El retorno del capitán Cereno
Tags: cultura economía políticaJOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ CASANOVA
Benito Cereno es un famoso relato marinero de Herman Melville (1819-1891), al que Borges consideraba un escritor con “grandeza substantiva”. Es una historia basada en hechos reales. El español Benito Cereno capitanea un velero portador de esclavos senegaleses que, a poco de zarpar, se sublevan en sangriento motín, dirigidos por el joven Babo. Este amenaza a Cereno con hacer otra escabechina entre los restantes blancos del navío si no los conduce a Senegal. El capitán alega que para un viaje tan largo no hay bastante agua potable. Con tal excusa fondea en una isla donde coincide con el navío “del generoso capitán Amasa Delano”, personaje verídico y antepasado del presidente F. D. Roosevelt, el del New Deal. Intrigado porque la nave parece ir sin rumbo y no lleva bandera, Delano la visita y queda perplejo ante el caos, la desidia, la indisciplina y el abandono que encuentra a bordo, más la sensación de que alguien le vigila. El más misterioso es el propio Cereno, callado, esquivo, descortés. Delano no se da cuenta de que el negro Bebo interpreta el papel de un celoso criado pendiente de su amo para no dejarle nunca a solas con él. Es famosa la escena en que Cereno le da una versión falsa de las desgracias que han mermado la tripulación mientras Bebo le afeita. La navaja que rasura es también amenaza de degüello si Cereno explica la realidad. Al final, perseguido por Bebo y su puñal, huirá del barco lanzándose sobre el bote del capitán Delano, que ha comprendido lo que ocurre en la nave española y, tras encadenar a Bebo, domina con sus hombres a los esclavos y la aventura acaba ante los tribunales del virrey del Perú. Bebo es condenado a muerte y el capitán Cereno, torturado por el recuerdo de su tiranía mientras se fingía fiel servidor, muere poco después. Y el relato de Melville concluye así :“Benito Cereno, llevado en ataúd, fue tras su verdadero jefe”.
Carl Schmitt, el gran jurista alemán, acusado de colaborar con los nazis, estaba obsesionado con este relato y con una frase concreta de él: “Hasta tal punto pueden imponerse las estrategias y maquinaciones malignas; hasta tal punto fiel pueden equivocarse los mejores individuos al juzgar la conducta ajena por desconocer las realidades profundas de su condición”. Así explicaba su falsa adscripción al nazismo, amenazado por las navajas de las SS y hacía de Benito Cereno símbolo desgraciado de la “inteligencia en una sociedad de masas”. El viejo profesor Tierno Galván fue más lejos y vio en el marino el símbolo de la Europa de 1950: “Los europeos de hoy estamos embarcados, como don Benito, en la situación definida por un barco que meramente flota (…), pero Cereno sabe que el barco no va a ninguna parte y que el intento de gobernarlo es inútil”. De ahí también, según el profesor Truyol, “su continuo oscilar entre la rebelión, la dejadez y el miedo”. Lo razonable es huir del barco “en el chinchorro filantrópico de Mr. Delano”.
La capacidad simbólica del autor de Moby Dick, la ballena blanca es enorme. A Schmitt le sirvió para justificar su ambigua actitud durante el III Reich; a Tierno y Truyol, su europeísmo militante en una España recién salida del lazareto impuesto por la ONU ; otros han visto la alegoría del tránsito del imperio español en América al de Estados Unidos, pero la interpretación que ha hecho más fortuna es la que ve un ejemplo vivo de la dialéctica del amo y del esclavo, elaborada por Hegel. La conciencia señorial, para saberse libre e independiente del todo, necesita que los demás sean “cosas”. La conciencia servil necesita que los demás reconozcan su utilidad. La paradoja final es que el señor, para serlo, necesita un servidor, y este precisa del señor para saberse útil. Pero entonces el amo depende del esclavo y este, al ser imprescindible, se convierte en lo más necesario. Se han invertido los papeles. Bebo es “el verdadero jefe” del capitán Cereno. Marx aplicaría esta dialéctica a las clases sociales burguesía-proletariado, personificadas por el nobel Harold Pinter en los protagonistas del film de Losey, The Servant.
