Más hambre con el cambio climático
Tags: ecología economía política sociedad solidaridadARIANE ARPA
La agricultura es probablemente la actividad humana que más depende del clima. Nuestros abuelos miraban al cielo para calcular el momento de la siembra. Hoy, en Bangladesh, Mohammad Iliasuddin trata de seguir la enseñanza de sus antepasados pero se queja de que “desde hace varios años el clima ya no coincide con lo que esperábamos tradicionalmente”. Un problema similar sufre Florence Madamu, en Uganda, que asegura que “ahora la estación seca es más larga y dura hasta finales de septiembre, y cuando llueve lo hace tan torrencialmente que el agua destruye nuestros cultivos”. La evidencia científica se ha visto confirmada con los testimonios recogidos por Intermón Oxfam en los países donde trabajamos. Y el mensaje es siempre el mismo: con cambios de estación cada vez más impredecibles, lluvias erráticas y torrenciales, sequías más frecuentes y temperaturas extremas, cada vez es más difícil decidir cuándo sembrar o cosechar.
Y es que 150 años enviando gases a la atmósfera han alterado el ritmo de las estaciones y la temperatura del planeta. La ciencia nos dice que será muy difícil evitar un calentamiento de más de dos grados: el umbral hacia un cambio climático catastrófico e irreversible. La opulencia de una minoría tiene un precio demasiado alto e injustamente repartido. En las zonas templadas –donde están la mayoría de países industrializados– los inviernos más suaves y las lluvias más abundantes podrían incluso resultar favorables a la agricultura, al menos por un tiempo. Pero, cuanto más cerca del Ecuador, más acusado y dañino será el impacto.
En las regiones más castigadas las cosechas disminuyen, las plagas y enfermedades se extienden y la falta de agua mata de sed al ganado. Tres de cada cuatro personas que sufren la pobreza viven en estas latitudes y dependen de la agricultura y ganadería para su subsistencia. Los riesgos que enfrentan son demasiado altos, y su capacidad de adaptación, limitada. La producción de cereales en el África Subsahariana, casi carente de sistemas de riego, podría caer a la mitad de aquí a 2080 a causa de la sequía. Mientras, los temporales, cada vez más frecuentes en el sudeste asiático, inundarán muchos arrozales. Según un reciente estudio del Instituto Internacional de Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI), los cultivos de regadío serán los más afectados, entre ellos el arroz, el alimento del que dependen más personas en el mundo. El dato más alarmante es que 25 millones de niños más sufrirán malnutrición en 2050.
La combinación de peores cosechas y más población conducirá a nuevas subidas abruptas de precios en el futuro. ¿Cómo alimentar al mundo en el año 2050? Con más de 9.000 millones de personas, la mayoría en zonas muy castigadas por los cambios en el clima, el reto parece inmenso. Aunque contamos con los medios para hacerle frente sin necesidad de esperar que se produzcan avances científicos milagrosos. Es el momento de impulsar la agricultura familiar, las semillas locales y los métodos tradicionales de producción, más resistentes a los cambios. También se necesitan nuevas tecnologías, pero que respondan a las verdaderas necesidades de los campesinos y campesinas. Una de las claves consistirá en desarrollar variedades que produzcan razonablemente bien en un amplio rango de condiciones climáticas, en lugar de concentrarse en variedades altamente productivas pero que sólo funcionan en condiciones óptimas. Con métodos agrícolas más sostenibles, además, se reducirán significativamente las emisiones provenientes del cambio de uso del suelo o por el uso intensivo de fertilizantes nitrogenados.
Nuestros países ya se están preparando. Desde hace tiempo contamos con extensas redes meteorológicas y sofisticados modelos que reproducen el crecimiento de los cultivos en diferentes escenarios climáticos. Mientras, para el mundo en desarrollo, los 7.000 millones de dólares anuales que se necesitarían para adaptar la producción al clima están fuera de su alcance. Por eso necesitan apoyo. Por eso y porque además es lo justo. No son los causantes del problema –las tres cuartas partes de los gases en la atmósfera proceden de los países ricos–, pero están siendo los primeros en sufrirlo.
La financiación va a ser uno de los principales escollos a salvar en las negociaciones sobre el clima. Además de reducir primero y de manera profunda sus propias emisiones, los países ricos deben ayudar a los países en desarrollo para que crezcan de forma menos contaminante que nosotros. Y también a adaptarse a los cambios ya inevitables. El 0,1% de la riqueza del mundo industrializado sería suficiente para proteger a los países en desarrollo de las consecuencias futuras del cambio climático y asegurar un mañana más próspero, estable y seguro para todos. Pero hasta ahora el compromiso es mínimo, y los pocos pasos que se están dando pretenden obtener estos recursos de los fondos ya comprometidos para ayuda al desarrollo.
