Dominio público

Opinión a fondo

Hacer increíble la verdad

04 Nov 2017
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Jorge Moruno
Sociólogo y escritor

Saquemos la cabeza de Catalunya por un momento para tratar una de las cuestiones que afectan a los sistemas de trabajo europeos: el autoempleo. Hay que lanzarse a emprender, atrévete a asumir riesgos y afrontar con valentía e ilusión el futuro laboral, porque el trabajo del futuro es la carrera de tu vida. Este es el relato épico oficial, pero veamos un poco más a fondo qué supone esta realidad en el escenario europeo, para luego constatar que conocerlo no se traduce en un efecto político.

La proporción europea de autoempleados supone el 14,9% del total en 2015, la mayoría hombres y sin trabajadores. Los estudios de Eurofound indican un aumento de los autoempleados sin trabajadores, ascendiendo al 10,7% del total de trabajadores en 2015. La media de trabajo a la semana de los autoempleados es mayor que la de los empleados, en España con más de 8 horas de diferencia y más de la mitad supera los 5 días de trabajo a la semana. También es más alta la probabilidad entre los autoempleados, de trabajar los fines de semana y en turno de noche así como ejercer trabajos “atípicos”.

El riesgo de pobreza al que se exponen los autoempleados a tiempo completo, es 3,5 veces más alto que el que tienen los empleados a tiempo completo. En España el conjunto de los autoempleados tienen un 25% de riesgo de pobreza, se constata así la relación entre aumento del autoempleo y aumento de la pobreza laboral. El autoempleo crece cuando el ciclo económico viene mal dado y decrece en tiempos de bonanza, en Grecia suponen el 31%. Casi la mitad de los autoempleados en la EU28, indican que no cuentan con seguridad financiera en caso de enfermedad, cifra que aumenta al 75% en Grecia.

Es una consecuencia derivada de un mercado laboral fragmentado sometido a la competitividad, e incapaz de absorber por la vía del empleo estable y el ingreso suficiente a la población. En la descomposición del sistema de trabajo centrado en el empleo, proliferan figuras laborales que conforma el archipiélago precario, falsos autónomos, temporales, becarias, freelance, prácticas, que habitan en la incertidumbre sujetos a las contingencias. Se apuesta por buscar soluciones individuales a lo que son problemas estructurales, pues no solo donde hay más precariedad hay más autoempleo, también donde hay más autoempleo suele haber más precariedad. Desde el inicio de la crisis se ha dado un aumento de los trabajadores autoempleados, sobre todo en países como Grecia o España.

Al margen de los datos, en esta realidad debe prestarse también atención a los cambios subjetivos, imaginarios e identidades, que no pueden ignorarse ni filtrarse a través de un esquema prediseñado. No hay plantillas revolucionarias y por mucho que se repitan los datos o se denuncie la desigualdad, por sí solos no hacen política, no pueden interpelar ni generar identificación. Los datos no sirven políticamente cuando no son capaces de apoyarse en un terreno y una aspiración deseable, esto es, en un sustrato desde donde proyectar un otro distinto, cosa que sí hace la épica empresarial animándote a no conformarte con lo que eres cuando puedes ser mejor: deseo de ser otro, que también podría ser deseo por dejar de ser clase, emanciparse del trabajo.

En las identidades, también la que ensalza al consumismo y la primacía del mercado, el apego y la adhesión nunca se producen de una forma plenamente consciente, por lo que desmontar una identidad para levantar otra, nunca se hace de forma del todo consciente. De hecho, toda identidad y toda gramática –el conjunto de reglas que nos permiten dar sentido a las cosas-necesita ser en cierto modo impermeable a los argumentos racionales, dado que su principal ingrediente es la emoción (no en general sino enraizada en una realidad concreta). Captar y hacerse cargo de ese deseo por ser otro para construir otra sociedad, es una tarea política que funciona la inversa de lo que parece, porque “para que nos crean, debemos hacer increíble la verdad” (Napoleón).


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