Las supuestas rigideces laborales
VICENÇ NAVARRO

Ha sido una constante del pensamiento económico liberal atribuir el elevado
desempleo en España a las supuestas rigideces del mercado de trabajo. Como consecuencia de la enorme influencia de tal pensamiento en la vida política del país, se han aprobado y desarrollado ya cinco reformas del mercado de trabajo, que lo han ido desregulando cada vez más. El desempleo, sin embargo, ha continuado siendo el más elevado de la Unión Europea de los Quince (UE-15) –el grupo de países de semejante nivel de desarrollo económico al español–, con incrementos muy notables en los momentos de recesión, como ahora.
Como era de esperar, este aumento del desempleo ha originado, una vez más, llamadas a una mayor
desregulación del mercado de trabajo que tendría como consecuencia (dígase lo que se diga) el abaratamiento de los costes del despido. Entre estas llamadas está la del manifiesto “Propuesta para la reactivación laboral en España”, firmado en su mayoría por economistas de sensibilidad liberal, que ha sido promovido por el Gabinete de Estudios del Banco de España –el Vaticano del pensamiento liberal de España–, así como por las fundaciones financiadas por la banca y por las cajas de ahorro de España y, también, por la patronal (la CEOE), que ha añadido su voz a tal coro liberal. Así, el presidente de la Comisión de Política Económica de la CEOE, José Luis Feito, en el Círculo de Economía de Cataluña subrayó que el elevado desempleo en España se debía a las rigideces laborales, consecuencia del excesivo poder de los sindicatos, que, al aferrarse en la defensa de los que tienen contratos fijos, dificultan la creación de empleo, pues los empresarios son reacios a contratar más trabajadores, temerosos de que no podrán despedirlos una vez contratados.
El problema con tales teorías liberales es que los hechos no las avalan. El secretariado económico de la
OCDE (el club de países más ricos del mundo) había sido en su día el mayor promotor de la desregulación de los mercados de trabajo como medida necesaria para reducir el desempleo. En su famoso informe Employment Outlook 1999, había indicado que el hecho de que el desempleo promedio de los países de la UE-15 hubiera sido mayor (durante el periodo 1980-1999) que el de EEUU se debía a que los mercados de trabajo de aquellos países eran más rígidos y regulados que los de EEUU. Tal postulado fue ampliamente criticado a los dos lados del Atlántico, pues era fácil demostrar que sus tesis eran erróneas: el desempleo promedio en los países que constituirían la UE-15 había sido menor que en EEUU durante el periodo 1960-1980, sin que hubiera habido un cambio significativo en el nivel de regulación de los mercados de trabajo.
En realidad, estos eran más desregulados y flexibles en los países de la UE-15 en el periodo 1980-2000 (cuando el desempleo creció más) que en el periodo 1960-1980 (cuando el desempleo en aquellos países fue menor que en EEUU). Las diferencias no podían explicarse, pues, por los distintos grados de flexibilidad de los mercados de trabajo, sino por las diferentes políticas macroeconómicas seguidas a los dos lados del Atlántico, siendo estas más expansivas y
keynesianas en EEUU que en la UE, que a partir de los años ochenta siguió políticas restrictivas, en lugar de expansivas, resultado del establecimiento de la UE. Tal evidencia forzó a que la OCDE corrigiera su tesis, reconociendo en su último informe (en 2006) que “de nuestros análisis de la OCDE podemos afirmar que el impacto de las medidas proteccionistas de empleo (lo que los liberales llaman rigideces laborales) es estadísticamente insignificante para explicar el nivel de desempleo en un país de la OCDE” (OECD Employment Outlook 2006).
El crecimiento de la economía española ha dependido predominantemente, desde los años noventa, de la construcción y del turismo. El colapso de la economía del ladrillo, debido al estallido de la burbuja especulativa basada en la alianza de la banca y cajas de ahorro, por un lado, con la industria inmobiliaria y de la construcción, por el otro, y con el apoyo activo del Estado español (alianza sobre la cual el manifiesto no dice nada) ha jugado un papel clave para el crecimiento del desempleo, creando, a su vez, el problema del crédito (el más caro de la UE, sobre el que el manifiesto guarda silencio), responsable también de la ralentización económica, de la recesión y del elevado desempleo. A estas causas se añade la enorme debilidad del sector público en España, con un escaso desarrollo, no sólo del capital humano, sino del capital social (la red de servicios y transferencias públicos que aseguran la protección y cohesión social de un país), que es fundamental para crear empleo, mejorar la productividad del país y aumentar su riqueza. Tal protección y cohesión social es esencial para garantizar la seguridad de la fuerza de trabajo y su colaboración para alcanzar la deseada flexibilidad laboral. En la UE, los países que tienen mayor protección social (los países escandinavos y Holanda) son los que tienen mayor flexibilidad y también menor desempleo (el gasto promedio en protección social en aquellos países es el 30% del PIB). Es erróneo e injusto pedirle a la clase trabajadora en España (cuyo gasto en protección social es sólo del 19% del PIB, el menor en la UE-15 después de Irlanda, con el 18%) que abandone la escasa protección que tiene a través de sus convenios colectivos (con el coste del despido) para conseguir aquella deseada flexibilidad (argumentando erróneamente que ello reducirá el desempleo).