La semana pasada asistimos en Roma a una deslucida cumbre mundial sobre la alimentación. Mientras el contador de personas hambrientas supera por primera vez los mil millones –una de cada seis personas en el mundo ve violado su derecho a la alimentación–, la ausencia de los líderes de los países ricos ha demostrado una total falta de compromiso y ambición. El Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir el hambre a la mitad para 2015 parece cada vez más lejano, y se hace urgente ya definir un plan de rescate si queremos evitar el fracaso.
En diciembre, en Copenhague, tenemos la oportunidad de alcanzar las bases para un nuevo acuerdo mundial sobre el clima que sea justo y seguro. Pero el tiempo apremia. Una parte del éxito de este acuerdo se medirá en los compromisos de reducción de emisiones y en los fondos a disposición de los países en desarrollo. Pero el verdadero éxito o fracaso se contará en vidas humanas.
Por todo ello exigimos a nuestros gobernantes que actúen ya.
Ariane Arpa es directora general de Intermón Oxfam
Ilustración de Enric Jardí








Comentario por Augusto
23/11/2009 @ 17:35
La ausencia de comentarios a este artículo (a las 17.30 hs.)es una señal más de la falta de interés que existe por este problema, sin duda el más grave con el nos enfrentamos en el siglo XXI. Nos interesa poco a todos: a los que comemos tres veces al día y a los gobernantes, a quienes los esfuerzos por solucionar este problema no les aseguran votos. Más bien acusaciones por ocuparse de problemas ajenos mientras hay necesidades en su propio país. La estupidez de siempre, sólo que en este caso es además criminal.
Comentario por brantos
23/11/2009 @ 20:27
La estupidez colectiva en la que estamos todos es la dificultad en entender que el hambre, el cambio climatico, la crisis económica o la inmigración entre continentes tienen que ver con el mismo problema: el capitalismo. La respuesta debe ser global al sistema aunque las soluciones serán, como no puede ser de otro modo, particulares y específicas de cada problema pero teniendo en cuenta el conjunto. Arreglar el hambre en el mundo sin tocar las cadenas de distribución y el modelo social producto de la concentracion de la producción agricola, por poner un ejemplo, son consustanciales a abordar un cambio personal y estructural de más calado. La gente morirá porque no se ha conseguido asociar hambre con el precio de la bolsa de la compra.
Comentario por Majura
23/11/2009 @ 21:20
Augusto, tienes razón: leo encarecidamente los comunicados de Ariane y todos los relacionados con la solidaridad y justicia social (de hecho este lo leí recién levantada, mientras desayunaba). Estoy de acuerdo con ella, no tengo nada que aportar… pero tienes razón, al menos habría que dejar algo escrito para que quede constancia de que sí que existe interés, que las palabras de Ariane no caen en saco roto.
Pero también matizaría: lo que hacemos más bien es predicar a los convencidos.
Un abrazo.
Comentario por Esporádico
24/11/2009 @ 00:56
Sois unos sinvergüenzas.
Mezclar el tongo climático con los problemas alimentarios es una, al menos, tomadura de pelo.
Insinuar aberrantes neomalthusianismos a estas alturas hace parecer que os gusten los postulados de los chalados de la OPT (Optimum Population Trust).
Por supuesto, de derechos de propiedad, libre comercio, estados de derecho etc, ni hablar. Para qué aplicar para estos pobreticos lo que a lo largo de toda a solucionado el hambtre de miles de millones de personas.
Y vuestra campaña de márketing directo a puerta fría es asquerosa, las indicaciones que dáis a los chavalines que van casa por casa (¿no te interesa Intermon? ¿Entonces, no te importa que los niños mueran de hambre?), sencillamente repugnante.
Gracias a gente como vosotros, los timadores del cambio climático, los mantenedores de miseria, es por lo que mucha más, no menos gente, pasa hambre; por los que hacéis las cosas equivocadas y propagáis los mensajes y las soluciones erróneas, a veces, mortales.
Artículos falaces, mentirosos y maniqueos como este no hacen sino más daño.
Saludos. E.
Comentario por Esporádico
24/11/2009 @ 00:57
Erratas y pérdidas:
”a lo largo de toda la historia ha solucionado el hambre”