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Opinión a fondo

Victoria siria en Palmira: repercusiones internas y globales

29 mar 2016
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Pablo Sapag M.
Profesor-investigador Universidad Complutense de Madrid y del Centro de Estudios Árabes de la Universidad de Chile

La liberación de Palmira por parte del Ejército Árabe Sirio marca un punto de inflexión definitivo en la crisis que desde hace cinco años sufre el país árabe. Se trata de la mayor derrota infligida al Estado Islámico desde el verano de 2014 cuando esa organización terrorista de vocación global –de ahí su nombre sin denominaciones geográficas- adquirió proyección internacional. Más allá de su importancia arqueológica e histórica, Palmira refleja lo que es Siria, una sociedad multiconfesional y multiétnica en la que los distintos legados históricos se complementan en una sociedad mosaico que nada tiene de parque temático y sí mucho de realidad actual  y antropología viva. A ello hay que sumarle el hecho de que el feminismo sirio, uno de los más sofisticados y avanzados del mundo, se inspira en Zenobia, indomable reina de Palmira. Todo eso proyecta una victoria difundida internamente por el Estado sirio con preocupación simbólica.

Así, se ha destacado que la liberación de Palmira coincide con el Domingo de Resurrección, que celebran los millones de cristianos sirios cuyos ritos son respetados y difundidos por el aconfesional Estado sirio tanto como los de los musulmanes. Esa idea de la resurrección de Siria se ha proyectado desde el mismo lugar de los hechos por periodistas que han relatado los desmanes del EI sobre el patrimonio pero también sobre las personas. Las ejecuciones por decapitación de soldados cristianos y musulmanes del Ejército Árabe Sirio o del famoso arqueólogo Jaled Al Asaad en el teatro de Palmira se han recordado tanto como la de los civiles cristianos y musulmanes ejecutados según los terroristas entraban en la ciudad en mayo pasado. Lo han recordado en la Palmira recuperada para Siria y la Humanidad hombres y mujeres de una Siria en la que hay más ingenieras, así en femenino, que ingenieros varones y donde jamás han existido códigos de vestuario sexistas o de inspiración religiosa como los que hay en Arabia Saudí o Francia. Sin embargo, y como explica Robert Fisk en The Independent, todas esas cosas han sido ocultadas por los medios de comunicación salafistas y occidentales. En su sitio web CNN seguía utilizando 24 horas después de la victoria el condicional y los signos de interrogación para referirse a un hecho de repercusiones indudables.

En términos militares la liberación de Palmira permite al Ejército Árabe Sirio controlar 30 mil kilómetros cuadrados de desierto y proyectarse tanto al este como al norte. En el primer caso, para levantar el cerco que los terroristas del EI mantienen sobre una parte de la ciudad de Deir al Zhur, en la frontera con Iraq. Hacia el norte, la proyección apunta a Raqqa, capital del autoproclamado califato del Estado Islámico, al que algunos think tanks estadounidense y británicos recomendaban hace menos de un año reconocer. La derrota en Palmira del más fuerte y mejor preparado de los grupos yihadistas que combaten al Estado sirio, lanza de paso un mensaje claro a los otros grupos de inspiración salafista y wahabita financiados por Arabia Saudí, Qatar y Turquía y apoyados política y mediáticamente por potencias occidentales como Francia, Reino Unido o EEUU. Esos grupos, entre los que destaca la filial de Al Qaeda en Siria Jabat al Nusra tendrán que enfrentar ahora a un revigorizado Ejército Árabe Sirio que como se ha visto en Palmira aún cuenta con el apoyo aéreo ruso. Al tratarse de grupos con un número relativo de combatientes sirios —a diferencia de un EI también globalizado en lo que a recursos humanos se refiere— esas organizaciones aún pueden aprovecharse de los procesos de Reconciliación Nacional que desde 2012 impulsa el Estado sirio.

Estos procesos basados en la amnistía han permitido pacificar decenas de pueblos, localidades y barrios en ciudades tan importantes como Homs. Ignorados por los medios de comunicación salafistas y globales, han sido una de las claves para reconducir con éxito la situación en la propia Siria. Expuestos a correr la misma suerte que el EI, que perdió 400 efectivos en una semana de combates en Palmira, grupos como Al Nusra, el Ejército del Islam o Ahrar al Cham y otras franquicias del yihadismo más o menos local deben decidir si mantienen sus posiciones en los cuatro barrios de Alepo que controlan, en las despobladas ciudades de Jisr al Shugur e Idlib y en las ciudades dormitorio damascenas de Harasta, Jobar y Duma o se benefician de los procesos de Reconciliación Nacional para evitar así un asalto final a unas posiciones hoy meramente defensivas y sin posibilidad de proyección dada su debilidad militar y, sobre todo política, ya que desde el comienzo de la crisis son repudiados por la mayoría de una población siria que no soporta su sectario fanatismo religioso y sus connivencias con potencias extranjeras. La sociedad siria es históricamente multiconfesional y antimperialista, de ahí su resistencia a grupos que atentan contra esas dos señas de identidad.

La liberación de Palmira también tiene efectos en el ámbito político y diplomático. En el primer caso y de cara a las elecciones legislativas del 13 de abril, fortalece a los partidos que siendo de oposición o gobierno han sido leales al Estado sirio estos cinco años –en Siria jamás ha habido un régimen de partido único, sectario o familiar como se ha señalado propagandísticamente-. A nivel externo, la liberación de Palmira deja claro quiénes combaten de verdad a ese Estado Islámico que todos dicen temer. Mientras la aviación de EEUU no hizo nada en mayo de 2015 para evitar el asalto del EI en Palmira –por no señalar otro tipo de connivencias-, Siria y Rusia le han endosado su mayor derrota. Visible y comprobable.

Ocurre todo mientras Europa se recrea en sus mezquindades respecto a los refugiados y los atentados de Bruselas. Una y otra cosa también tienen que ver con la liberación de Palmira. En el primer caso, semejante victoria del Estado sirio ofrece seguridades de regreso a muchos desplazados y el freno a nuevas salidas. En cuanto a lo otro, Palmira exige con urgencia un cambio de las políticas de la UE inspirada por el inefable y sectario neoimperialismo francés, los negocios con las dictaduras absolutistas del Golfo y la condescendencia con una Turquía neotomana que ha promovido la inestabilidad en Oriente Próximo.

La derrota del EI en Palmira intensifica el regreso a Europa a través de Turquía de esos yihadistas que han adquirido en Siria formación militar y se han ideologizado al extremo. Entre las imágenes censuradas por los medios de comunicación occidentales que han proyectado equívocamente la crisis siria como una “guerra civil” y a los terroristas como “rebeldes moderados”, las de decenas de ordenadores y teléfonos móviles de los yihadistas muertos en Palmira. La información de esos dispositivos está ya en manos de los servicios de inteligencia sirios, los únicos que pueden informar a los europeos de los contactos y el paradero de esos terroristas europeos hoy de vuelta a casa para pasar de la “yihad en frente abierto” en Siria a la “yihad por células” en su Europa natal, según la teoría del ideólogo del yihadismo Mustafá Setmariam, protagonista del anterior levantamiento armado yihadista en Siria entre los años 1973 y 1982. Damasco ya ha dejado claro que esa información no es gratis. La UE debe recomponer sus relaciones con Siria, reabrir sus embajadas y enterrar sus veleidades neo imperiales. No es mucho comparado con el precio que Siria ha pagado en vidas e infraestructuras estos cinco años, entre otras cosas, para recuperar Palmira y lo que ella significa para Siria, sí, pero también para la Humanidad toda.


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