Dominio público

Opinión a fondo

Otra agricultura para otro clima

03 Nov 2009
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ESTHER VIVAS

dominio-03-11.jpgEl actual modelo de producción agrícola y ganadero industrial contribuye a profundizar en la crisis ecológica global con un impacto directo en la generación de cambio climático. Aunque a primera vista no lo parezca, la agroindustria es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Así lo ha puesto de relieve la campaña No te comas el mundo, en el marco de las movilizaciones de estos días con motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona sobre cambio climático, previa a la crucial cumbre de Copenhague (COP15) de diciembre, donde debe aprobarse un nuevo tratado que sustituya al de Kyoto.

Según la campaña, entre un 44 y un 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero son provocadas por el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Una cifra que resulta de sumar las emisiones de las actividades estrictamente agrícolas (11-15%), la deforestación (15-18%), el procesamiento, transporte y refrigeración de los alimentos (15-20%) y los residuos orgánicos (3-4%).

Y es que no podemos olvidar los elementos que caracterizan a este sistema de producción de alimentos: intensivo, industrial, kilométrico, deslocalizado y petrodependiente. Veámoslo en detalle.

Intensivo, porque lleva a cabo una sobre-explotación de los suelos y de los recursos naturales que acaba generando la liberación de gases de efecto invernadero por parte de bosques, campos de cultivo y pastos. Al anteponer la productividad al cuidado del medio ambiente y a la regeneración de la tierra, se rompe el equilibrio mediante el cual los suelos capturan y almacenan carbono, contribuyendo a la estabilidad climática.

Industrial, porque consiste en un modelo de producción mecanizado, con uso de agroquímicos, monocultivos, etc. La utilización de grandes tractores para labrar la tierra y procesar la comida contribuye a la liberación de más CO². Los fertilizantes químicos utilizados en la agricultura y en la ganadería moderna generan una importante cantidad de óxido nitroso, una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, la quema de bosques, selvas… para convertirlos en pastos o monocultivos acaba afectando gravemente a la biodiversidad y contribuye a la liberación masiva de carbono.

Kilométrico y petrodependiente, porque se trata de una producción de mercancías deslocalizada en busca de la mano de obra más barata y de la legislación medioambiental más laxa. Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa con el consiguiente impacto medioambiental. Se calcula que, en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos ante una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas, a la vez que consumimos alimentos que provienen de la otra punta del mundo cuando muchos de estos se cultivan también a nivel local.

Este modelo de alimentación kilométrica y viajera, así como el alto uso de agroquímicos derivados del petróleo, implica una fuerte dependencia de los recursos fósiles. En consecuencia, en la medida en que el modelo productivo agrícola y ganadero industrial depende fuertemente del petróleo, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis climática están íntimamente relacionadas.
Pero, a pesar de estos datos, podemos parar el cambio climático, y la agricultura campesina, local y agroecológica –como señala el centro de investigación GRAIN– puede contribuir de forma determinante a ello. Se trata de devolverle a la tierra la materia orgánica que se le ha quitado, después de que la revolución verde haya agotado los suelos con el uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Para hacerlo, hace falta apostar por técnicas agrícolas sostenibles que pueden aumentar gradualmente la materia orgánica de la tierra en un 2% en un periodo de 50 años, restituyendo así el porcentaje eliminado desde la década de los sesenta.

Es necesario apostar por un modelo de producción diversificado, incorporando praderas y abono verde, integrando de nuevo la producción animal en el cultivo agrícola, con árboles y plantas silvestres, así como promoviendo circuitos cortos de comercialización y venta directa en mercados locales. Con estas prácticas, se calcula que sería posible capturar hasta dos tercios del actual exceso de CO² en la atmósfera. El movimiento internacional La Vía Campesina lo tiene claro cuando señala que “la agricultura campesina puede enfriar el planeta”.

Asimismo, hay que denunciar las falsas soluciones del capitalismo verde al cambio climático, como la energía nuclear, los agrocombustibles u otras, así como los lobbies empresariales que buscan mercantilizar el tratado de Copenhague. Desde distintos movimientos sociales se exige justicia climática, frente a los mecanismos de mercado incorporados en el protocolo de Kyoto y que tendrán continuidad en Copenhague. Una justicia climática que debe ir a la par con la justicia social, ligando la lucha contra la crisis ecológica global con el combate contra la crisis económica que afecta a amplios sectores populares, en base a una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Para que el clima no cambie, hay que cambiar el mundo.
Esther Vivas es Autora de Del campo al plato’ (Icaria, 2009)

Ilustración de Enric Jardí

13 comentarios

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  • Comentario por Grouco

    03/11/2009 @ 09:54

    Esta Esther siempre lo clava. Hay que reforzar el anticapitalismo para que no nos vendan la moto con capitalismos verdes ni rollos estilo IU o ICV. El mundo no está en venta y el clima no es una mercancía.

