Lecciones de Catalunya

Jorge Moruno

Sociólogo y escritor 

Jorge Moruno
Sociólogo y escritor 

Los que acarician la ilusión que sería posible inducir a la multitud o a los hombres divididos por los negocios públicos, a vivir según la disciplina exclusiva de la razón, sueñan con la edad de oro o con un cuento de hadas.
(Baruch Spinoza)

Hace poco se publicaba una encuesta elaborada por el GESOP, en donde se mostraba que dos tercios de la población catalana se sentía de izquierda o de centro izquierda (67,9%). Hoy observamos que los dos partidos que más votos han sumado, Ciutadans por una parte y Junts pel Catalunya por otra, acumulan entre los dos el 47% de los votos emitidos en las últimas elecciones, exactamente el mismo porcentaje que suman quienes de algún modo u otro se reclaman o asocian a la izquierda. Podría pensarse que ambas cosas se contradicen, pues no  puede existir una mayoría que se reclama de izquierdas si luego se vota mayoritariamente a partidos de derechas, ergo, menudo “cacao mental” tienen que no saben ni lo que sienten. La tarea política, por lo tanto, sería la de aclarar esa confusión. Este razonamiento funciona partiendo de una premisa que ya tiene escrita una conclusión, una en donde se puede traducir mecánicamente lo expresado con lo votado. La política, sin embargo, es más compleja y se parece más a las matemáticas superiores que a las matemáticas simples (Lenin).

Si algo ha dejado claro estas elecciones catalanas es que nunca existió tal cosa como un “sol poble”. Catalunya también es plurinacional. Los resultados de las elecciones catalanas no nos indican que el procés sea hoy más de derechas, como tampoco que ayer fuera más de izquierdas. Algo parecido podemos observar con el resultado de Arrimadas en los grandes centros urbanos; no son más de derechas hoy que de izquierdas eran ayer votando a Ada Colau o Podemos. En unas elecciones importa la disputa por cuál es la pregunta que define la votación. La pregunta en las elecciones no era izquierda-derecha-, sino otra distinta, ¿cuál es la mejor opción para afrontar unas elecciones post 155 tras años de procés? Tanto Puigdemont como Arrimadas han representado el voto seguro. El voto que ofrece la certeza, cualquiera que esta sea. El primero representa al legítimo rey que ha sido depuesto por las fuerzas invasoras, por lo que su restitución se convierte una cuestión de honor colectivo. La segunda se inviste de Juana de Arco populista, la valiente que rompe tabús y se atreve a plantarle cara a quienes se creen que están por encima de la ley. Ambos han logrado convertirse en la voz autorizada que da valor al contenido de lo que afirman, proyectando así, al igual que rey del inmueble en American Beauty sobre Carolyn, una imagen de éxito y aspiracional. El quién antecede al qué, o dicho de otra forma, es preferible decir tonterías pero proyectarse como alguien con autoridad, que decir cosas muy coherentes sin un lugar respetado desde donde anunciarlas. La imagen percibida es discurso, todavía más en la economía de la atención.

Sean o no lo sean, lo cual es políticamente indiferente, ni Puigdemont ni Arrimadas, aparentan o son percibidos como personas de derechas, lo cual es perfectamente compatible con aplicar políticas de derechas. La mentira no se combate con la verdad, se combate instalando enfoque diferente desde donde imaginar las cosas, nunca alertando de lo que otros vendrían a ser. El coaching de la autoafirmación conduce al retorno resistencialista que reivindica a la razón frente a las pasiones. Sin embargo, las pasiones y la identidad no son obstáculos para la práctica política, más bien son constitutivos de la misma. Negarlas es negar la propia política.

Ante una posible crisis en el campo conservador, solo ampliando el foco para que la cuestión catalana se integre dentro de una perspectiva española –y la europea como trasfondo-, pueden modificarse las orientaciones y el clima instalado. Tomar la iniciativa constituyente y encuadrar el agotamiento del modelo territorial actual, cuyo principal síntoma es Catalunya, pero no solo, junto con la financiación autonómica, la autonomía municipal, la brecha de la desigualdad, de género y ecológica, para ofrecer una posibilidad imaginada, deseada y convincente de una España mejor. Recuperar ese “mojo” pasa por recuperar la mirada: de afuera hacia adentro, nunca al revés. Una pregunta abierta en lugar de una respuesta cerrada. Parece una tontería, pero el orden de los factores en la suma política, sí que altera el producto final.