España e Irlanda, los países que están destruyendo más empleo en la UE, son también los países con menor protección social. Irlanda, por cierto, tiene un mercado de trabajo incluso más desregulado (tal como está pidiendo el manifiesto liberal) del que tiene España, y ello no ha disminuido el crecimiento de su desempleo. El mundo empresarial y financiero español, que se han opuesto a la expansión del gasto público y de la protección social, prefiere conseguir la flexibilidad laboral a lo duro, facilitando el despido del trabajador. De ahí el elevado desempleo.
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y ex catedrático de Economía
de la Universidad de Barcelona.
Ilustración de Mikel Casal.








Comentario por Majura
04/06/2009 @ 07:27
¡ Touché !
Comentario por Xose
04/06/2009 @ 08:25
Y a quién le importan los hechos, si ya tenemos la ideología. ¿Para qué vamos a separar la economía positiva de la normativa como decia Lipsey, si eso nos va a estropear el discurso?
Si los hechos te estropean la teoria, ya sabes, tira los hechos, la teoria es inamovible.
Comentario por José Luis
04/06/2009 @ 10:32
Quizas este equivocado, pero lo que denominan como economía liberal no es sino el sistema economico monetarista que lo que busca es la practica eliminacion del estado confiando al capital el gobierno real.
Comentario por Silgo
04/06/2009 @ 11:36
Bravo. El mejor artículo de los últimos tiempos.
Comentario por Gregorio pillafontana
04/06/2009 @ 13:01
Así son los hechos y, por lo tanto,la realidad. Profesor Navarro:¿Cuándo un artículo sobre el sistema educativo español? Donde se muestre la poca inversión en Educación Pública y el mucho interés de algunas comunidades (Comunidad de Madrid) en el negocio de la educación.
Gracias
Comentario por Tormantos
04/06/2009 @ 15:03
Ayer en el debate Willy Meyer se lo dejo bien claro a Ramón Jauregui: sois de izquierdas en campaña cada 5 años, la realidad es que España es la segunda por la cola en gastos sociales, lanzan la ley de dependencia sin presupuesto suficiente por ejemplo. Casi toda la contratación nueva de las empresas pasa por las ETT con trabajadores de 1ª(los fijos) y de 2ª(los temporales)con diferencias salariales de hasta un 60%, que no nos cuente el PSOE que no estan dispuestos a avaratar el despido si ya se hace, hay que votar IU el unico voto de izquierdas de verdad.
Comentario por Jonás
04/06/2009 @ 15:48
Te recomiendo que leas el manifiesto porque la gente habla de oídas: http://www.crisis09.es/propuesta
Ah! Y José Luis Feito no lo firma.
Comentario por David
04/06/2009 @ 15:51
Totalmente de acuerdo,señor Navarro.El discurso neoliberal ya no tiene credibilidad.
Comentario por lodicecincinato
04/06/2009 @ 19:07
Está demostrado que la economía libre de mercado o capitalismo democrático (no me refiero a ese asqueroso mercantilismo típico de gobernantes corruptos e intervencionistas) enriquece a los trabajadores en contra de las contraproducentes políticas laborales socialistas aplicadas en nuestro país tanto por gobiernos del PSOE como por gobiernos del PP porque, a corto plazo, el salario mínimo y los costes del despido suponen un incremento del paro; pero si esas políticas se prolongan en el tiempo, el desempleo también lo hará y se convertirá en endémico.
Por lo que respecta al largo plazo, las políticas socialistas o intervencionistas también conllevan una disminución de la inversión empresarial o capitalización, que se traduce en un aumento de la demanda laboral y en unos salarios más bajos.
Por tanto, la política laboral socialista produce dos pesadillas para todo trabajador: más paro y salarios más reducidos para el que tenga la suerte de ser contratado.
En este sentido, resulta paradójico y estúpido que una ideología tan antiobrera se la identifique con la “clase obrera”.
www.lodicecincinato.blogspot.com
Comentario por PacoM
05/06/2009 @ 21:01
Aquí lo fácil es criticar, pero a los hechos ciertos nadie le pone nombre ”por si acaso”. ¿Por qué hay que unir reformas laborales a coste del despido? Me parece interesante su planteamiento pero insiste en el mismo tema. Lo que es evidente no se puede cambiar aunque se quiera y somos los campeones del paro. ¿Nos quedamos quietos hasta que escampe? A mí dan envidia paises como Holanda, Suiza y Dinamarca donde el despido no supone una pérdida de derechos por parte del trabajador y resulta absurdo enfrentar a trabajadores y empresarios. El Gobierno tiene que tomar medidas y en su mano está conseguir que los trabajadores tengan la mejor y mayor protección social que, por supuesto, no tiene nada que ver con el coste del despido.
Veo que muchos le han felicitado, pero evidentemente no se produce desde la razón sino desde la ideología y parece mentira que alguien de su ”tremenda experiencia” caiga también en enfoques absolutamente demagógicos como éste porque recibirá muchos aplausos… salvo los de los cuatro millones de parados que no encuentran trabajo a pesar de su insistente búsqueda y entrega de curriculum. En los organismos públicos parece no haber crisis, por ejemplo, y no todos son ”funcionarios de carrera o por oposición libre”.