  • Comentario por Álvaro García Corral

    03/11/2009 @ 10:32

    Sin entrar en el debate de los porcentajes que proporciona la autora (consultar el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero), si me gustaría aclarar un par de cuestiones. Los principales gases de efecto invernadero con los que contribuye la agricultura al cambio climático son el metano (ausente en el artículo), que procede fundamentalmente de la digestión entérica de los animales y los residuos líquidos (purines)y el óxido nitroso, que se origina principalmete con el laboreo del terreno. Las emisiones de los fertilizantes químicos y la quema de rastrojos, son en estos casos, poco significativos respecto a las causas anteriores.
    Si no estoy mal informado (de nuevo me remito al Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero), la agricultura en España está cumpliendo con las emisiones de gases de efecto invernadero que se fijaron en el Protocolo de Kyoto. El último dato (2008) cifra las emisiones en un 14,5% y todo ello sin hacer uso del comercio de emisiones ni de los sumideros.
    Asi que dejemos trabajar a la gente del campo, que nos proporciona bienes vitales y centrémonos en las grandes multinacionales que compran sus derechos de emisión para ganar más y más dinero.
    Por último, tampoco estoy muy de acuerdo con el análisis de la huella de carbono que se hace en la producción de alimentos.

  • Comentario por Daniel RC

    03/11/2009 @ 11:07

    Siglo XIX y XX: Vamos demasiado de prisa, no sabemos a donde, pero hay que ir.

    Siglo XXI: Hemos ido demasiado deprisa y ahora ya sabemos que no sabíamos a donde íbamos.

    Siglo XXII: Y eso que ya sabíamos que no sabíamos.

    Innegable: Sócrates fue un genio hace 26 siglos.

  • Comentario por Argonauta

    03/11/2009 @ 12:05

    Genio, Daniel RC. Bravo. Permíteme matizarlo:

    Siglo XVIII a XX. En una encrucijada, elegimos un camino: el delirio de la razón. Recto, siempre adelante. Vamos demasiado deprisa, no sabemos adonde, pero siempre hacia adelante.

    Siglo XXI. Hemos ido demasiado deprisa y ahora (algunos) ya sabemos que no sabíamos adónde íbamos, pero caasi todos, no sabemos volver a la encrucijada para cambiar de camino: al camino lento, el del sentido de pertenencia al Orden natural, y el de elemental humanidad.

    Siglo XXII. La Tierra vuelve a un estado similar al que estuvo hace 65 millones de años, y vuelve a empezar. La vida sigue… sin los hombres. Un experimento fallido de la Naturaleza, que deberá volver a evolucionar a especies que evolucionen al mismo ritmo en su orden moral y en su orden racional.

  • Comentario por Kalo

    03/11/2009 @ 20:30

    ¿Como es posible que el platano sea mas caro en Canarias que en la Peninsula?
    ¿Usando que tipo de transporte se venden los tomates mas baratos en Bilbao que en Tenerife?. Me lo pregunto y no encuentro respuesta.

  • Comentario por Manon

    04/11/2009 @ 01:54

    Garcia Corral, por que no te vuelves a leer el texto de Vivas? Parece que no te has enterado de nada.

  • Comentario por pedro perez

    04/11/2009 @ 08:48

    para Manon,

    ¿podrías especificar qué es lo que no entiendes de lo que ha escrito Alvaro Garcia Corral? creo que sus datos no hacen más que apoyar la columna de Esther Vivas.

    por otro lado, decir que con éste articulo lo ha clavado en mayor o menor medida. Al menos en la intención, porque se pueden mejorar en la exactitud de las cifras.

    Es obvio que el sistema actual de generación y distribución es totalmente insostenible. Debemos ser radicales, y crear directivas en cada pais que fomenten el autoabastecimiento de alimentos (ganadería, agricultura, etc). Distribuir productos frescos, autoctonos, de temporada, etc.

    Pero como siempre, éstos fenomenos vendran impuestos por la naturaleza (mayor escasez de petroleo) que por iniciativa propia.

  • Comentario por Daniel RC

    04/11/2009 @ 09:54

    Argonauta: Comparto algunas de tus matizaciones, pero creo que tu pesonaje del siglo XXII es demasiado místico para mi gusto. La naturaleza no experimenta, a lo sumo ensaya vías, pero dudo que persiga algún fin. También los siglos XVII-XX comparten cierta pátina mística: ¿Por qué hacia adelante? ¿Por qué no hacia arriba o hacia abajo, incluso hacia atrás? En mi opinión en la naturaleza no hay fines, son precisamente esos imaginarios teleológicos (producidos por nuestra ”racionalidad”, es decir, nuestra manera de decodificar el mundo) los que impulsan al ser humano a emprender senderos confusos y, posiblemente, sin retorno para la humanidad (pero no para la naturaleza, como bien apuntas en tu comentario).

