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Opinión a fondo

Vistalegre II: cambio de ciclo en Podemos

15 Feb 2017
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Roberto Uriarte Torrealday
Profesor de Derecho Constitucional, ex-secretario general de Podemos Euskadi

Vistalegre II marca un antes y un después en Podemos que ha pasado desapercibido para los medios, más interesados en su mayoría en alentar el “culebrón” de la relaciones personales entre el secretario general y quien era su número dos que en entender las líneas maestras de cómo va madurando la organización.

Los medios en general no han sabido explicar un proceso complejo en el que han participado más de 150.000 personas, algo insólito en los partidos europeos, y sólo comparable a las primarias presidenciales americanas. Pero claro, allí se decide el presidente y aquí se decidían cosas en las que no parece tan claro que el ciudadano de a pie tenga interés, incluida una votación previa en la que se votaba cómo se iba a votar.

No sólo los medios, sino que incluso los líderes de Podemos repetían ese eslogan políticamente correcto de que los partidos tienen que dejar de mirarse al ombligo y hablar más de política. Es una eslogan falaz. Como bien sabe el feminismo, política no son sólo ideas y programas, es decir, palabras dichas o escritas.

Política son también praxis, formas de hacer, comportamientos. Y uno de los principales problemas de la democracia reside en la dificultad de que sus actores, los partidos y otras organizaciones, respeten internamente las exigencias del proceso democrático.

Afortunadamente, esas 150.000 personas se han tomado la molestia no sólo de elegir entre los discursos, es decir, entre palabras, sino también de mirar hacia adentro y ver cómo se puede limpiar la casa. Y han decidido rectificar muchas cosas importantes.

Lo primero que han decidido es enterrar la vieja forma en la que votaban, las listas-plancha de Vistalegre I, de resultados funestos, e introducir un sistema electoral de listas abiertas y preferencias ordenadas con método Borda, que permite a cada elector seleccionar como máximo un total de personas equivalente al número de puestos a cubrir, pinchando una a una de cualquiera de las listas que se presentan y jerarquizando las preferencias entre ellas.

El resultado es una dirección en la que se integran miembros de las tres candidaturas principales, frente a lo que antes era un consejo monocolor. La segunda es que la militancia no compra la apuesta unánime de los medios y de los partidos rivales a favor del segundo de abordo, Errejón, que ni siquiera es el segundo más valorado, sino el tercero, por detrásde Echenique.

La tercera y aún más sorpresiva es que esa misma militancia rechaza la lista pactada por las tres candidaturas grandes para la Comisión de garantías, el tribunal interno; y decide premiar a pequeños candidatos independientes. Con buen criterio, las bases rechazan el sistema de cuotas que se usa para conformar los órganos independientes delEstado, en evidente fraude de ley.

Y vamos con las decisiones políticas de puertas para afuera. Los documentos políticos de las tres propuestas mayores tenían muchos elementos en común. Al menos en la letra, aunque la mayoría de los analistas consideraban que, aunque no lo dijera claramente, el documento de Errejón sembraba dudas sobre las dos decisiones adoptadas por las bases: rechazo al pacto PSOE-Ciudadanos y apoyo a la confluencia en Unidos Podemos.

El documento de Iglesias sostenía claramente esas decisiones, pero era autocrítico con las rutinas y dinámicas organizativas instauradas en Vistalegre I: la estrategia populista de guerra de posiciones desde un partido jerárquico y centralizado,concebido como máquina de guerra electoral capaz de sacrificar casi todo al objetivo de obtener resultados electorales, es cuestionada por el documento de Iglesias.

De hecho, se apuesta por abandonar esa estrategia radicalmente populista diseñada por Errejón y se acerca más a los planteamientos de Monedero, al entender que las elecciones generales han cerrado la ventana de oportunidad para las estrategias cortoplacistas y que a partir de ahora se entra en un ciclo nuevo en el que Podemos debe abandonar una política basada casi exclusivamente en elementos retóricos y discursivos vinculados al populismo y transmitidos por un pequeño “núcleo irradiador” de élite, experto en el manejo de la comunicación política y debe decantarse por estrategias de más largo recorrido y más basadas en contenidos programáticos.

La nueva dirección tiene menos expertos en redes y más pesos pesados de la política. Hacía falta.

En resumen, considero que la participación de más de 150.000 personas en un proceso decisorio complejo es en sí misma un elemento importante, pero que lo es aún más porque ha supuesto un ejercicio de inteligencia colectiva, en el que se ha decidido hacer una autocrítica importante de los pelos dejados en la gatera para conseguir crecer como la espuma en un tiempo récord y cerrar el ciclo del momento populista de oportunidad.

Y se ha decidido también desarmar la máquina de guerra electoral concentrada en las oficinas madrileñas de la calle Princesa y empezar a construir una organización de masas basada en criterios de unidad popular y pegada a los territorios y en la que la participación debe primar sobre la representación.

La militancia decide, pues, cerrar el ciclo de Vistalegre I, un ciclo cuyos modus operandi resultaban incompatibles con un criterio fuerte de democracia y que excluyó a importantes sectores en el ciclo entre ambos congresos, como el de Echenique y los anticapitalistas, con posteriores dimisiones como las de Monedero o la dirección vasca, que pedían una rectificación que afortunadamente se emprendió con elcese por malas prácticas del secretario de organización Pascual y con la encomienda de laorganización al otro Pablo que había sido rival de Iglesias en Vistalegre I.

Vistalegre II ha supuesto también un plante de la militancia frente al intento casi unánime de los medios de convertir al número dos en número uno y de hecho lo ha relegado en valoración a un tercer lugar, por detrás de Echenique. Por último, ha enmendado la plana a todos los líderes y sectores, al rechazar que los tribunales internos se plieguen a cuotas de afinidad política.

Todo un ejemplo de inteligencia colectiva, abortando desde los intentos de manipulación de los medios para alterar el liderazgo, hasta las malas prácticas comúnmente aceptadas en cuestión de órganos independientes.

Ahora sólo queda ver hasta qué punto quienes tienen cargos en Podemos son capaces de ir abandonando viejas prácticas y escuchar la voz de las bases y empezar a poner en práctica lo que proclaman: “mandar obedeciendo”.


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