Dominio público

Opinión a fondo

Aquella rueda de prensa

22 Ene 2016
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Emilio Delgado
Diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid

A veces ocurre que alguien rebobina hasta algún momento sepultado por el paso del tiempo y rescata episodios pequeños que tienen la capacidad de explicar aquel contexto histórico de forma potente y plástica. Es posible que en el futuro sea útil regresar al día 19 de enero si se desea bucear en la crónica política de nuestros días para explicar procesos ulteriores.

Ese día tuvo lugar la primera rueda de prensa del grupo confederal de Podemos de la décimo primera legislatura. El objetivo era la presentación de este grupo y explicar las circunstancias que han rodeado su conformación. Sin embargo, todo, absolutamente todo lo que ocurrió en la forma y en el fondo era noticiable.

Para empezar, el propio formato de la comparecencia, en un país acostumbrado a ver a sus dirigentes en una televisión de plasma, a que le hurten explicaciones, a ruedas de prensa sin preguntas o con preguntas limitadas y pactadas. Durante casi una hora, el número dos de Podemos, Íñigo Errejón, junto a Alexandra Fernández (En Marea-Podemos) y a Xavier Domènech (En Comú-Podem), se sometieron a todas la preguntas y repreguntas de los periodistas, pudiendo interpelar estos directamente a cualquiera de los tres portavoces. El tono cercano contrastaba con las formas, pretendidamente serias, de quienes han hecho del protocolo un escudo para que nadie cuestione su estilo de vida.

La presentación del grupo confederal “Podemos-En Común-En Marea”, apuntaba de forma implícita y explícita a la que es posiblemente la única salida que le queda al estado español para superar sus dificultades de encaje territorial y su supervivencia como proyecto nacional. Esto es, evolucionar hacia un proyecto real de nación de naciones que permita la unidad en la diversidad y que tenga un proyecto político que proteja a la mayoría social del país de la voracidad de unas élites que no dudan en saquear los recursos de todos para su propio beneficio sin reparar en las consecuencias económicas, sociales y políticas de su actividad depredadora.

La propuesta política que ha defendido Podemos junto con sus alianzas, el tridente que anuda la plurinacionalidad, la regeneración política y la justicia social y que se concreta en cinco medidas de reforma constitucional, constituye un ejercicio de alta ingeniería política que demuestra solvencia y responsabilidad, dos cualidades sin las cuales nuestro país se ve abocado a una cadena de tensiones que no parecen conducir a ningún lugar estimulante o deseable.

Frente a ella, el que hemos denominado “búnker de los tres” (PP, PSOE y Ciudadanos) se mueve entre propuestas continuistas que presumen y presentan como un valor el inmovilismo y declaraciones ampulosas de cambio, apertura y diálogo, que chocan una y otra vez con las decisiones que se toman en la práctica.

El PSOE, en mitad de la crisis más grave de su historia moderna, aboga por reformas, integraciones y diálogos que simultáneamente niega al impedir que las alianzas de Podemos tengan grupo propio en el Congreso aun reuniendo todos los requisitos formales, mientras no duda en entregar la mesa al PP y a Ciudadanos o cede senadores a ERC y a CDC para que tengan grupo propio en el Senado. Igualmente, sigue sin pronunciarse sobre las puertas giratorias, la derogación de las reformas laborales o la abolición de la reforma del artículo 135 de la Constitución. No aclara qué país quiere, pero insiste en que quiere gobernarlo.

La actitud de este bipartismo ampliado no tiene que ver con la actualización que han demandado millones de personas en las plazas y las urnas, sino con el mantenimiento del status quo y de las condiciones que benefician a un conglomerado de partidos y empresas que ejercen de facto la dirección del país.

La primera rueda de prensa de las fuerzas del cambio en el Congreso continúa avanzando en el dibujo de la otra posibilidad, la de un país distinto que recoja las demandas evidentes de una ciudadanía harta de estar harta.

Conviene subrayar el término, posibilidad, que aclara que no hay nada escrito. Pero cuando lo que queda fuera de esa posibilidad es el reino de la tristeza y la impotencia, merece la pena pelear por ella. Porque no nacimos para vivir impotentemente tristes, sino para descubrir los fantásticos paisajes que hay más allá del miedo y la resignación. Algo se vio ayer, en aquella rueda de prensa, en la que voces distintas hablaban de las necesidades de todos.


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