Me atrevo a una versión del mito en clave española actual. Al Gobierno de Rodríguez Zapatero se le sublevan en plena crisis los poderes económicos y le amenazan con el conflicto social si hace una política que perjudique sus intereses. Cuando la izquierda y los sindicatos exigen una distribución justa del coste de la crisis, Zapatero ha de presentar su política como social, justa, progresista, porque se juega el cuello si dice la verdad y, sobre todo, si se enfrenta con quien tiene efectivamente el poder del Estado. Lo razonable sería dejar de “oscilar entre la rebelión, la dejadez y el miedo” y saltar de una vez al bote salvavidas de la izquierda. ¿Qué se lo impide?: sencillamente haber leído el final del relato de Melville. Si la izquierda anticapitalista y la clase trabajadora acaban con la sublevación antisocial de una minoría subversiva y en gran parte criminal, y si los tribunales de Justicia, amparados en la Constitución, condenan a los amotinados y deja de existir el correspondiente Bebo (quién sea lo dejo a la imaginación del lector inteligente), estamos ante una revolución que arrastra a cualquier gobierno de todo Estado capitalista, en el que de hecho manda la oligarquía económica. Como escribió Melville: “Benito Cereno es llevado en ataúd tras su verdadero jefe”.
José Antonio González Casanova es catedrático de Derecho Constitucional y escritor
Ilustración de Jordi Duró










Comentario por Durruti
30/10/2009 @ 12:53
Estupendo artículo, sí señor. Espero leerle muchos más.
Comentario por carlos
30/10/2009 @ 13:08
Es una visión, desde luego, y una alegoría de la situación en España.
Pero para ser justos, antes de que la izquierda anticapitalista (ya suena esto a rancio) se ponga a maniobrar, mejor sería aprendiera la terminología naval elemental, porque en España tenemos muchos deseos de un chalet junto al mar, pero poca querencia a navegar con cierta altura después del s XVIII pese a tener tanta costa. Lo nuestro es disfrutar de una temperatura que no nos la hemos ganado cuando lo justo sería que hiciese un frío gélido, ártico.
Y así, comenzar por distinguir babor de estribor para empezar. El PSOE no creo pueda alardear de tener una tripulación muy fiel. En concreto puedo decir, ya que vivo en Andalucía hace tiempo, que aquí tiene unas levas de muchos millones de votantes secuestrados por unas subvenciones de miseria, pero que en el fondo piensan del modo mas reaccionario que se conoce, salvo excepciones. El día que esa tripulación revele realmente cómo es, el caso de Caja Madrid se quedará tamañito.
Aunque el Sr Chaves deposite allí los 70000 euros que tiene de patrimonio.
Comentario por Volker Deutsch
30/10/2009 @ 13:53
Agradezerle sinceramente su valor de escribir este articulo, me resultó iniciatico. Ahora voy a leer el libro.
Comentario por Flucho
30/10/2009 @ 17:59
Excelente artículo. No es frecuente leer este tipo de análisis donde además de reflexionar, enseñan. Al igual que Volker, yo también voy a leer el libro.
Comentario por Teodoro
30/10/2009 @ 20:40
COSAS DE MELVILLE
Puede que todo esté en los libros y desde luego la literatura constituye un mapa completo del mundo, pero en ese mar necesita ser conocido para poder extraer de él su inmensa carga metafórica. Eso ha hecho, para nuestra satisfacción, González Casanova al entresacar entre un piélago de obras justamente esta, escoger esos pasajes de ella, asociar todo esto con la situación española actual.
Y me parece que viene muy bien al caso. Es más, es muy divertido a la vez que profundamente trágico lo que nos desvela. Acaso se nos invita a considerar nuestra realidad más inmediata con los ojos de Melville.¿ No se trata de un rehén que esconde su situación cuando al hacerlo se condena a perpetuarla? La socialdemocracia, la europea, desde luego la española, se pronuncian con retóricos discursos igualitarios y emancipatorios, cuando en realidad están al pié de los caballos del dinero. ¿qué pueden hacer? Ante todo no revelarlo. Y la barca se va.
El final es previsible. Cuando muere, “Benito Cereno es llevado en ataúd tras su verdadero jefe”. ¿Acaso es el único final posible? De éste, más valiera decir, “son cosas de Melville”.
Tal vez nuestro personaje de la realidad nacional hubiera podido ser Bertleby y su “preferiría no hacerlo”.
Gracias González.