La ciudadanía universal
JULIO ANGUITA
El 10 de diciembre de 1948, en el palacio Chaillot de París, tuvo lugar la aprobación de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DDHH). Es un documento poco leído, escasamente difundido y desde luego apenas meditado y reflexionado. Entre las recomendaciones que acompañaron a su aprobación figuraba con especial énfasis el que se leyera en todas las escuelas y centros de enseñanza del mundo entero. ¿Se hace en España?
Los contenidos de la Carta adquirieron condición de obligado cumplimiento para los países signatarios de los tres Pactos que en 1966 la desarrollaban y ampliaban. En la actualidad son prácticamente todos los estados que se han obligado a desarrollarlos e incluso incorporarlos a sus textos constitucionales. Entraron en vigor en el reino de España el 27 de julio de 1977.
Los DDHH son víctimas del fuego cruzado de dos lecturas que se hacen de los mismos: la que se limita a declamar, más que aplicar y exigir, los contenidos políticos y de libertades, y la que considera con notoria ofuscación que dicha Declaración es una iniciativa burguesa y, por ende, rechazable desde la izquierda auténtica. Unos la mutilan a la hora de comentarla y los otros no han reparado todavía en su capacidad potencial para producir procesos de cambio social.
Sé perfectamente que un documento, texto o programa son papeles mojados si se carece de una fuerza democrática y movilizada permanentemente que lo haga cumplir y lo cumpla. Y de eso se trata. ¿Cuáles son las características de la Declaración y los contenidos del Preámbulo junto con los 30 artículos que la componen? Voy a reparar solamente en aquellos que en esta hora de crisis de sobreproducción del capitalismo hacen referencia a los problemas que están sufriendo de manera lacerante los trabajadores y asalariados en general.
Desde el derecho al trabajo de toda persona hasta el de las vacaciones periódicas pagadas, pasando por el de una remuneración equitativa, el de igual salario por trabajo igual, “el de protección social y el de la protección contra el desempleo”, la Declaración es hoy, en este momento, la confirmación de su oportunidad, actualidad y necesidad. Y además, ¿hay alguien que se oponga abiertamente a estos derechos?
El que esta Declaración tenga un respaldo prácticamente planetario la convierte en un texto que consagra la ciudadanía universal. Por eso cuando en el artículo 28 se dice que toda persona tiene derecho a que se establezca un orden social e internacional en el que los derechos y libertades proclamados en esta Declaración se hagan plenamente efectivos, se está sentando el fundamento de la jurisdicción universal; algo que al desorden jurídico, nacional y mundial, le pone de los nervios. El consenso universal en torno a los DDHH –aunque sea puramente retórico– les dota de una legitimidad que genera autoridad moral.
Decía Adolfo Sánchez Vázquez que un hecho revolucionario no es necesariamente un acontecimiento que aparente y súbitamente cambie el poder político, sino más bien toda aquella acción, propuesta o alianza programática que tiene la virtud de desencadenar procesos de cuarteamiento y descomposición del sistema vigente en cada momento, y de manera simultánea ir creando la nueva sociedad con sus nuevos valores. La revolución es también y fundamentalmente el cambio personal y social hacia el hombre nuevo; es el proceso que el profesor Alsó ha denominado como sociedad paralela. ¿Creen los lectores que el sistema capitalista –y en esta precisa coyuntura además– puede asumir un orden económico y social en el que el paro esté erradicado y la ciudadanía mundial tenga asegurados los contenidos de la Declaración de DDHH? La respuesta es rotunda: el capitalismo, en sus variadas y múltiples encarnaciones, es totalmente incompatible con los DDHH, los sociales y también los políticos.
Si el objetivo universal es la consecución de los contenidos de la Declaración, se infiere algo que trastoca la filosofía al uso: la economía –y en concreto aquella que se sustenta en el mercado capitalista, la competitividad y el crecimiento sostenido– deja de ser una ciencia pretendidamente finalista en sí misma y pasa a ser una ciencia instrumental al servicio de un orden planetario socialmente justo, ecológicamente concebido y políticamente democrático en el sentido más radical del término.
Los que nos declaramos comunistas marxistas debemos tener presente que nuestra utopía es una cosmovisión, una pulsión que nos impulsa a buscar con otros y otras un mundo sin explotación, sin alienación y de plena centralidad humana. ¿No serían los DDHH esa plataforma en la que podemos encontrarnos? ¿No sería también materia de alianza la incorporación a la solemne Declaración de los Derechos Medioambientales? ¿No sería oportuno también en esa conjunción internacional hacer que la ONU se sitúe en su concepción, organización y funcionamiento a la altura de la Carta que originó? ¿No sería esta la materia de un nuevo internacionalismo?
Lo que no se puede hacer desde la izquierda es quedarse en la orilla como el malecón o como el molusco que quiere calcáreamente imitar a la roca, que diría Vicente Aleixandre. Por supuesto que tampoco es admisible disfrazar la indigencia ideológica o la pérdida de identidad acogiéndose bajo el manto sagrado de la modernidad con pedigrí a lo Wall Street.
Tener fuertes convicciones no sirve si estas no se explicitan mediante el ejemplo en la cotidianeidad y el ejercicio político de inducir –desde lo particular, concreto y asequible a todos y todas– la creación de fuerza solidaria, organizada y mayoritaria capaz de dirigir la marcha hacia un mundo nuevo. También necesitamos la mayéutica a lo Sócrates.
Julio Anguita es ex coordinador general de IU.
