Dominio público

Opinión a fondo

Por qué creo que no habrá nuevas elecciones

23 Abr 2016
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Miguel Guillén Burguillos
Politólogo

Todo parece indicar que nos dirigimos hacia unas nuevas elecciones generales, pues desde el pasado 20 de diciembre los diferentes partidos con representación en el Congreso no han llegado a un acuerdo para la investidura del presidente o presidenta del Gobierno. Ha habido de todo desde entonces: sainetes con una supuesta voluntad de llegar a acuerdos como hilo argumental, acusaciones cruzadas (incluso entre partidos que teóricamente estaban negociando un acuerdo), dimisión de un ministro en funciones, etc. El esperpento. Y parece que estamos ya en plena precampaña, a tenor de las declaraciones de los diferentes líderes en los medios de comunicación. Incluso el ministro Montoro se ha permitido el lujo de anunciar que devolverá parte de la paga extra a los funcionarios, en un claro acto de electoralismo. Pues bien, a pesar de todo, yo creo que no habrá nuevas elecciones. Intentaré explicar por qué.

La estrategia del PSOE y sus medios afines desde el pasado 20 de diciembre no ha sido otra que intentar poner en evidencia a Podemos, y particularmente a Pablo Iglesias, culpándoles de la imposibilidad de llegar a un pacto de investidura. Los titulares de diarios como El País han ido en esa línea día sí y día también: la culpa de todo la tiene Pablo Iglesias. El demonio en persona. El origen de estos ataques indiscriminados está claro: el miedo a que Podemos acabe por superar al PSOE en número de votos (e incluso de escaños). El temido sorpasso. Pero tengo la sensación de que “ya no cuela”. Opino que la gente empieza a tener conciencia de que es precisamente el PSOE quien tiene la sartén por el mango, y no Pablo Iglesias, quien ha mostrado desde el primer día su predisposición a formar un gobierno de izquierdas, un auténtico gobierno del cambio.

La gente ha visto cómo Pedro Sánchez ha preferido pactar deprisa y corriendo con Ciudadanos para intentar poner en aprietos a Podemos, cuando alguien que tenga unas mínimas nociones de matemáticas comprobará fácilmente que suman muchos más escaños PSOE, Podemos y sus confluencias, IU y Compromís que no PSOE más Ciudadanos. Y Pedro Sánchez lo sabe, vaya si lo sabe. Pero insiste en proponer a Podemos que se incorpore al acuerdo PSOE-Ciudadanos, cuando la gente sabe perfectamente qué intereses representa el partido de Albert Rivera. Y en Catalunya en particular eso lo sabemos muy bien.

Mientras tanto, Rajoy es fiel a su estilo. Laissez faire, laissez passer. Dejar correr el reloj. Y así nos ha ido en los últimos años: incompetencia absoluta para enfrentarse a los retos importantes, como por ejemplo, sin ir más lejos, las demandas crecientes de independencia en Catalunya o más recientemente la acogida de refugiados en España. Recordemos que Rajoy no tuvo la decencia de someterse a la investidura cuando el rey se lo propuso.

Pues bien, quedan pocos días para que salgamos de dudas. Sabremos si finalmente habrá nuevas elecciones o no. Y aquí entra en escena la posibilidad de que Podemos e Izquierda Unida concurran juntos a los comicios en toda España. Estos últimos días se está hablando mucho de esa posibilidad, y hay quien apunta que las negociaciones ya han comenzado, y que han comenzado bien. Pues bien, si esta posibilidad se transforma en realidad, cosa en absoluto descabellada, el sorpasso al PSOE estaría servido. Y el nerviosismo ya ha se ha instalado en Ferraz. Lo negarán, pero ya se han puesto a temblar. Y ahí está la clave del asunto: o Pedro Sánchez intenta un pacto in extremis con la izquierda (no olvidemos el pacto en el último minuto que tuvo lugar en Catalunya en enero), o puede llevar al PSOE a ser la tercera fuerza en el Congreso. Y recordemos que Susana Díaz tiene el cuchillo entre los dientes desde hace tiempo, y no desaprovechará la más mínima oportunidad para convertirse en la capitana del PSOE. O eso (pactar con Podemos, IU y Compromís y convertirse en presidente del Gobierno), o el abrazo del oso, es decir, pactar con el PP (y con Ciudadanos) y cavar su propia tumba política, provocando una más que probable pasokización del PSOE.

Pero a pesar de todo esto, es muy probable que un servidor esté absolutamente equivocado y que tengamos que volver a votar el 26 de junio. En unos días saldremos de dudas.


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