Dominio público

Opinión a fondo

Democracia griega vs. autocracia europea

05 Jul 2015
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Augusto Zamora R.
Profesor de Relaciones Internacionales

El país que inventó la democracia (el poder del pueblo), ha decidido dar una nueva lección de democracia al continente que se dice el más democrático del mundo. La decisión del gobierno griego de Tsipras es algo más, bastante más, que una simple consulta sobre el plan de ajustes económicos que la Unión Europea pretende imponer a Grecia. Significa someter las decisiones de la burocracia autocrática que gobierna la UE al sistema elogiado por Pericles: la opinión del pueblo. Más que la decisión griega de convocar un referéndum, debe sorprender la reacción de los gobiernos europeos y de la tecnocracia autocrática a la convocatoria del referéndum. Una tecnocracia que gobierna la UE en nombre de los pueblos pero que, en realidad, la gobierna contra los pueblos y en beneficio de grandes poderes oligopólicos que mantienen sometida a la UE a sus miserables intereses económicos y políticos.

La reunión de la que fue expulsado el ministro griego de Finanzas, Varoufakis, es un ejemplo claro y rotundo del autoritarismo dominante en las altas esferas comunitarias. Un comité de señorones y señoritos, pagados de sí mismos y al servicio de los oligopolios, violando las reglas de la propia UE –que imponen la unanimidad- decidió excluir al país disidente para demostrar quién manda en los despachos comunitarios. El desprecio demostrado por gobiernos y tecnócratas a la idea de una consulta democrática (“las urnas son peligrosas” declaró la ministra española de Agricultura refiriéndose a Grecia) hace aplicable la vieja máxima jurídica, de que a confesión de parte, relevo de pruebas. La UE, nacida para establecer una unión solidaria, sustentada en los derechos económicos, sociales y culturales de los pueblos, ha devenido en un trapiche para expoliar a unos pueblos en beneficio de otros y para entronizar la hegemonía alemana sobre devastadas poblaciones, sin respeto alguno al juego democrático.

No obstante, la lección de democracia que está dando Grecia no debería quedar reducida a la jornada del 5 de julio de 2015. La valentía y dignidad griega debe ser incorporada al sistema orgánico de la UE, estableciendo una norma legal que, aprobada por el Parlamento Europeo o –en su caso- por los parlamentos nacionales, obligue a los gobiernos a someter a los pueblos respectivos las decisiones que afecten gravemente sus derechos económicos y sociales, las que comprometan a un país a acciones armadas o que impliquen el estacionamiento de fuerzas extranjeras en menoscabo de su soberanía.

El tema no es baladí, sobre todo tomando en cuenta la creciente confusión (o colusión) gobiernos-oligopolios, en lo que se ha llamado ‘puertas giratorias’: el número notable de políticos (ex presidentes de gobierno, ex ministros, ex eurodiputados o ex altos cargos) que pasan de los gobierno a consejos de administración de empresas o a ocupar puestos ejecutivos en transnacionales. Los casos de Felipe González y José María Aznar son la punta del iceberg. Decenas de políticos nacionales y europeos llenan las cúpulas directivas en empresas públicas nacionalizadas y grandes corporaciones. No son pocos los casos de eurodiputados que, después de lograr la aprobación de directivas comunitarias sobre –por ejemplo- energías renovables, terminan trabajando en empresas de energías renovables beneficiarias de esas directivas. Resulta evidente que estos políticos han usado sus puestos en la UE para promover los intereses de grandes empresas y que, al abandonar la UE, se ven recompensados con altos cargos y salarios obscenos como gratificación o recompensa por los servicios prestados.

La existencia de lobbies pagados por grandes consorcios hace más graves el problema. Tal situación deviene en tramas de corrupción, conflictos de intereses, adopción de políticas en beneficio de oligopolios, etc., todo lo cual ha provocado una perversión del sistema democrático, si acaso no su conculcación. Se vio en España, cuando al estallar la crisis, el gobierno salvó a los bancos y hundió en la miseria a millones de ciudadanos. La situación griega es otro tanto de lo mismo. Salvar a los acreedores, aunque ello implique el sacrificio de un país entero, recurriendo, para someter a Grecia al diktat de la UE, a amenazas, chantajes y retorsiones. La política es entendida como guerra contra los pueblos, con los promotores de las mismas trabajando para corporaciones que luego los sentarán en sus consejos directivos o les obsequiarán con despachos ejecutivos.

La estructura de funcionamiento de la UE es profundamente antidemocrática. El mismo Parlamento Europeo tiene funciones limitadas, en tanto los comisarios son pequeños dictadores nombrados para ejecutar políticas sospechosamente similares a esa fábrica mundial de miseria que el FMI. Bastó un comisario de agricultura para casi quebrar el sector lácteo español, sin que el gobierno pudiera hacer otra cosa que suplicar. Según está organizada la UE, los señoritos comisarios tienen más poder que los gobiernos, aunque nadie los haya elegido democráticamente. Por demás, el Parlamento Europeo es un costoso cementerio de elefantes, que la casta política usa para jubilar a políticos gastados, otro cáncer que corroe por dentro a la UE. La suma de vicios da un sistema controlado por minorías reaccionarias, al servicio de intereses espurios y oscuros.No es de esperar que el sistema se reforme voluntariamente desde dentro. Esta realidad hace imperiosa la aprobación de una normativa que obligue a los gobiernos a someter a consulta popular medidas que afecten o puedan afectar al país entero o a amplios sectores de población, como correspondería a sistemas efectivamente democráticos. Como no cabe pensar que partidos de derecha quieran llevar adelante esta iniciativa, correspondería a los partidos progresistas y de izquierda juntar esfuerzos para sacar adelante una normativa de tal naturaleza. En otras palabras, convertir la excepcionalidad del referéndum griego en un proceso normalizado. Por demás, este sistema funciona en Suiza, donde el pueblo es consultado regularmente sobre los temas más variados, sin que nadie alegue –en contra de ese sistema- que las urnas son peligrosas. En realidad, las urnas son peligrosas para tiranos y autócratas, no para los pueblos. A propósito de urnas, resulta curioso que las exijan para Venezuela y las condenen en Grecia.

En Grecia se juega algo más que reformas económicas y duros ajustes estructurales. Se juega el futuro de la democracia en las instituciones europeas y, dado el poder de éstas, el futuro democrático y los últimos restos de soberanía de los países miembros. Angela Merkel y sus acólitos quieren a Grecia de rodillas desde criterios imperiales, aplicados durante décadas por EEUU en Latinoamérica. Grecia es la ‘manzana podrida’ que podría pudrir al resto de manzanas del cesto europeo si tuviera éxito. Acabar con la manzana podrida es el objetivo de la política de la UE, para dar un escarmiento a otros países (léase España). La doctrina de la ‘manzana podrida’ la expuso el secretario de Estado de EEUU, Dean Acheson, en 1946, para combatir al ‘comunismo’, entendiendo por comunismo todo movimiento popular. Esta doctrina renace en Europa con los mismos propósitos: combatir a los movimientos populares y consolidar un nuevo modelo de autoritarismo. El siguiente paso podría ser la guerra con Rusia por Ucrania, cuyo dominio intentó Alemania en las dos guerras mundiales. ¿Tendrá  éxito ahora? ¿Adiós democracia en la UE? ¿Nos resignaremos ahora para llorar después?


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