Opinion · Dominio público

Crecimiento más equilibrado y sostenible

DAVID TAGUAS

23-11-07.jpgEn el tercer trimestre de 2002, en plena desaceleración, las perspectivas de la economía española despertaban alguna dudas ya que el crecimiento interanual del consumo privado (2,9%), era mayor que el del PIB (2,6%), mientras que la formación bruta del capital crecía a un exiguo 2,1%, arrastrada por la caída en los bienes de equipo (-2.4%). Si en esa fecha se hubiera preguntado a los economistas cuál era la composición del crecimiento que hubieran preferido, sin dudarlo habrían deseado un crecimiento de la inversión mayor que el del PIB y del consumo.

Cinco años más tarde, los datos del tercer trimestre que acaba de publicar el INE muestran precisamente esa composición deseada: la economía española crece más y lo hace además de forma más equilibrada y sostenible. Sin embargo, las reacciones que ha suscitado la publicación de estos datos siguen poniendo más énfasis en los posibles riesgos, que hasta ahora no se están materializando, que en un análisis riguroso de realidad.

Tres diagnósticos relevantes deben destacarse a partir de la información publicada. En primer lugar, como se acaba de mostrar, el crecimiento es cada vez más equilibrado, habiéndose moderado la aportación del consumo y de la construcción de viviendas. En pocos trimestres se ha alcanzado una composición más virtuosa, con un elevado crecimiento del 3,8%.

Tras el techo de crecimiento alcanzado en el primer trimestre de este año, se ha entrado en una fase de desaceleración muy suave. Pero hay que subrayar que, a diferencia de lo que ocurre en EEUU y en la UEM, la tasa de inversión sigue creciendo, incluso en presencia de una muy significativa desaceleración de la inversión en vivienda, gracias a la pujanza de la inversión en equipo, que crece por encima del 11%. Por su parte el consumo crece menos que el PIB, y el sector exterior ya sólo resta seis décimas al crecimiento, cuando en 2005 y 2006 había restado 1,6 y 1,2 puntos, respectivamente.

En segundo lugar, al igual que en los últimos trimestres, la evolución de la productividad muestra un comportamiento más favorable que en los años anteriores. El escaso, casi nulo, aumento de la productividad desde mediados de los 90 llevaba a concluir, con razón, que en el futuro no podrían mantenerse ritmos medios de crecimiento tan elevados.

Pues bien, el cambio de patrón de crecimiento de la economía española también se ha reflejado de forma clara en la evolución reciente de la productividad. La productividad ha crecido por tercer trimestre consecutivo un 0,8%, valor muy por encima del promedio de la última década. Este hecho es de gran importancia, ya que la productividad es el principal determinante del crecimiento a largo plazo de la economía y, en consecuencia, de la renta per cápita.

Además, este crecimiento de la productividad se ha concentrado en los sectores más dinámicos de la economía. El sector privado encadena cinco trimestres con crecimientos de la productividad por encima del 1%, algo no observado desde 1995, gracias fundamentalmente al fortísimo crecimiento de la productividad en la industria y, aunque algo menor, en los servicios de mercado. Finalmente, el mejor patrón de crecimiento también se puede constatar en una menor caída de la productividad en la construcción, a pesar de seguir siendo uno de los sectores que más contribuye a la creación de empleo.
En tercer lugar, en el tercer trimestre de 2007, la remuneración por asalariado en el conjunto de la economía creció en términos reales un 1,4% interanual, acumulando cuatro trimestres consecutivos de aumento del poder adquisitivo de los trabajadores. Desde principios de 2007, el crecimiento promedio se eleva al 1,2%. Esta evolución ha sido, además, compatible con el sostenimiento de un ritmo notable de creación de empleo.

El crecimiento medio de los salarios reales se ha visto afectado por un efecto composición derivado de la incorporación al mercado de trabajo de trabajadores con una menor experiencia laboral, y por tanto, con una menor remuneración inicial. Por ello puede afirmarse que el aumento del poder adquisitivo de los trabajadores con experiencia laboral y puestos de trabajo estables está siendo incluso significativamente superior al que se observa en el conjunto de la economía. Una recuperación del poder adquisitivo de los salarios de esta intensidad no se producía desde mediados de la década de los 90. Además, a medio plazo, la aceleración de la productividad de la economía española permitirá consolidar este incremento sin que genere tensiones inflacionistas, fortaleciendo la competitividad.

Ésta es la realidad de los datos. Al iniciarse la legislatura, sobre la base de un diagnóstico compartido de una economía con un crecimiento aceptable pero desequilibrado, se diseñaron políticas destinadas a fortalecer las bases del crecimiento económico de largo plazo, impulsando el capital físico, humano y tecnológico en un marco de estabilidad presupuestaria. El análisis del crecimiento actual no puede sino llevar a concluir que la solidez de la economía española permite ser hoy más optimista que hace unos años ante los retos futuros.

David Taguas es Director de la Oficina Económica del Presidente del Gobierno

Ilustración de Mikel Jaso