Quizá un individuo que aprieta un gatillo o un botón, está loco, pero sea la matanza de Charlie Hebdo, o el 11M de Madrid, o las bombas sionistas sobre los campos de refugiados palestinos, las masacres de Boko Haram en Nigeria, o las matanzas del ejército ruso en Chechenia, o tantos actos de terror y barbarie de los ejércitos de los EEUU, o de los conflictos en Somalia, Siria, Libia… y un largo etcétera, tienen unas causas, una dinámica, “un método”, y si no lo comprendemos, jamás podremos oponer al horror alternativas eficaces.

La sociedad queda traumatizada ante los actos salvajes y, aparentemente, carentes de lógica, pero estos actos terroristas son una expresión de barbarie, una locura no sólo de los individuos que los cometen, sino también de la sociedad que engendra estos actos. Como en Hamlet, debemos decir: “la locura terrorista tiene un método”, tiene una causa y existe una alternativa frente a ella, más allá de nuestro dolor y por encima de la cortina de humo de la propaganda y de las lágrimas de cocodrilo de fingidas plañideras venidas de Tel Aviv, de Kiev, Londres o Madrid

No basta con decir que “condenamos” el atentado de París, ni cualquier otro de los muchos que se producen, no basta con la solidaridad abstracta. Ni mucho menos aceptamos la hipocresía de la falsa unidad, en la que todos, incluidos notables represores de los derechos democráticos, se cuelgan del pecho un “je suis Charlie”, donde debiera poner: “Yo hubiera encarcelado a Charlie en mi país”, como sin duda sería el caso de Ucrania, Israel o el Estado español

La manifestación de Paris nos deja una imagen tan contradictoria que, aunque nunca puede cuestionar el fondo (el rechazo al terrorismo, la solidaridad con las víctimas, la defensa de la libertad de expresión), descalifica la forma: la falsa unidad. Los hechos han demostrado de sobra que una buena parte de quienes encabezaban esa manifestación no comparten esos valores.

No sólo eso, más aún: La utilización del terror como arma política, la eliminación física del adversario recurriendo a cualquier medio, la práctica sistemática de la tortura, la represión de la disidencia política… son prácticas habituales de muchos de los gobiernos representados en esa manifestación.

Un desfile encabezado por varios de los verdugos más crueles de nuestros tiempos: Netanyahu, Poroshenko …  Junto a gobernantes que han respaldado las guerras, como Cameron, Rajoy o el propio Hollande, o que aplican políticas represoras de la libertad de expresión.

El señor Rajoy, que está intentando encarcelar a quienes critican a su gobierno o se oponen a los desahucios, tiene el cinismo de desfilar en París defendiendo la libertad de expresión, mientras elabora para el Estado español la ley Mordaza

“Terrorismo islamista” un mito  de sangre

En Somalia, Sudán del sur o Libia, los muertos se cuentan por miles ¿qué decir de Siria o Ucrania…? ¿Qué decir de Irak o Afganistán, de las atrocidades de Abu Ghraib, de Guantánamo, de los vuelos secretos y las torturas de la CIA, del apoyo a las fuerzas integristas yihadistas de Afganistan antes y de Siria después…?

Son esos horrores, unidos a la miseria económica, el caldo de cultivo de la barbarie terrorista. En poblaciones que han sufrido antes una pesadilla del terror militar de las grandes potencias (son casos paradigmáticos, Irak, Afganistán, Libia o Siria) y que han sufrido una secular explotación por parte de las potencias occidentales que han empobrecido sus países y han alimentado gobiernos títeres. ¿Es necesario recordar a Idi Amin Dada, a Bokassa, a Pinochet, a Netanyahu…? A tantos enemigos de las libertades democráticas y de la vida. “Será locura, pero tiene un método”

La desesperación es el caldo de cultivo del terrorismo, sobre todo cuando las metrópolis apoyan descaradamente el terrorismo de estado de sus aliados. Es paradigmático el caso de Israel contra la población palestina. Pero no es el único caso, todos los gobiernos “democráticos” de occidente han respaldado en un momento u otro a sus gobiernos títeres de asesinos en América Latina, África o Asia.

Por tanto se trata de una “falsa unidad”. No puede haber un frente común contra el terrorismo con aquellos que están defendiendo las guerras, que provocan la miseria que financian a los locos de donde luego surge esto, como ha sido el caso del Estado Islámico.

La propia expresión de “terrorismo islamista” es falsa, ya que la mayor parte de las víctimas de estos grupos, también pertenecen al islam. No se trata de “un choque de civilizaciones”, sino de los monstruos de Frankenstein que ha generado la política imperialista, por el dominio de las fuentes de recursos, materias primas y especialmente petróleo por parte de las viejas metrópolis.

Forma parte de toda una estrategia del imperialismo, de los gobiernos de los países de la OTAN, del sionismo. Todos juntos en la empresa de engañar a sus poblaciones con un doble propósito. Por un lado, “la amenaza terrorista”, teñida además del adjetivo religioso, sirve para crear un clima de miedo que justifique tanto sus políticas de agresión imperial en los países  en los que tienen intereses como sus recortes constantes de las garantías democráticas, un fortalecimiento del carácter represor del aparato del Estado. Por otro lado, esos llamamientos a “la unidad”, pretenden desdibujar los intereses de clase contrapuestos, en una amalgama de “patriotismo”, que sólo significa una cosa: todos unidos bajo la bandera de la burguesía, del gobierno correspondiente.

Una cosa es comprender las causas de esta locura y otra, que nunca haremos, es justificarlo. No tiene justificación, pero si tiene un origen y mientras no cambiemos las condiciones y se arroje a la locura y desesperación a cientos de miles de personas, irá a más el problema.

Pero siendo la repulsa moral un factor importante para rechazar estas acciones de fanatismo criminal, no es la única razón. Nuestro rechazo es, además, político. La existencia del terrorismo justifica la agresión a los derechos democráticos por esos mismos gobiernos que desfilaban cínicamente en París, sirve de argumento a la extrema derecha para la islamofobia y la xenofobia en general y dificulta, por tanto, la necesaria transformación de la sociedad. En una sociedad traumatizada se aprovecha para sembrar ideas “simples” y nefastas.

Que esta sociedad y este sistema son insostenibles, es una evidencia cada día más patente. Pero para transformar la sociedad necesitamos la participación consciente de una mayoría, de aquellas personas del pueblo trabajador, la mayoría aplastante de la sociedad que nos pongamos en marcha para erradicar las plagas de nuestro tiempo: la regla de oro del beneficio y la propiedad privada por encima y a costa de la propiedad pública y el beneficio de la mayoría. En ese camino el terrorismo es un obstáculo que perjudica fundamentalmente a la izquierda y da argumentos a la derecha.


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