Ilustración de Javier Jaén








Comentario por HORTOPU
03/10/2009 @ 12:10
Me parece muy interesante este cambio táctico, que no estratégico, que Anguita propone. Es cierto que los tiempos son muy duros para un cambio de modelo social, paradójico hecho con lo que está cayendo pero así es la realidad. Coincido con él que una lucha por la implantación de forma radical de los DD. HH. sumiría al sistema capitalista en unas tensiones tan fuertes que le haría peligrar en su continuidad. No obstante, no estoy tan seguro que supusiese su desaparición, este Sistema, si algo ha demostrado, es su enorme capacidad de adaptación asume todo lo que le echen siempre y cuando las relaciones económicas y de poder no se alteren. La reflexión que yo me hago en voz alta es la de que nosotros, los del otro lado aquellos que nos consideramos socialistas y marxistas, deberíamos trabajar para la creación de un nuevo discurso que contribuya a la implantación del socialismo en ese nuevo marco que Anguita nos propone, algo que nos va a exigir grandes dosis de creatividad y probablemente “ronchas” en la piel de muchos marxistas de viejo cuño, de todas formas creo que la izquierda debe explorar este y otros caminos si no quiere convertirse en el “pepito grillo” de la derecha y si tiene verdadera voluntad de cambiar las cosas y no solo de maquillarlas.
Comentario por alberto
03/10/2009 @ 13:06
julio cada dia estoy mas identificado con tigo y tu linea politica. Tu articulo sobre los DD.HH es buenisimo, lo malo es que hay que leerlo y analizarlo. Y hoy es mucho pedir dentro de la sociedad en que vivimos lastima que no practiquemos mas la lectura y el analisis de lo que leemos, otro gallo nos cantaria. Lo mismo que es una lastima que los medios de comunicacion no cuenten mas con tus opiniones, y den cavida solo a los que dictan lo que les mandan.
Comentario por asterix
03/10/2009 @ 19:57
Magnífico.
Gracias por tu ejemplo, Julio
Comentario por Paula
04/10/2009 @ 11:25
Sinceramente.. genial.. y la frase siguiente inmejorable…
”Los que nos declaramos comunista marxistas debemos tener presente que nuestra utopía es una cosmovisión, una pulsión que nos impulsa a buscar con otros y otras un mundo sin explotación, sin alienación y de plena centralidad humana”..
Encontrandonos en los DDHH cada día.. teniendo presente cada día esa cosmovisión.
Salud y acierto.
Comentario por Luis Martinez de Velasco
05/10/2009 @ 08:48
Como siempre, Julio Anguita ha dado en el clavo. En efecto, el marxismo es una cosmovisión y, como tal, incluye una ética basada en la conciencia de la absoluta e innegociable dignidad humana (tesis de raigambre gramsciana).
¡Bravo por Julio!
LUIS
Comentario por Rafael Pla López
05/10/2009 @ 13:53
Lo que escribe Julio es sorprendente: los ”comunistas marxistas”, para serlo, lo primero que deberían hacer sería estudiar a Marx, cuyas posiciones están muy lejos del discurso de la ”utopía” que tanto le gusta a Julio, y que ahora redondea con la sobrevaloración de la declaración de DDHH de la ONU. Me explico: puede haber y hay ”comunistas utópicos”, y bienvenidos sean a la lucha contra la explotación y la opresión, pero lo que no es posible es declararse al mismo tiempo ”utópico” y ”marxista”, como si Marx no hubiera combatido inequívocamente el ”utopismo”. Por otra parte, la declaración de DDHH de la ONU es un buen resumen de una serie de derechos democráticos enraizados en la Revolución (burguesa) Francesa, con el añadido de otros vinculados al llamado ”Estado del Bienestar” propio del capitalismo keynesiano. Ciertamente, debemos reivindicar su cumplimiento, y más frente a las versiones neoliberal y autoritaria del capitalismo que ningunean tales DDHH, pero de ahí a convertirla en una plataforma por un mundo sin explotación va un trecho que no podemos recorrer sin caer en una grave tergiversación
Comentario por pepe111
05/10/2009 @ 18:00
Rafael Pla, permítame: no veo la contradicción entre confrontar al sistema con sus propios presupuestos, de los que alardea (libre competencia y derechos humanos), por muy bugués que sea su origen y, a la vez, criticarlo radicalmente. De hecho las alianzas entre la oposición intra y extra sistema son una constante histórica (por ej, los frentes populares de los años 30)
Comentario por Rafael Pla López
06/10/2009 @ 12:56
pepe111, me parece muy bien la alianza entre lo que llamas ”la oposición intra y extra sistema”, y en particular imprescindible la defensa de los Derechos Humanos, enarbolando la bandera de la declaración de la ONU contra quienes los niegan (quizá deberías aclarar cómo entiendes que se puede confrontar al sistema con la ”libre competencia”). Pero eso no justifica:
1) Confundir marxismo y utopismo.
2) Confundir la declaración de la ONU con una plataforma anticapitalista.
En otras palabras: adelante con la unidad de acción entre reformistas, revolucionarios y utópicos; pero no con el confusionismo de pretender que todo es lo mismo. Precisamente porque la izquierda es plural hay que trabajar con sus distintos componentes… no negar las diferencias entre ellos, lo que equivaldría a negar dicha pluralidad.
Comentario por pepe111
06/10/2009 @ 17:34
Rafael Pla: efectivamente ”lo cortés no quita lo valiente” y ”cuanto más amigos más claras las opiniones y las intenciones”.
Un saludo