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Opinión a fondo

Musulmanes: Una necesaria autocrítica

24 Ago 2017
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Javier López Astilleros
Historiador

Hoy en día los musulmanes lo tenemos realmente difícil. No digamos los de adscripción hispana, que hemos de soportar sospechosos vacíos sociales y dificultades de todo tipo. ¿Qué interés tiene una religión que causa tantos conflictos en el mundo, y que es incapaz de separar la esfera pública de la privada?, dicen.

De nada sirve que se explique que más del 80% de los atentados se producen contra los musulmanes. Tampoco vale que disertes sobre la desgraciada historia de los últimos 150 años, cuando se iniciaron las despiadadas guerras y colonizaciones que tan poco aportaron y aportan.

Nada de eso es relevante. Estos días pasados se ha levantado, entre sectores radicales como Hogar Social, la caza al moro, mientras que los palmeros del no sé qué digital se explayan con aire de suficiencia señalando al sempiterno enemigo: el moro.

Pero nosotros nos quedamos con las reacciones de innumerables asociaciones islámicas después del desastre. Sabemos que un atentado en las Ramblas es atacar el corazón mismo de una humanidad ociosa, en el corazón de una generosa ciudad, y que reúne la esencia del Mediterráneo.

Tal vez esta desdicha sirva para algo capital entre los musulmanes y para los enquistados dirigentes de las entidades representativas del país: la crítica o el examen de conciencia. En efecto, este atentado puede ser el inicio de esta sana práctica a la que no estamos muy acostumbrados los musulmanes de nuestro país.

¿Dónde está la clave para entender lo que está sucediendo?. Podríamos hablar de una ideología con supuestos fines morales, y que ha laminado el sunismo hasta hacerlo irreconocible.

En efecto, el salafismo en todas sus manifestaciones blandas o duras, y el wahabismo-sin bien no son lo mismo- han causado un destrozo casi irreparable desde que surgieron, hace ya dos centurias.

Ya no se puede ocultar que esta es la piedra angular sobre la los terroristas construyen su relato mitológico de pureza de fe, y que actúa como un extraño totalitarismo en la muy fructífera historia política y social del Islam, en tantos y tantos lugares del mundo.

¿Son los salafistas violentos confesos el coco, dispuestos a devorar a nuestros hijos?: Desde luego que sí. Ahora bien; ¿y aquellos, especialmente magrebíes, que han recibido el impacto del salafismo, prácticamente sin saberlo, y asimilan como propias visiones que nada tienen que ver con su tradición religiosa?. No vamos a negarlo. Los reconocerás porque rechazan la música, las artes, las ciencias, y otras disciplinas más.  Esta visión del mundo muestra la estrechez de quien considera que representan una desviación del Islam puro. He conocido a bastantes individuos que piensan así. Por no hablar de la teosofía, tan propia del mundo shi’a-sufi. Una auténtica herejía que muchos musulmanes no se atreven ni a mentar, como si fuera la peste.

Tengo la sensación de que cada atentado cuestiona a la comunidad musulmana en España, pero también a la propia Europa y EEUU, tan acostumbrados a bailar “Paquito el chocolatero” con el Saud de turno. Hay intereses, sí. Pero no son nuestros intereses. Son los de otros, los de ciertas empresas y consorcios.

En definitiva, es necesario cuestionarnos por la facilidad con la encajan mensajes salafistas una parte de mi comunidad. Preocupa a muchos gobiernos del norte de África. El mensaje del musulmán agraviado es muy eficaz. Apela a una moral precisa. No se trata de una ideología política con el objetivo de instaurar un orden determinado de explotación económica o social, sino exclusivamente “moral”, y he ahí lo asombroso. No es una revuelta social, pidiendo derechos. Se trata de algo diferente. De la pureza de la doctrina, de la iluminación de unos pocos que se sienten con poder, respaldo, apoyados en multitud de lugares, con una buena maquinaria de propaganda y con un “objetivo noble y elevado” en la vida por lo que luchar.

Para un extremista, “Occidente”-¿qué Occidente?- vive envuelto en la depravación sexual, la hipocresía, y la opresión. Se consideran moralmente superiores. Son los custodios de la última revelación. Y gozan del favor de Allah. Esto es exactamente así. Occidente está corrupto y decadente. Vemos que sus consignas son maximalistas, muy eficaces por simples. Efectistas y profundamente reactiva, muy bien dirigida por medios en las redes y alguna televisión.

A todo este despropósito contribuyen empresas con intereses muy precisos, y si me pones, hasta equipos de fútbol, patrocinados por Estados infames del Golfo.

Lejos de obviar la realidad- las invasiones en nombre de la democracia neoliberal y criminal- bien haríamos por dejar de acusar a los otros, señalarlos, o restar importancia al extremismo que sí se da, aunque sean una minoría algo numerosa.

La pregunta es ¿cómo paliar este enorme desbarajuste de antenas parabólicas, imames procedentes de zonas rurales que no saben ni hablar el español, o los cambalaches de las empresas españolas con los chicos del yate y el turbante?. Hace falta coherencia. Por ejemplo, dar más visados a refugiados de guerra y menos a predicadores extremistas. ¿Cómo es posible que en Cataluña una de cada tres mezquitas sean de adscripción salafista?. Vamos a despertar de esta pesadilla y mirarnos al espejo.


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