    Salud.

  • Comentario por Julio Urruela

    04/11/2009 @ 10:04

    Hola:

    Filosóficamente estoy de acuerdo en casi todo lo que dice la autora; sin embargo creo que los datos bailan. La agricultura en España es causante del 10,5% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, principalmente metano y óxido nitroso. A nivel global creo que rondan el 15%. Los principales causantes de la emisión de gases son el transporte y la generación de energía.

    El principal problema desde mi punto de vista no es el ”pernicioso sistema”, que ha sido moldeado a imagen y semejanza de nuestras necesidades. El problema es que hay una ”perniciosa demanda”, que incluye productos fuera de temporada, productos exóticos, el uso compulsivo del coche (la lata con ruedas cada día), el aire acondicionado… ¿Quién está dispuesto a renunciar a ello en verano? En lugar de eso deberíamos ir todos en bicicleta, tener un huerto, llamarnos Ambrosio y Felisa… Pero la realidad no es esa y debemos partir de ella para plantear soluciones de futuro.

    El sistema alimentario como el resto del sistema es un reflejo de lo que somos; ¿Cuántos de los que han leído este mensaje se toman la molestia de aprovisionarse con productos ecológicos? ¿Cuántos vamos en medios de transporte sostenibles a trabajar cada día? ¿Cuántos podemos pagar el sobrecoste de alimentarnos ”local”?, o directamente, ¿Cuántos tenemos la oportunidad?

    Yo creo que mejor mirar hacia dentro, hacia los modos sostenibles de guiar NUESTRA propia vida, la de cada uno individual. Se que es más fácil y tranquilizador escupir hacia fuera todos los males que llevamos dentro, culpando al sistema y arremetiendo contra todo lo que se mueve… ¡Sin duda nos hace falta ser más creativos, valientes, recios y originales para remodelar nuestros hábitos insostenibles!

    y esto sin entrar en el tema del cambio climático, que es un fenómeno discutible y discutido que tiene desde donde yo estoy sentado, mucho color de lobby. ¿Por qué no centrar los esfuerzos en reducir más los químicos en las aguas, en reforestar los yermos, en limpiar de tóxicos nuestro entorno y nuestros propios cuerpos, en lugar de gastar miles de millones de euros en compensar emisiones de CO2?

    Yo no estoy seguro de que lo estemos haciendo bien. Un saludo a tod@s, ¡con mucho humor!

  • Comentario por GLORIA OYARZUN

    05/11/2009 @ 20:12

    LO LEI Y A MI PARECER EL CAMBIO DE LAS COSTUMBRES EN LA LIMENTACION EN LAS PERSONAS CON MEJOR PODER ADQUISITIVO , ES COMO EL ESLABON PARA QUE SE DEJE DE CONTAMINAR ESTE PLANETA , POR QUE SI LAS CAMPESINAS PUDIERAMOS VENDER NUESTROS PRODUCTOS A LOS RICOS ELLOS SE ALIMENTARIAN BIEN Y NO CONSUMIRIAN TANTA COSA CHATARRA QUE FABRICAN LOS GRANDES MULTINACIONALES DEL PLANETA.

  • Comentario por DANIEL LAGUNAS (MEXICO)

    16/11/2009 @ 19:08

    Excelente articulo, para mi no importan tanto las cifras….. lo que importa es la visión que se le dá al problema de la producción y transporte de alimentos, debemos fomentar cadenas productivas locales y reeducar a nuestros hijos para que provoquen y sigan el cambio; la solución debe ser multifactorial….. debemos comenzar por pensar y actuar en hacer cambios de habitos, costumbres y actitudes….. estoy convencido de que los seres humanos tenemos la capacidad de cambiar y regresar a nuestras raices que impacten lo menos posible al medio ambiente….. saludos

  • Comentario por Álvaro García Corral

    03/02/2010 @ 10:46

    Una pequeña aclaración sobre mi comentario anterior. El 14,5% es el incremento de las emisiones de GEI sobre el año base (2000) del acuerdo alcanzado en el Protocolo de Kyoto.
    Y en relación al comercio de derechos de emisión, he querido destacar la desventaja que todavía tiene la agricultura frente al sector industrial. De momento en Europa, la agricultura no participa en este comercio. Algo, que sin duda, podría ofrecer ingersos extra al campo.

  • Comentario por Álvaro García Corral

    04/02/2010 @ 09:40

    Ya no molesto más, pero me he dado cuenta que me he equivocado con lo del año base. No es el 2000, es el incremento de las emisiones respecto a 1990. Disculpas.

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