Opinion · Dominio público

El futuro de España

Jorge Moruno

 Danzi Sociólogo y escritor

Jorge Moruno Danzi
Sociólogo y escritor

1) Hace unos días el Congreso de los Diputados se convirtió por momentos en algo más parecido al fondo sur, cuando al grito de “¡No volváis!” algunos diputados del PP increpaban a los de ERC mientras abandonaban el pleno tras conocer las detenciones a miembros del Govern. Es verdad que en el fondo sur son menos finos cuando berrean eso de, “no sois españoles, sois hijos de puta”, pero formas aparte, les conecta cierto hilo subterráneo y comparten un mismo enfoque aunque en grados distintos: al mismo tiempo que te expulso de la comunidad España, “no sois”, “no volváis”, te obligo a permanecer en ella contra tu voluntad. No te quiero pero te vas a joder y te vas a quedar. Esta lógica del maltratador es incapaz de sumar voluntades y de agregar diferencias, solo pervive en tanto y cuanto puede señalar como enemigo a una parte de su propia población. Son un peligro. Molesta la realidad plurinacional de España, es decir, molesta la diversidad, molesta la España real con su gente.

2) Lo democrático no está en las urnas, tampoco en la forma referéndum, Franco los hacía, los repertorios, como la cacerolada, pueden tener distintos usos y significados, al igual que las palabras. Lo democrático está en aquello que lo impulsa, que no es otra cosa que una amplia y repetida voluntad mayoritaria de los catalanes por decidir. Lo antidemocrático aquí no es la aplicación de la ley –suponiendo que esto se hace sin irregularidades-, sino la negación política a cambiar la ley, haciendo de la Constitución una finalidad en lugar de un medio que sirve para regular la convivencia. Resulta preocupante que hablen de democracia, ley y acusen de golpe de estado, quienes desprecian a la primera, se saltan la segunda y nunca condenaron el tercero. Todo son golpes de estado menos los golpes de estado y todos son fascistas menos cuando salen a la calle los fascistas. Quieren hacernos creer que ahora la ley puede resolver los conflictos políticos, cuando la ley como tal, es siempre un resultado que regula los conflictos en la sociedad. No solo es inútil, es negligente.

3) Lo importante de lo que suceda en los próximos días no es tanto la finalidad, un referéndum vinculante que posiblemente no tendrá dicho efecto, sino el medio, o mejor dicho, lo que puede llegar a pasar en medio de ese proceso de movilización. Un proceso de desobediencia que nadie sabe cómo empieza y dónde acaba, que de ser realmente desbordante debería también, además del Estado, desbordar al propio independentismo. Superando los propios límites del independentismo, podría pasar de ser “un pueblo” a construirse como “el pueblo”. La represión y lógica de excepcionalidad están trabajando en ello. A estas alturas frenar el 1-0 puede ser lo de menos. España necesita retomar la dimensión constituyente si pretende dar respuestas a las nuevas problemáticas que la actual Constitución no resuelve.

4) Estas semanas nos jugamos el futuro inmediato de España. Sin embargo, el desafío no es el 1-O sino la aceleración de un proceso de recentralización del Estado, acompañado de un relato cultural que lo sustenta. Este cierre erdogánico lleva en marcha una década y al margen de lo que quiera pensarse, es indisociable del proyecto social de la precariedad y erosión del bienestar. No hay proyecto de país a la vista que contemple pactar con la sociedad, no están pensando en un diseño modernizador de lo existente, sino en su involución autoritaria. La actitud del PP es una expresión de su incapacidad para dar soluciones políticas. Todo lo que toleremos hacer al Estado en Catalunya se convertirá en una práctica y una forma de intervenir en todo el país. El PP es un boomerang que le golpea de lleno a España. Los demócratas estamos condenados a entendernos y a buscar puntos de encuentro. La solución democrática en Catalunya es una oportunidad para asentar la España plurinacional y con ella los derechos sociales. El PSOE tiene que decidir si se acerca a la vía democrática o queda atrapado por el cierre erdogánico del PP.

5) En democracia, -algo que suele olvidarse-, analizar un hecho o una situación no es sinónimo de justificarla, y defender que algo pueda ser expresado no es comulgar con lo expresado. Aunque no quiera que se independice, defiendo como algo positivo que en Catalunya puedan votar. Paradójicamente, la consecuencia de la política negacionista del PP ha sido el aumento del apoyo independentista, y al revés, un gobierno con la firme voluntad de dialogar y buscar una solución democrática y dialogada, lo reduce. Un país donde nadie quiera marcharse porque a nadie se le obliga a quedarse. Es fácil de ver, es fácil de comprender, la respuesta a un problema complejo suele ser la solución más simple.